miércoles, 27 de marzo de 2013

A 37 años del inicio de la noche neoliberal

por Ernesto Mattos
Marzo de 2013

Cada 24 de marzo representa un momento para que la memoria colectiva se reactive con el presente. Un presente diferente, lejos de los inicios de la noche Neoliberal. En aquellos días de marzo de 1976, tras un golpe de Estado, la dictadura cívico-militar iniciaba el denominado Proceso de Reorganización Nacional (PRN).

Vayamos reactivando la memoria. ¿Era un nombre casual el de PRN? No, como nada es casualidad en la historia, este nombre que asumió la dictadura cívico militar en 1976 tiene mucho que ver, en lo económico, con la generación del 80´, conocida por su Modelo Agroexportador (1880-1930) que se consolida tras el Proceso de Organización Nacional (1853-1880). El PON se caracterizó por la línea Mitre-Avellaneda-Sarmiento de empréstitos [Mitre financia la invasión al Paraguay (1865-70) tomando un empréstito de la Baring Brother], capital extranjero y exportación de materias primas. El gaucho pasó a constituir parte del naciente proletariado argentino, luego de años de fortín, perseguido y entregado al servicio de los centralistas porteños y su proyecto económico. El período del PON dejó atrás los tiempos de Rosas, como dice el Martín Fierro:

Supo todo el comandante
y me llamó al otro día,
diciéndome que quería
averiguar bien las cosas,
que no era el tiempo de Rosas,
que aura a naides se debía.

El proyecto de país del PON se basaba en la mano de obra explotada y que estaba escasamente organizada, el desarrollo industrial era más una consecuencia indirecta que una política de Estado, un contraejemplo era la experiencia de Estados Unidos que fomentaba su desarrollo industrial en base al mercado interno. Como diría J.W. Cooke, para entender la historia argentina hay que comprender como “se pasa de la lanza al sindicato”. Una vez que podamos comprender la constitución de los sindicatos en la Argentina y su fuerza y aporte en la planificación económica del país entre 1945-1955 y luego entre 1973-1976, comprenderemos por qué la dictadura cívico militar de 1976 apuntó en el plano económico a desmantelar las bases del esquema sustitutivo de importación (1930-1976). Por todo esto, no es casual el nombre adoptado, pero se agrega un detalle, en medio del PON se funda la Sociedad Rural Argentina (SRA) en 1866 y que entre sus fundadores se encontraba un apellido que nos sonaría familiar para los días del golpe de 1976: Martínez de Hoz, quien seria el padre de “Joe”. La SRA tiene el siguiente lema: cultivar el suelo es servir a la patria. Con la asunción de Joe en la cartera económica de la dictadura cívico-militar se volvió a las fuentes, que es “cultivar el suelo es servir a la patria” y se le sumaría “endeudar al país es servir a la patria” y “desmantelar la industria y explotar y desaparecer a los trabajadores es servir a la patria”. Y esos objetivos/lemas se fueron cumpliendo entre 1976-1982.
Una síntesis de este periodo es la que aportan Martín Schorr y Daniel Azpiazu en “Hecho en Argentina. Industria y economía, 1976-2007”. Las políticas implementadas a sangre y fuego por la última dictadura militar determinaron el tránsito de una sociedad articulada en torno al crecimiento industrial a otra basada en un ajuste estructural regresivo con una clara hegemonía financiera. Podríamos decir una hegemonía agro-financiera que modificó la estructura productiva del país. En el período de 1973-1976 la deuda externa fue de u$s 8.899 millones; mientras que en el periodo 1976-1983 alcanzó los u$s 45.087 millones. Entonces, en 1976 cada argentino debía u$s 386, luego de los planes económicos de Joe, la deuda percápita, en 1983, alcanzó los u$s 1.669, lo que significó un incremento del 432% percápita en las espaldas de los trabajadores. Si comparamos el monto de la deuda externa con la fuga de capitales (que fue de u$s 35.000 millones) del período, esta representa el 77% de lo que se debía. Esto es lo que caracterizaba a la patria agro-financiera, a la cual el FMI le otorgó, el mayor crédito otorgado a un país latinoamericano, unos u$s 226 millones. No obstante, los sectores industriales que el Estado protegía a través de medidas arancelarias a la importación, se vieron desprotegidos, la evolución de los aranceles pasaron del 50%, promedio, al 20%, entre 1976 y 1980; el resultado de este medida fue el cierre de más de 20.000 establecimiento fabriles (Schorr y Basualdo, 2010). Se reduce la participación de los trabajadores en el ingreso nacional del 45% al 27% entre 1974 y 1983. El coeficiente de Gini (mide la desigualdad de ingresos) pasa del 0,366 a 0,410 entre 1975 y 1980. Estas fueron las consecuencias del denominado Proceso de Reorganización Nacional que tiene las mismas bases que el proceso iniciado por Mitre-Avellaneda-Sarmiento-Roca. Y que en ambos implicó la sistemática explotación de la clase trabajadora, el endeudamiento y la desindustrialización, pero con el aditivo de desaparecer y torturar al conjunto del pueblo, para instaurar su añorado modelo agro-financiero-exportador, que significo el inicio de la noche del neoliberalismo.

El Terrorismo de Estado. Distribución de desaparecidos según profesión u ocupación

Obreros 30%

Estudiantes 21%

Empleados 17,8%

Profesionales 10,7%

Docentes 5,7%

Conscriptos y personal subalterno de las Fuerzas de Seguridad 2,5%

Amas de casa 3,8%











Revisionismo histórico o historia oficial universitaria

por Aritz Recalde
Marzo 2013

Los profesores de las Universidades argentinas, siguen enseñando una historia de la Educación Superior que no es objetiva, sino que por el contario, es una “política de la historia”. A ese relato lo llamaremos “historia oficial” y se escribió por intelectuales vinculados al Partido Socialista y Radical en el marco del Golpe de Estado de 1955. Dicha construcción parcial e ideológica, se popularizó e institucionalizó, a partir de:

- su divulgación ejecutada por los Titulares de las Universidades entre los años 1955 a 1966.

- la tarea de los Interventores de la Universidad de 1983.


¿Cuál es el objetivo de la historia oficial universitaria?

a- Justificar el crimen político del que fueron promotores, ocultando la grave violación a los derechos humanos perpretada por la dictadura cívico militar del año 1955 y por los gobiernos posteriores.

b- Desvirtuar, ocultar o desprestigiar, los programas científicos de cariz industrialista, nacionalista y popular.

c- Impedir el desarrollo científico tecnológico independiente del país, obstruyendo los debates existentes en torno de la potencial modificación del sistema cultural argentino.

d- Evitar la posibilidad de que los sectores medios se aúnen políticamente con las clases populares.

e- Impedir que los representantes de la democracia de masas planifiquen de manera conjunta y armónica, la Educación Superior y el conjunto de las políticas públicas.

Argumentos de la historia oficial universitaria

El eje del relato de la historia oficial, se organiza a partir del ocultamiento de procesos y de sacar de contexto las políticas y las acciones protagonizadas por los actores. Esto les permite a sus detractores, reconstruir momentos de la historia relacionando de manera parcial y confusa, situaciones sustancialmente distintas y contradictorias.

a- La historia oficial universitaria hace apología del terrorismo de 1955

Un caso digno de mencionarse, tiene que ver con la utilización de la palabra “autoritarismo”. La historia oficial reconstruyó el proceso universitario que transcurre entre 1946 a 1955, a partir de pequeños relatos de estudiantes opositores o de docentes disconformes con el gobierno. Sobre esta mirada parcial, se estableció y se reitera con escasas o dudosas fuentes, que Perón fue “autoritario”. Poco se habla de los objetivos reales del proceso político peronista, que propuso refundar por medios legales y pacíficos la Universidad, para alinearla con el programa nacionalista y con la justicia social. El gobierno, como nunca en la historia del país, tenía los votos del Pueblo y estaba en su derecho y en su deber, de proponer una política nacional universitaria. Además, es oportuno reiterar, que la relación de Perón con la Universidad, no fue menos conflictiva que la que enfrentó Yrigoyen con los conservadores. [1] La historia oficial al exacerbar el supuesto autoritarismo peronista, desconoce que durante el gobierno democrático sólo se generaron debates propios de una transición de un gobierno de un Partido, hacia una nueva fuerza política. Estas fricciones y esos debates, son los que componen la democracia y es habitual que existan. Lo que realmente debería ser definido de “inaceptable”, es el tipo de oposición de los reformistas a las agendas del sistema político constitucional. Para combatir una democracia y bajo la ficción de un supuesto “autoritarismo”, apoyaron un Golpe de Estado sangriento. La historia oficial ocultó que el fondo del problema, no era simplemente la administración de la Universidad, sino la incapacidad de los viejos Partidos políticos para ganar elecciones en el país. Los reformistas se atribuyeron una legitimidad que no tenían y terminaron impulsando una dictadura, que desde todo punto de vista, es inadmisible. Ningún debate político en democracia entre alumnos, docentes o funcionarios, puede derivar en el apoyo público al terrorismo. Las diferencias que podían tener los docentes renunciantes con las decisiones de la democracia constitucional, nunca pueden conducir a hechos violentos como fue el bombardeo de junio de 1955 o los fusilamientos de 1956. Frente a ello, se sigue repitiendo paradójicamente, que en 1955 se “democratizó la Universidad”, escondiendo que desde esa fecha, los miembros de la institución ocuparon violentamente e ilegalmente, los espacios de gestión. La Universidad argentina organizada como producto del sangriento golpe de Estado, le debe una autocrítica y una disculpa sincera al conjunto del país. Ninguna institución educativa o cultural, puede reivindicar en nombre de la ciencia o de la autonomía, los actos de terror o de tortura contra poblaciones civiles.

b- La historia oficial universitaria promueve la ruptura del sistema constitucional

El planteo de la historia oficial universitaria, disimula que en buena parte de su relato hace apología de la ruptura del orden constitucional, para imponer en su lugar un sistema político dictatorial. Un caso ejemplar de esta actitud, es la reivindicación que hacen los historiadores del “decreto ley” 6403/55 que le otorgó al Partido Socialista y al Partido Radical, el manejo de la Universidad. [2] Debería decirse al enseñar la historia del proceso, que la figura normativa mencionada es producto de la clausura del Parlamento por decisión de una dictadura, cuestión que permitió que el Ejecutivo sancione, ilegalmente, Decretos con fuerza de Ley. En definitiva, la historia oficial universitaria al reivindicar los “Decretos Leyes” sin efectuar crítica alguna al problema de fondo, hace apología de la dictadura y privilegia la aplicación de la fuerza sobre el debate y el consenso que tienen que tener las leyes fruto del Parlamento. Para justificar tan gravosa actitud, se repite que las normas educativas peronistas serían “privativas” de la libertad, cuestión que no es exacta, ni cierta. Ahora y pese a ello, lo que debería decirse ante todo, es que la dictadura derogó ilegalmente la Ley del Congreso 14.297/54 y derribó la Constitución de 1949 que, y entre otros temas fundamentales, introdujo la Autonomía universitaria en la Carta Magna. No está mal que los miembros de la Universidad no compartan un artículo de una Ley y tienen derecho a expresarlo. Lo inadmisible, es que para modificarlo incurran en la violación del sistema constitucional y en la apología de los gobiernos castrenses.

c- La historia oficial universitaria esconde hechos fundamentales

La historia oficial universitaria resalta algunas fechas y desconoce otras. Por ejemplo, su relato estableció que la dictadura militar de 1966 fue una “bisagra” para el funcionamiento del sistema. Todos los educadores de sistema acuerdan lo pernicioso que fue la “noche de los bastones largos”. Ahora, lo que no es frecuente escuchar o leer, es qué ocurrió y cuáles fueron las víctimas de la violencia impulsada entre 1955 y 1966. No existe conciencia de que Onganía en el plano de la aplicación de la violencia, no fue más radical que la dictadura cívico militar de 1955, que también asaltó las Universidades. Por ejemplo, durante Onganía no se produjo un bombardeo terrorista como el de junio de 1955. Durante Onganía, hay escasos sucesos comparables al nivel de brutalidad de los fusilamientos como los de 1956. [3] Cuando se reconstruye la intervención de la Universidad de 1955, no se dice nada de los “comandos civiles”, que aplicaban actos terroristas oficiando como un antecedente importante de la Alianza Anticomunista Argentina (AAA) de los años setenta. Poco se escucha en las aulas universitarias el hecho de que en 1955 se expulsaron a todos los docentes de la Universidad, se derogaron las leyes de la democracia, se cerraron periódicos, se aplicó una censura con rasgos fascistas a la cultura [4] o que se persiguió a estudiantes en el marco del un proceso político profundamente represivo y salvaje. En definitiva, y cuestión que tiene que destacarse enfáticamente en el aula para que no se repita, es que la violencia de 1966 es la consecuencia lógica y directa del golpe terrorista de 1955. En definitiva, al sacar de contexto los debates y al priorizar aspectos secundarios, lo que no se enseña a los estudiantes es que en la Argentina hay varios Modelos de Universidad. La historia oficial universitaria, difunde una simplificación al reiterar que la institución es el mero resultante del programa de los liberales que fundaron la UBA en 1821 y de los reformistas de 1918. Según este postulado, por fuera de estas tradiciones académicas no hay propuestas propositivas, sino meramente actividades represivas. [5] Además de la tradición liberal y de la reformista, se debe destacar que existe un tercer Modelo universitario que es el del nacionalismo popular. El peronismo promovió una ciencia aplicada a la innovación tecnológica e impulsó una apuesta a la consolidación de una agenda educativa regionalizada. Con dicha finalidad, propuso planificar estratégicamente los recursos humanos y materiales, conjuntamente con la agenda pública de la democracia de masas. Contrariamente a la nueva tradición educativa, los liberales plantearon que los grupos económicos concentrados eran los titulares que tenían que organizar la Universidad. Los reformistas resistieron las propuestas del Proyecto Nacional y se atribuyeron la “propiedad” de la Universidad y el derecho a sedición contra las autoridades democráticas. El nacionalismo popular impulsó las carreras aplicadas al programa de industrialización y proyectó una Universidad capaz de superar el perfil de servicios, típico del Modelo educativo liberal del país agroexportador. Tanto liberales como reformistas, favorecieron un distanciamiento entre ciencia y tecnología, cuestión que buscó revertir el nacionalismo popular. Finalmente, la historia oficial universitaria no dice que parte importante de los conflictos de la década del cuarenta, surgieron como una resistencia institucional a la decisión del peronismo de promover un Modelo de Educación Superior al servicio de la igualación social. Frente a la gratuidad de los estudios sancionada en 1949, los liberales propusieron el acceso restricto para profundizar las desigualdades sociales. En los hechos y tomando distancia del movimiento original, los reformistas con su concepción “cientificista”, impulsaron una Universidad elitista separada de los problemas sociales del conjunto del país.

Los académicos podríamos debatir los valores que subyacen en la historia oficial universitaria que enseñamos y para eso, no estaría mal partir de algunos acuerdos básicos fundamentales. Por ejemplo, ¿se puede apoyar una dictadura para obtener un privilegio en una institución cultural?, ¿la Universidad no debería defender sin contemplaciones los valores de los derechos humanos, la justicia social y las formas constitucionales?, ¿los debates de la Universidad no deberían resolverse en democracia, en lugar de apoyar golpes militares?. Por otro lado, es pertinente preguntarse: ¿es oportuno seguir reiterando que es legitimo el enfrentamiento de los representantes de la democracia de masas y el cogobierno universitario?, ¿quién tiene la legitimidad para promover agendas de debate en las Universidades Nacionales, los representantes electorales de 40 millones de argentinos, meramente los miembros internos de la institución, ambos?, ¿toda propuesta de cambio de la Universidad iniciada desde el Estado, puede considerarse un ataque a la autonomía?

Notas

[1] Yrigoyen intervino las Universidades desde el Poder Ejecutivo y desplazó a sus adversarios conservadores de la Universidad, favoreciendo el ingreso de los reformistas. Varios de éstos últimos reunidos en a FUA, realizaron manifestaciones de apoyo público a los golpes de Estado de 1930 y de 1955.

[2] La posibilidad de ejercer el derecho al “cogobierno” bajo el esquema “tripartito”, no alcanzó a la mayoría política del país que estaba proscripta y que era ferozmente reprimida.

[3] Contando con el apoyo público de los miembros reformistas de la Universidad, desde el año 1955 el país fue gobernado bajo diversos planes represivos. El bombardeo de junio de 1955 contó con el apoyo público de radicales, socialistas y conservadores y dejó más de 350 víctimas. En el año 1956 se fusilaron 27 personas. Frondizi aplicó el Plan de Conmoción Interna del Estado contra los reclamos sindicales y juveniles. Felipe Vallese desapareció durante la presidencia de José María Guido. La violencia iniciada en 1955 posibilitó que el gobierno de Onganía en la antesala del Cordobazo, asesine a Juan José Cabral, a Alberto Ramón Bello y a Luis Norberto Blanco. La resistencia popular en el Cordobazo de 1969, culminó en una represión que no alcanzó las cifras de los fusilados de 1956 y tras la pueblada, asesinaron alrededor de 14 personas. Es interesante mencionar, que ni siquiera los militares que aplicaron la Masacre de Trelew se animaron a defender públicamente la Ley Marcial como habían realizado los universitarios. La “Masacre” se produjo durante la gestión de Lanusse e implicó el fusilamiento de 19 personas. A diferencia de los fusilamientos de 1956 que apoyó el reformismo, los militares en Trelew no aplicaron la “Ley Marcial”, sino que arguyeron el pretexto de la “Ley de fugas”. 16 de los 19 fusilados, murieron en el acto.

[4] Se sancionó el fascista Decreto Ley 4161/56, “Prohibición de elementos de afirmación ideológica o de propaganda peronista”. Se clausuraron periódicos nacionales como El líder, el 45, Lucha Obrera, Norte, El Federalista, De Frente, El Descamisado, Palabra Argentina, Doctrina, Renovación, entre otros.

[5] La historia oficial universitaria reitera el eje de la civilización y la barbarie, que fue exportando por las potencias colonialistas y que fue asimilado por figuras como Domingo F. Sarmiento. La historia de la Universidad se organizó de manera “dicotómica” y los liberales y los reformistas serían la civilización y Rosas y el peronismo, ocuparon el lugar de la barbarie autoritaria. La civilización derivó en la defensa de la “autonomía” universitaria y se acusó de “barbarie, de flor de ceibo o de alpargatas”, a los que plantearon otro proyecto cultural cumpliendo el mandato de la soberanía popular.



Guardia de Hierro: historia de una mistificación

por Aritz Recalde
Marzo de 2013

La designación del Cardenal Jorge Bergoglio como el nuevo Papa, desató un profundo debate acerca de su ideología y de su trayectoria política. En este marco, uno de los argumentos más reiterados para definir su personalidad, se refiere a su vinculación con la agrupación política peronista Guardia de Hierro (GH). Buena parte del argumento de periodistas y de académicos, está centrado en reiterar que esa agrupación tiene una ideología de “derecha” peronista.

No me interesa opinar sobre Bergoglio, quien por otro lado, no militó orgánicamente en GH. Simplemente, considero oportuno polemizar en pocas líneas el argumento que sostiene que Guardia de Hierro es de derecha. Esa caracterización es una simplificación. Por el contrario, los militantes de GH forman parte de una generación juvenil que se abocó masivamente a la política, articulando su proyecto personal, con los anhelos revolucionarios y de cambio social de los sectores populares de la Argentina y Latinoamérica.

La agrupación nació en el año 1962 vinculada al “Gallego” Alejandro Álvarez y a Héctor Tristán. Éste último, era un dirigente de origen anarquista, había militado en ámbitos sindicales y participó activamente en la Resistencia peronista junto a figuras como John W. Cooke y otros “duros” de la lucha popular contra las dictaduras. El “gallego” Álvarez, con una formación ideológica de izquierda, militó en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) y también participó desde el llano, en la Resistencia peronista. Desde su origen, ambos dirigentes tuvieron una práctica intransigente, anti burocrática y promovieron el trabajo social y sindical con las bases. Desde su creación, los miembros de GH mantuvieron una línea política de enfrentamiento a las posiciones negociadoras de Vandor, de la dictadura de Onganía y del resto de los militares. Con el paso del tiempo, la agrupación sumó dirigentes políticos de izquierda universitaria, como fue el caso del socialista Roberto Grabois proveniente del Frente Estudiantil Nacional. En GH participaron intelectuales como Amelia Podetti, que formó parte de las Cátedras Nacionales y que dirigió la Revista Hechos e Ideas. Se sumaron dirigentes de procedencia juvenil católica, como fue el caso de Julio Bárbaro y también de origen judío, como el mencionado Grabois o el economista de Mendoza Roberto Roitman.

Las lecturas de sus miembros son una radiografía del intenso debate cultural de la época, que supo articular a Mao, con Perón y con el nacionalista y marxista Juan José Hernández Arregui. Tal cual documentó Humberto Cucchetti, GH debatió un amplio espectro de autores y de ideas, incluyendo aquellas ligadas con la renovación religiosa de Theillard de Chardin, con las tesis de la lucha armada de Ernesto Guevara o con el nacionalismo socialista de Frantz Fanon. Según Julio Bárbaro, leían además a Marechal, a Carl von Clausewitz o a Sun Tzu.

Los años sesenta y setenta, fueron una etapa de lucha y de resistencia para los militantes de GH. Sus integrantes protagonizaron una empeñada resistencia contra la violencia institucional de las dictaduras, actuaron en barriadas humildes con los más necesitados y otros integraron la acción sindical en ámbitos como la CGT de los Argentinos. Fueron parte de una épica de lucha y de cambio social, conjuntamente a miles de jóvenes y de trabajadores de izquierda, católicos y nacionalistas. Entrados los años setenta, sus miembros promovieron la Organización Única del Trasvasamiento Generacional (OUTG) [1] que se avocó, centralmente, al trabajo barrial con el Pueblo. Toda ésta etapa los vio lejos del poder, de los cargos de gobierno y de las diversas corporaciones. En el año 1973 apoyaron la candidatura de Cámpora y luego la de Perón. En este contexto, reforzaron una posición sumamente crítica de la lucha armada, cuestión que los distanció de la Tendencia y de la guerrilla de izquierda marxista. Se propusieron como “guardianes de Perón” y defendieron una línea política de apoyo al Presidente, cuestión que los definió como “verticalistas” del primer mandatario. En este contexto, no mantuvieron vinculación orgánica con López Rega, ni con la CNU o con sectores del sindicalismo de derecha. Toda esta etapa los distancia claramente de cualquier calificación de “derecha”. Por el contrario, formaron parte de una generación juvenil comprometida, incluso con sus propias vidas, con el cambio social y político. Su articulación era con las bases y no participaron en las estructuras de poder partidario, empresarial y sindical. Incluso, gran parte de ellos no aceptaron cargos públicos en el año 1973.

Muerto Perón en julio de 1974, para gran parte de GH llegó la hora de disolver la agrupación. Frente a ésta decisión, un sector controlado por Álvarez, continuó con las actividades políticas. A partir de esta fecha, no es del todo correcto hablar de GH, sino de un “desprendimiento” o por lo menos, de las actividades de una fractura política que no da cuenta del funcionamiento y de la historia de la agrupación. En el año 1975 este sector de GH inició un vínculo con Isabel Perón. Algunos de los ex miembros de GH, justifican su apoyo a Isabel en el intento de evitar el golpe de Estado, reiterando la iniciativa de otras expresiones políticas como fue el caso del Partido Comunista Revolucionario (PCR).

Tal cual menciona Alejandro Tarruella, Jorge Bergoglio se vinculó a los miembros de GH a partir de su participación en la Universidad del Salvador. Según este autor, en el año 1975 Bergoglio nombró en la Universidad a dos miembros de GH: Francisco “Cacho” Piñón y a Walter Romero. Piñón fue quién le entregó en el año 1977 la designación de Profesor Honoris Causa al almirante Emilio Eduardo Massera. Bergoglio y muchos sobrevivientes de la dictadura ligados a GH, adujeron que estas acciones tuvieron que ver con un “pacto”, para salvar la vida a dirigentes políticos. A partir de acá, el comportamiento de algunos de sus miembros fue abonando la tesis de GH de “derecha”. Una mistificación similar ocurrió con la Tendencia y las luchas políticas de los años setenta, que fueron caratuladas a la vuelta de la democracia como uno de los “dos demonios” que “condujeron a la dictadura”.


Bibliografía

Alejandro Tarruela, Guardia de Hierro, Sudamericana, Buenos Aires, 2005.

Horacio Verbitsky, Un ersatz, Página 12 14/03/13.

Humberto Cucchetti, Combatientes de Perón, herederos de Cristo, Prometeo, Buenos Aires, 2010.

Julio Barbáro, Juicio a los 70, Sudamericana, Buenos Aires, 2009.

María Sucarrat, La universidad del Salvador nunca retiró el Honoris Causa a Massera, Tiempo Argentino, 25/11/12.

Notas

[1] Grabois conoció a Tristán en España en el marco de una reunión con Perón. A su regreso en el año 1971, se formó la Mesa del Trasvasamiento Generacional (MTG) con Alejandro Álvarez (GH), Roberto Grabois (FEN), Dardo Cabo y Julián Licastro. La MTG se disolvió y Álvarez y Grabois profundizaron sus vínculos que culminaron en el ingreso de éste último a GH.



La última carta del Comandante Hugo Chávez

por Víctor Ramos

Antes de partir a Cuba nombró a su sucesor por si algo le sucedía. Y a sus colegas Presidentes latinoamericanos les dejó una carta con ideas e instrucciones.

A muchos argentinos nos cuesta entender el significado de los actos y las palabras del Presidente Hugo Chávez. No estamos acostumbrados a la idiosincrasia caribeña, más alegre, abierta, dramática, hospitalaria y apasionada que la rioplatense. Chávez es un auténtico caribeño venezolano. Y como todo buen venezolano continental es bolivariano. Desde Caracas, el mundo se ve de otra perspectiva. Venezuela se encuentra en el centro de la América Latina; México es la punta norte y Argentina el margen sur. Venezuela continental abraza y es el núcleo concurrente de los territorios insulares caribeños. Hugo Chávez de formación católica y militar bolivariano, naturalmente asumió la causa de la Patria Grande. Para Chávez el socialismo es la justicia social y el peronismo le calzó justo para identificarse con el coronel Perón.

En sus tiempos de teniente de frontera, Gabriel García Márquez cuenta que Hugo Chávez un día atravesó la frontera sin darse cuenta por el puente de Arauca, y un capitán colombiano que le registró el morral encontró motivos materiales para acusarlo de espía: llevaba una cámara fotográfica, una grabadora, papeles secretos, fotos de la región, un mapa militar con gráficos y dos pistolas de reglamento. Los documentos de identidad, como corresponde a un espía, podían ser falsos. La discusión se prolongó por varias horas en una oficina donde el único cuadro era un retrato de Bolívar a caballo."Yo estaba casi rendido -me dijo Chávez- pues cuanto más le explicaba menos me entendía". Hasta que se le ocurrió la frase salvadora: "Mire mi capitán lo que es la vida: hace apenas un siglo éramos un mismo Ejército y éste que nos está mirando desde el cuadro era el jefe de nosotros dos. ¿Cómo puedo ser un espía?". El capitán, conmovido, empezó a hablar maravillas de la Gran Colombia, y los dos terminaron esa noche bebiendo cerveza de ambos países en una cantina de Arauca. A la mañana siguiente, con un dolor de cabeza compartido, el capitán le devolvió a Chávez sus enseres de historiador y lo despidió con un abrazo en la mitad del puente internacional. "De esa época me vino la idea concreta de que algo andaba mal en Venezuela", dice Chávez. En ese entonces contaba con apenas 23 años.

El prestigioso periodista de La Nación, Jorge Fernández Díaz, en el perdurable artículo, “El Kirchnerismo bolivariano del siglo XXI”, señaló que las argumentaciones de la izquierda nacional de Jorge Abelardo Ramos se “volvieron transversales en los 70 y sobrevivió a través de las décadas como una cultura vasta y firme”. Agregamos por nuestra parte que la Izquierda Nacional no fue solamente un pensamiento argentino sino latinoamericano, trascendiendo las artificiales fronteras internas de nuestra América Latina. Fernández Díaz sostiene en la nota que “Néstor Kirchner practica una suerte de nacionalismo de izquierda, que Hugo Chávez denomina el "socialismo del siglo XXI". Chávez es un nacionalista nato, y los pequeños Partidos de la izquierda nacional de la Argentina lo reconocieron antes que nadie”. Y finaliza el periodista-escritor señalando que: “una "revolución nacional" no se detiene en cuestión de formas republicanas, ni en formalidades judiciales o de libertad de expresión. Es por eso que el kirchnerismo se permite a sí mismo violar muchas normas democráticas que considera frenos para una causa mayor". Completamos, con diferencias sustanciales al planteo del jefe de redacción de La Nación, que la“causa mayor” a la que se refiere es la que tanto Chávez como Ramos llaman “la cuestión nacional”. Y esta “cuestión” no es la “revolución” sino la integración nacional de la Patria Grande.

Cuando se fundó la Conferencia de Estados Latinoamericanos y Caribeños -CELAC- el 2 de diciembre de 2011 en Caracas, se reunieron por primera vez en la historia los Presidentes de la América Latina, sin el tutelaje de España, Portugal o Estados Unidos. El Presidente venezolano sorprendió en su discurso inaugural con una larga cita: “Estamos leyendo un libro de Jorge Abelardo Ramos. Me llamó la atención porque se titula: Historia de la Nación Latinoamericana. Y allí buscando y rebuscando en esas páginas de ese gran líder político, revolucionario argentino, escritor e ideólogo. Fue marxista y fue peronista. Fijate! Si!. Desarrolló la cuestión nacional!” y ante la mirada complacida de la Presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, citó ampliamente el libro referido.

¿Se trató de una cita del momento o por el contrario una cuestión que el comandante Chávez interpretó de fondo? El día anterior en una reunión que mantuvo con la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner y los Ministros de ambos gobiernos en el Palacio Miraflores, Chávez la interrogó sobre este pensador argentino. La presidenta le explicó detalladamente cómo Jorge Abelardo Ramos y su Frente de Izquierda Popular (FIP) habían aportado 900.000 votos al peronismo con el lema “vote a Perón desde la izquierda”. Chávez entonces dijo: -Ramos entendió la cuestión nacional… La cuestión nacional!! -repicó. En esa oportunidad la Presidenta hizo mención de mi participación en el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego, que preside el intelectual Mario ´Pacho` O`Donnell. Unos días después, a través de nuestro amigo común, el Embajador venezolano en la Argentina, general Carlos Martínez Mendoza, el Presidente Hugo Chávez, se proveyó de varios libros de Ramos que le faltaban. Allí le alcanzamos “Marxismo de Indias”, “Historia política del Ejército Argentino” y “Adiós al Coronel”. Luego de la CELAC por intermedio de Martínez Mendoza recibo telefónicamente la grata noticia que el Presidente Chávez ordenó la impresión de “Historia de la Nación Latinoamericana” en Venezuela y me invitaba a su presentación en la Feria del Libro en Caracas.

Un año después, con su dolorosa convalecencia en Cuba, envió un significativo mensaje a la segunda reunión de la CELAC en Chile. Nuevamente cita largamente a Jorge Abelardo Ramos subrayando: “América latina se encuentra dividida no por ser subdesarrollada, sino que es subdesarrollada, porque está dividida.” En esta última carta a los Presidentes se encuentran sus instrucciones que sintetizamos: La CELAC debe ser el centro de irradiación del nuevo sistema de unión de los países de América Latina y el Caribe. Agenda y proyecto energético común. Es decisivo darle el más riguroso cumplimiento a los grandes compromisos sociales: la alfabetización, la erradicación del hambre y el derecho universal de nuestros ciudadanos, sin exclusión, a recibir salud y educación gratuitas. Si somos una Nación de Repúblicas, nuestra soberanía es la de toda la Patria Grande, y debemos hacerla respetar. La CELAC es el proyecto de unión política, económica, cultural y social más importante de nuestra historia contemporánea. Tenemos todo el derecho de sentirnos orgullosos: la Nación de Repúblicas, como la llamaba el Libertador Simón Bolívar, ha comenzado a perfilarse como una hermosa y feliz realidad. ¡O hacemos la única Patria Grande, o no habrá Patria para nadie en estas tierras!

¿Que hay en Abelardo Ramos y en la Izquierda Nacional que Chávez toma como propio? ¿Que utilidad concreta tienen para el proyecto de Chávez las ideas de la Izquierda Nacional? El quid de la “cuestión” es la unidad de América Latina, el resto será consecuencia de lo principal. La democracia y los valores republicanos -que preocupan a ciertos sectores- se desenvolverán plenamente en la Nación de Repúblicas que propuso Bolívar y que ahora relanza Chávez. Está visto que mal pueden funcionar nuestras pequeñas repúblicas sin una comunión mayor. Con el siglo XXI se ha dado una vuelta de página a la historia y el futuro inmediato se presenta auspicioso. Deberemos reformular treinta y cinco repúblicas inermes, en una Nación superadora. Esa es la instrucción central del Comandante Hugo Chávez.





lunes, 11 de marzo de 2013

Hugo Chávez, diccionario político del Nacionalismo Popular

por Aritz Recalde

Hugo Chávez fue un verdadero diccionario político para buena parte de la juventud militante del Continente. Incluso, me atrevo a decir, que en pleno neoliberalismo y gracias a Chávez, sectores políticos de izquierda y de centro de la Argentina, entendieron o al menos revisaron, algunos preconceptos sobre el Peronismo, el Varguismo o el Cardenismo. El venezolano hizo escuela con su andar y favoreció la comprensión de las luchas nacionales y populares de nuestros pueblos, develando la farsa de las atiborradas teorías del “populismo” y de otras fórmulas del pensamiento dependiente de las academias. En base a esta comprensión histórica, pudo surgir la unidad entre los Pueblos del Continente y sus conductores, Kirchner, Morales, Mugica, Ortega, Lula, Lugo, Dilma, Correa y Cristina.

Su trayectoria fue una verdadera escuela y en plena debacle neoliberal, sembró y dio vigencia a las ideas y a los postulados de los Nacionalismos que habían sido sepultados bajo el neocolonialismo del supuesto “final de la historia”. La Revolución bolivarian, en una tarea profundamente educadora, les otorgó vitalidad a figuras intelectuales como las de Ugarte, Haya de La Torre o Hernández Arregui.

Su acción impulsó un camino hacia la formación de una sociedad solidaria y emancipada del poder neoliberal. Con ello, Chávez recuperó los sueños y las consignas del Socialismo Nacional por los que había luchado la juventud de los años setenta. Es por eso, que la Revolución bolivariana nos impulsó y nos obliga actualmente, a releer a la izquierda nacional de Cooke, de Abelardo Ramos o de Galasso.

Con su tarea patriótica, retomamos la perspectiva cultural y política del antiimperialismo, revitalizando la Teoría de la dependencia y marcando una agenda de debate que recuperó lo mejor de las tradiciones culturales de nuestros patriotas. Chávez fue un revisionista convencido de que la conciencia histórica de los Pueblos, es la base de la conciencia nacional revolucionaria. En este camino, su vocación tercermundista lo reencontró con Tito, con Mao y con Perón. Su nacionalismo militar lo abrazó con Alvarado, con Mosconi y con Torrijos. Su ideal latinoamericanista, lo hermanó con San Martín, con Bolívar, con Allende y con Kirchner. Su compromiso con los humildes, lo reunió con los curas de la Teología de la liberación y con Eva Perón. Su vocación antiimperialista, escribió una hoja central en libro de las luchas anticoloniales que fueron impulsadas por Tupac Amaru, por Artigas, por Rosas y por los miles de militantes que dieron sus sueños e incluso sus vidas, por la construcción de una Patria justa, libre y soberana.

Chávez, como Perón o Fidel Castro, son la certeza de que el cambio de sociedad es necesario y que la injusticia es intolerable.

Chávez fue la muestra en pleno siglo XXI, de que la Revolución es posible y que, además, tarde o temprano, los Pueblos latinoamericanos y del Tercermundo, Unidos, Organizados y Solidarios, venceremos. Caiga quién caiga, cueste lo que cueste.



El Fondo Monetario Internacional: este “monstruo tan peligroso”

por Aritz Recalde
Febrero 2013

“Cuando en 1946 me hice cargo del gobierno, la primera visita que recibí fue la del Presidente del Fondo Monetario Internacional que venía a invitarnos a que nos adhiriéramos al mismo. Prudentemente le respondí que necesitaba pensarlo y, de inmediato, destaqué dos jóvenes técnicos de confianza del equipo de gobierno, para investigar a este “monstruo tan peligroso”, nacido según tengo memoria en los sospechosos acuerdos de Bretton Woods. El resultado de ese informe fue claro y preciso: en síntesis se trataba de un nuevo engendro putativo del imperialismo. Yo, que tengo la ventaja de no ser economista, puedo explicarlo de manera que se entienda”. Juan Perón (1968: 51)

“El mundo no ha cambiado nunca; lo que ha variado ha sido el tipo del imperialismo dominante. La historia del mundo es el devenir del imperialismo en los tiempos”. Juan Perón (2006: 247)

En el año 2005, Néstor Kirchner anunció la decisión del gobierno nacional de cancelar la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI). La disposición del mandatario argentino actualizó las palabras de Juan Domingo Perón del año 1968, cuando aseveró que “la tecnocracia suele ser funesta cuando se aferra a sus preconceptos aprendidos, olvidando que la economía es una sucesión de casos concretos que han de solucionarse a base de criterio objetivo y no por la aplicación de recetas, a que tan apegados suelen ser algunos técnicos. La economía liberal ha cerrado su ciclo y seguir defendiendo y practicando sus postulados es someterse a unas reglas de juego que ya no existen.” (1968: 168)

Las operaciones mediáticas que apoyan las recomendaciones de este “monstruo tan peligroso” como lo llamó Perón, siguen sosteniendo los “preconceptos aprendidos” en las escuelas de economía de las metrópolis. La recetas y las recomendaciones de los técnicos del FMI, presentan a sus intereses imperiales como si fueran medidas de aplicación universal. Los ingleses impusieron sus ambiciones en nombre de la libertad de comercio y la civilización y los norteamericanos hicieron lo mismo, sobre el principio de la globalización y el Consenso de Washington. Esos “preconceptos” cuando son adoptados por los economistas y los comunicadores de los países dependientes, nos impiden analizar la “sucesión de casos concretos” que condujeron al país a su mayor crisis económica, política y social en el año 2001. La “sucesión de casos concretos” en la historia del país que transcurrió entre 1976 y 2003, muestran un sometimiento político que conllevó un brutal “saqueo de la Argentina”, tal cual denominó la periodista María Seoane. Las “misiones técnicas” que hoy “juzgan” los indicadores y las estadísticas del país, son las mismas que recomendaron aplicar el modelo de capitalismo global que terminó en la crisis asiática de 1997, en el default ruso de 1998, el tequila mexicano de 1995, la crisis norteamericana o que, actualmente, están destruyendo la economía de Europa.

Frente a los planteos de los tecnócratas del FMI y de los profetas del odio que los difunden, solamente podemos responder que ya hemos aprendido sus lecciones a fuerza de un sinfín de crisis y de una sucesión de tragedias. Sabemos que la veracidad o no de una teoría económica, debe medirse en los alcances de la acción política de los Estados y los Pueblos que la impulsan. Desentendiendo las recomendaciones del FMI desde el año 2003, Argentina inició un camino de crecimiento que con aciertos y con errores, afirma nuestra decisión infranqueable de ser un país soberano en lo político y más justo en el plano social.

Como estableció Perón y más allá de las recomendaciones del FMI: “la economía libre y el libre comercio son sólo afirmaciones para el consumo de los tontos y de los ignorantes. La economía nunca ha sido libre: o la controla el Estado en beneficio del pueblo o lo hacen los grandes consorcios en perjuicio de éste.” (1968: 168) En Argentina, les guste o no a los tecnócratas del “monstruo tan peligroso”, la economía la controla Cristina Fernández de Kirchner para ponerla al servicio del pueblo argentino.


Obras citadas:
Perón, Juan, La Hora de los pueblos, Editorial Norte, Madrid, 1968.
Perón, Juan, Los vendepatria, Editorial de INJDP, Secretaría de Cultura de La Nación, Buenos Aires, 2006.
Seoane, María, El saqueo de la Argentina, Sudamericana, Buenos Aires, 2003.



Actualidad de Arturo Jauretche