viernes, 8 de noviembre de 2013

Beresford o “el guacho” Rivero

Anotaciones acerca del cambio de nombre de la calle 2 de abril
por Juan Godoy 


“Quienes queremos a Inglaterra, lo hacemos con amor personal, como si se tratara de un ser humano.” Jorge Luis Borges, 1962.

Estos últimos días nos enteramos que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires le cambió el nombre a una calle del barrio de Agronomía que se había llamado Inglaterra (como parte del aparato de colonización pedagógica del país semicolonial), y que un puñado de patriotas, allá por el año 1982, le puso 2 de abril en homenaje a los combatientes por la soberanía nacional de las Islas Malvinas. Incluso sabemos que en las guías de calles, como en mapas digitales figura bajo el nombre 2 de abril. Al leer la noticia, una profunda indignación recorrió nuestros cuerpos.

Allá a comienzos del siglo XX, Ricardo Rojas hablaba de la pedagogía de las estatuas, Arturo Jauretche y otros también se ocuparon largamente del tema, así que no nos vamos a explayar en esa óptica. Sí queremos decir, en estas breves líneas siguiendo a Juan José Hernández Arregui, que con la disolución del imperio español, y la aparición fuerte en escena de lo francés e inglés en la cultura argentina, las clases dominantes se distancian cada vez más de los sectores populares aferrados al suelo, a la cultura nacional. Así, la oligarquía constituye su propia identidad. Esta identidad no es una identidad nacional, porque lo nacional es el reconocimiento de lo propio, y la asimilación (crítica) de lo ajeno, la nación es el pueblo. Así se oponen, a través de toda nuestra historia, dos identidades, a saber: la identidad del pueblo argentino y latinoamericano, contra la identidad de las clases dominantes, la oligarquía, ligada a las potencias imperiales. Hay una puja constante entre estas dos, pues las clases dominantes tiene los medios para esparcir por todo el tejido social su visión de nuestro pasado nacional, de nuestras luchas, del lugar de nuestro país en el mundo, etc., lo que no indica que esos no sean “campos de disputa”. El imperialismo cumple aquí el papel de disolvente de las culturas autóctonas. Sostiene Norberto Galasso al respecto “en la clase alta, ese “pensar en inglés” resultó directa consecuencia de la complicidad con los dominadores, pues el goce de sus privilegios quedó supeditado a la defensa de los intereses de Su Graciosa Majestad. (…) En cambio, no habrá obreros que “piensen en inglés” (salvo alguno con pretensiones de “culto”, confundido por la vieja izquierda) pues su contradicción frontal con el orden que pretende imponer el imperialismo, su menor contacto con el aparato cultural oficial, impiden su apresamiento a la ideología dominante.” Así, no debe sorprendernos que ante las Invasiones Británicas al Plata, en 1806-1807, una representante de las “familias bian”, Mariquita Sánchez (luego de Thompson) dijera acerca de nuestras tropas “nuestra gente de campo no es linda, es fuerte y robusta, pero negra. Las cabezas como redondel, sucios; unos con chaqueta, otros sin ella, unos con sombrerito chiquitos encima de unos pañuelos atados a la cabeza. (…) Al ver aquel día tremendo dije a una persona de mi intimidad: si no se asustan los ingleses de ver esto no hay esperanza (y acerca de las británicas) el regimiento mandado por el Gral. Pack era la más linda tropa que se podía ver, el uniforme poético, botines de cinta punzó cruzadas, una parte de la pierna desnuda, una pollerita corta, gorras de una tersia de alto, toda forrada de plumas negras y una cinta escocesa que formaba un cintillo, un chal escocés como banda, sobre una casaquita corta punzó. Este lindo uniforme sobre la más bella juventud, sobre caras de nieve, la limpieza de estas tropas admirables. Qué contraste tan grande."

Es la zoncera madre que parió a todas las demás, a saber: civilización y barbarie lo que está detrás. Pues civilizado era todo lo que venía del extranjero, de Europa y especialmente de Inglaterra. Todo lo propio es lo “feo, sucio y malo”, y todo lo ajeno es lo “bello, limpio y bueno”. Es bajo esta zoncera que entonces “civilizar” consistió en desnacionalizar. Y es bajo esta advocación que luego de liberados del yugo español la oligarquía será el puntal interno donde se asiente el imperio británico para reemplazar a aquel. Mitre, pro-británico si los hay, decía “¿cuál es la fuerza que impulsa el progreso?, Señores… ¡Es el capital inglés!”. Así sentó las bases del país semicolonial. O bien que durante la ignominia reinante en la década infame, en el pacto de sumisión que los forjistas llamaran Estatuto Legal del Coloniaje los ¡representantes argentinos! pronunciaran frases deleznables como el hijo de Julio Argentino Roca, “julito” “la Argentina (…) desde el punto de vista económico, es una parte integrante del Imperio británico”. Ahora bien, estos son solo algunos ejemplos de las decenas que podríamos citar de cómo la oligarquía argentina ha constituido una identidad propia alejada de los intereses nacionales, que son los intereses populares, y cómo así entabla una estrecha relación con el imperialismo. Mientras, el pueblo constituye durante la lucha por la liberación nacional, una conciencia nacional que revaloriza lo propio como un acto de resistencia frente al imperialismo, y porque ahí encuentra el cimiento desde donde construir una patria. No debe sorprender, aunque no por eso no indigne, entonces la “cipayería” del Gobierno de la Ciudad representante de los intereses oligárquicos.

Lejos de estos “cantos amistosos” a los británicos están quienes combatieron en las invasiones inglesas, el Gaucho Rivero junto con los patriotas que defendieron Nuestras Islas, los que lo hicieron bajo el Gobierno de Juan Manuel de Rosas defendiendo la soberanía en la Batalla de la Vuelta de Obligado, las montoneras que se oponían bajo el grito “religión o muerte” a los gringos, los muchachos de FORJA que denunciaran el accionar del imperialismo británico en nuestro país, o el Peronismo que avanzaría significativamente en la liberación de las ataduras del imperialismo británico, o bien los combatientes de Malvinas que en el ’82 combatieron ferreamente en la defensa de nuestro territorio. Así, por más que quieran tapar la historia con “cartelitos” el pueblo argentino conoce quiénes son los patriotas y quiénes los vendepatria en esta historia.



Nuevo Cuaderno del CEHA: Historia y Proyecto Nacional

CUADERNOS DE TRABAJO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HERNÁNDEZ ARREGUI N° 13

HISTORIA Y PROYECTO NACIONAL
Aritz Recalde, Lihuén Arscone, Dionela Guidi y Juan Godoy
Octubre de 2013

I.- ¿Para qué sirve estudiar la historia nacional?
La historia es un instrumento para relatar y para interpretar los sucesos ocurridos en el PASADO. El PRESENTE de nuestro país, con sus aspectos positivos y con los negativos, se consolidó como consecuencia de los acontecimientos ocurridos en el pasado. En este sentido, no podemos entender el presente de nuestro barrio o del país en su conjunto, sin comprender lo ocurrido a lo largo de la historia. La historia atesora información y datos acerca de nuestro pasado y, además y fundamentalmente, los “interpreta”. En este segundo aspecto, aparece la ideología de cada historiador y como resultante, surgen diferentes perspectivas para comprender lo ocurrido. La diversidad de ideologías da lugar a la escritura de relatos históricos distintos, que traducen intereses de grupos de poder nacionales y extranjeros. En consecuencia, entendemos con Don Arturo Jauretche, que la historia es la política del pasado y que la actualidad, condensa los sucesos ocurridos anteriormente. Sostiene Jauretche al respecto: “No hay política nacional sin historia revisada, porque el cipayo y el vendepatria son consecuencias lógicas y hasta prestigiosas en una historia que ha condenado la política nacional y glorificado la sumisión al extranjero.” En definitiva, la acción política del presente se encuentra íntimamente vinculada a la interpretación de nuestro pasado. Creemos, por lo tanto, que el análisis histórico nos ofrece elementos para:

-No repetir en el presente los errores cometidos en el pasado
-Conocer y reconocernos en los aciertos de los hombres de nuestro país para continuarlos y profundizarlos en el presente

En síntesis: conocer la historia nos permite comprender el presente y actuar en base a la experiencia de los argentinos y los latinoamericanos que ya hicieron muchas de las cosas que queremos resolver nosotros en la actualidad. Ello favorece la posibilidad de encontrar puntos de conexión entre las luchas pasadas y las actuales.

II.- Cada Proyecto Nacional escribió su propia historia
Tal como glosamos previamente, la historia “relata” e “interpreta” los sucesos y a lo largo del tiempo es innegable que los historiadores relataron solamente algunos hechos ocultando otros. Además, los interpretaron “acomodando” el relato a sus propios intereses. Por ejemplo, el Proyecto Liberal escribió -y continúa insistiendo en la actualidad- su propia historia, poniendo los intereses de la Oligarquía y del extranjero por sobre los del conjunto del país. La historia liberal es falsa porque realizó acciones de tergiversación y ocultamiento y se presentó como el “único” relato histórico. Frente a esa narración, el Proyecto Nacional y Popular tuvo que realizar una tarea titánica de “revisión” de la historia liberal. Esta nueva corriente histórica ligada al Nacionalismo popular se denominó “Revisionismo.” Una de sus características fundamentales fue la de mostrar las luchas populares ocultadas e invisibilizadas por los escribas de la antinación, conjuntamente a la puesta en valor de las inmensas capacidades de nuestro país y su Pueblo a lo largo del tiempo. Esta  tarea de revisión histórica la promovieron intelectuales, políticos y hombres y mujeres de la Organizaciones Libres del Pueblo. Por ejemplo, con un objetivo revisionista Néstor Kirchner impulsó la reconsideración de los abusos cometidos por los genocidas durante la Dictadura cívico militar de 1976, permitiendo que se haga Justicia. Esta búsqueda de la verdad histórica demostró que los jóvenes asesinados por los militares y sus cómplices civiles, tenían sueños y luchaban por un mundo más justo y no eran “demonios”, ni nada parecido como había relatado la historia oficial a partir de 1983. Otro ejemplo, lo dio Cristina Fernández al sancionar el Feriado de la Soberanía Nacional recuperando la acción patriótica de Juan Manuel de Rosas y de los gauchos argentinos contra el Imperialismo inglés. 

III.- Historia, pensamiento político y Proyecto Nacional
Nos interesa analizar la historia a través de la identificación de tres Modelos de país concretos desarrollados a lo largo de nuestra historia que denominaremos como “Proyectos Nacionales.” Cada uno responde a una corriente política particular:

Esos Proyectos son:                                       En la esfera política se definen como:
-          el Liberalismo                                                                        Derecha política
-          el Socialismo                                                              Izquierda política (abstracta)
-          el Nacionalismo Popular                                           Nacionalismo

Un PROYECTO NACIONAL se define como la forma particular de organización en el plano económico, social, cultural y político, que adopta un país en determinado momento de su historia. Estos cuatro aspectos del Proyecto Nacional se relacionan estrechamente y tienen que ser analizados en su conjunto. La ECONOMÍA se define como la actividad que realizan los hombres tendiente a producir, distribuir y consumir bienes y servicios. Vamos a ver que cada Proyecto a lo largo de la historia nacional, impulsó un Modelo económico diferente. Por ejemplo, el Liberalismo organizó el Programa Agroexportador y el Nacionalismo Popular, promovió el Modelo de país Industrial. Cuando hablemos del aspecto SOCIAL de Proyecto Nacional, nos vamos a referir al modo en que se distribuyen entre las diferentes personas y grupos del país, los bienes y los servicios producidos en la Economía. Por ejemplo, hay Modelos económicos que generan trabajo y otros que promueven altas tasas de desempleo. Asimismo, hay Proyectos que benefician a los trabajadores y otros que favorecen a los poderosos, a las Oligarquías o a las Transnacionales y los Bancos. Al referirnos a la CULTURA, estamos hablando de los valores, las costumbres, los imaginarios, las ideas, los gustos, la actividad científica, etc. que disponen las personas. A partir del modelo cultural que dispongamos se entienden nuestras relaciones con los otros individuos o Pueblos. Es por eso, que la cultura es un lugar central de la lucha política ya que cada persona o grupo, va a querer imponer sus ideas a los otros para convencerlos de que hagan o dejen de hacer determinadas cosas. Por ejemplo, cada vez que el Gobierno popular recuperó una empresa en manos del extranjero, como YPF o los Fondos de Jubilaciones manejados por pequeños grupos (AFJP), los Medios de comunicación repitieron que el país se iba a venir abajo y que los Gobiernos del mundo aplicarían terribles represalias: ninguna de estas cosas ocurrió y quedó demostrado que algunos Medios defienden los intereses de las empresas y de los Bancos extranjeros. La POLÍTICA es una actividad tendiente a organizar nuestra convivencia con el conjunto de personas, de Pueblos y de países. Por ejemplo, se puede hacer política en el barrio con los vecinos o en una Asociación de Fomento para mejorar nuestras veredas y calles. Además, se puede hacer política en un Partido o en una Agrupación social para mejorar un Municipio, la Provincia, etc. En todos los Proyectos Nacionales hay dos grandes planos políticos que deben considerarse:

Interno: es lo que hacemos políticamente en nuestro barrio, provincia o país. Como veremos en este punto, cada Proyecto Nacional impulsó o impidió que los trabajadores y los compañeros de los barrios se organicen y participen políticamente. Cuando hablemos del aspecto político interno, vamos a referirnos a cuáles fueron las figuras centrales en la historia del país.

Externo: aquí se incluyen las relaciones de la Argentina con las otras Naciones de la Región y del mundo.

IV.- Los tres Proyectos Nacionales a lo largo de la historia argentina

1- EL LIBERALISMO
Economía
En el plano de la economía el Liberalismo favorece a tres grandes Grupos:

A la Oligarquía terrateniente                                       Proyecto Agroexportador
A los Bancos                                                              Proyecto Neoliberal o Financiero
A los productores de los otros países a los que les compramos           Programa Importador

Para los liberales, Argentina solamente debería producir maíz, trigo, soja o carne. En este Proyecto, todos los productos que consumimos y que necesitamos para vivir son importados de las grandes potencias extranjeras. Estos Grupos impidieron el desenvolvimiento de la producción nacional y con esa finalidad, evitaron que se apliquen medidas para proteger e impulsar la Industria argentina. El Liberalismo no fue sustentable, sujeto a constantes crisis a lo largo del tiempo: cada crisis que se generó en otras latitudes debilitó fuertemente a nuestro país. Además, la economía Liberal endeudó a la Argentina beneficiando a los Bancos del extranjero y a sus aliados de adentro, que ganan especulando con la usura y que no producen bienes. Cristina Fernández de Kirchner argumentó al respecto: “El tema de la deuda viene desde el nacimiento de nuestra historia. Nació con la Baring Brothers, de Londres, el inefable Bernardino Rivadavia que todavía no sé por qué llevan tantas plazas y calles su nombre.”

Sociedad
Alto desempleo: ¿Cuál es el problema social principal del Modelo Liberal? Su Proyecto no genera puestos de trabajo ya que con algunos pocos obreros con máquinas, se resuelve la producción. Lo mismo ocurre con la propuesta de país de los Bancos que se implementó en los años ´90. En esa Argentina no había fábricas y traíamos todo de afuera: la ropa, las herramientas, los muebles, las maquinas, los electrodomésticos o los juguetes, se hacían en el extranjero. El resultante de ese Modelo de país fue el cierre de miles de talleres y fábricas y millones de familias argentinas sumidas en el desempleo y la pobreza.

Los Liberales quieren vender la Salud y la Educación: Para los liberales, el Estado sólo debe servir para cuidar los negocios de los poderosos y cada persona debe actuar en soledad, sin contar con apoyo alguno de la sociedad y del Gobierno. Es por eso que están en contra de la Educación y de la Salud gratuita para todos los argentinos. Se oponen a que el Estado proteja a los más débiles con medidas como las Jubilaciones o la Asignación Universal por Hijo. En definitiva, cada cual debería pagarse la Educación y la Salud, cuestión que dejaría como saldo que sólo las personas de altos recursos accedan a estos servicios. Quieren hacer negocios privatizando la Educación y la Salud. El que no tiene dinero para pagar, no puede atenderse en Hospitales o ir a la Universidad. Tampoco tienen Derecho a una Jubilación nuestros adultos mayores.

No distribuye la riqueza: El Liberalismo económico es una propuesta de país sumamente desigual, que favorece que los ricos lo sean más y que los pobres nunca dejen de serlo. Históricamente, los Liberales se opusieron a distribuir la riqueza. El último caso fechable fue el del año 2008, cuando la Oligarquía se resistió a pagar las Retenciones Móviles a las exportaciones.

Al no contemplar la Producción Industrial impide el Desarrollo de muchas Regiones: Los Modelos Agroexportador y el Neoliberal, benefician a pequeños sectores de clase alta rurales o de las grandes ciudades. Por el contrario, la mayoría de las Provincias son desindustrializadas, conduciéndolas a la miseria extrema. Las zonas del país cuyo clima no permite desarrollar la agricultura de exportación no tienen cómo conseguir empleo para sus habitantes. Es por eso, que el Liberalismo económico enfrentó históricamente a Buenos Aires y los intereses de su Puerto en relación a las otras Provincias. En muchos casos, cada producto importado por el Puerto de Buenos Aires quebró a un fabricante del Interior y su familia perdió el empleo y la única fuente de ingreso.

Política
Política Interna: Los liberales creen que la política es una actividad para algunos pocos argentinos adinerados: sólo las clases altas deberían intervenir en la actividad política. A lo largo de la historia, intentaron que el Pueblo no acceda a los cargos y para eso, obstaculizaron su ingreso obligando a que los electores o los candidatos tengan dinero o propiedad. Con la finalidad de imponer su Proyecto de país, no dudaron en aliarse a los militares reprimiendo al Pueblo. Los Golpes castrenses se efectuaron contra dirigentes amados por su Pueblo y los militares ocuparon el lugar de los votos que no tenían los liberales. Contra ese Proyecto represivo que genera pobreza y desigualdad, se levantaron los Caudillos federales del siglo XIX y las Organizaciones Libres del Pueblo en el XX. Por ejemplo, Bartolomé Mitre desde la Presidencia del país inició una “guerra de policía” contra los Caudillos de las Provincias del Noroeste Argentino. José Hernández denunció cabalmente este genocidio efectuado sobre nuestros Pueblos interiores y tras el asesinato del “Chacho Peñaloza” argumentó: “Los Salvajes Unitarios están de fiesta. Celebran en estos momentos la muerte de uno de los Caudillos más prestigiosos, más generoso y valiente que ha tenido la República Argentina. El Partido Federal tiene un nuevo mártir. El Partido Unitario tiene un crimen más que escribir en la página de sus horrendos crímenes. El General Peñaloza ha sido degollado. (…) El Partido que invoca la Ilustración, la decencia, el Progreso acaba con sus enemigos cosiéndolos a puñaladas. (…) ¡Maldito sea! Maldito, mil veces maldito, sea el Partido envenenado con crímenes, que hace de la República Argentina el teatro de sus sangrientos horrores.” Los liberales al no tener un Partido, aplican prácticas clientelares para comprar y vender voluntades. Su verdadera organización política actual, son la TV o los Diarios, que en nombre de la “libertad de expresión”, trabajan a su favor poniendo o sacando dirigentes de los cargos electivos.

Política Exterior: Los liberales quieren que la Argentina sea parte de Europa o de los Estados Unidos. Por eso, a lo largo de la historia impidieron que el país se vincule con nuestros vecinos latinoamericanos, dividiendo el Continente en muchas Naciones. Por ejemplo, en el año 1826 Simón Bolívar convocó al Congreso Anfictiónico de Panamá para avanzar en la Unidad latinoamericana y los liberales porteños lo rechazaron. En palabras de Bolívar: “El Congreso estaba destinado a formar la liga más vasta, o más extraordinaria o más fuerte que ha aparecido hasta el día sobre la tierra (…) el Nuevo Mundo se constituirá en Naciones independientes, ligadas todas por una ley común que fijase sus relaciones externas y les ofreciese el poder conservador en un Congreso General Permanente.” Bernardino Rivadavia renegó de la propuesta de Bolívar y sostuvo acerca de la convocatoria que: “La presencia de un agente británico sería la mejor garantía para todos los nuevos Estados que concurrieran al mismo (…) he decidido no apartarme en un ápice de la senda de los Estados Unidos quienes por la sabiduría y experiencia de su gabinete como por su gran fuerza y carácter nacional deberían tomar la dirección de la política americana.” Contradiciendo el mandato histórico de San Martín y de Bolívar, la Argentina dio la espalda a Nuestra América para mirar a Europa y a los EUA. Tal fue el sentimiento de distancia con los americanos de parte de los liberales, que Julio Argentino Roca (hijo del Presidente) anunció en los años ´30 que: “La Argentina desde el punto de vista económico, es una parte integrante del Imperio británico.” Por disposición de los liberales, fuimos dependientes de Inglaterra y luego desde los años 1955 y 1976, de los Estados Unidos. A partir del Golpe de Estado que derrocó al Gobierno constitucional del General Juan Domingo Perón, Argentina ingresó al Fondo Monetario Internacional y se estrechó a los intereses de EUA y sus Bancos. A partir de esa fecha, las decisiones del país fueron enajenadas a un conjunto de intereses financieros del extranjero.

Cultura
Los liberales desprecian las producciones culturales y materiales provenientes de nuestra Patria y es por eso que plantean que todo lo argentino es negativo. Juan Bautista Alberdi, quien fuera uno de los ideólogos de esta matriz de pensamiento, estableció que “gobernar es poblar.” Para darle contenido a esta idea, los políticos iban a asesinar a los nativos para importar europeos por intermedio de la inmigración. En sus palabras: “Cada europeo que viene a nuestras playas nos trae más civilización en sus hábitos. (…) En  América  todo  lo  que  no  es  europeo  es  bárbaro.” Con el objetivo de negar las razas y las culturas del Continente, asesinaron a los Pueblos Originarios y a los criollos del país y de América Latina. En su lugar, querían que vengan a ocupar sus funciones los europeos blancos y anglosajones. En esta misma línea de pensamiento, Domingo Faustino Sarmiento expresará que: “El indio se distingue de la manera más singular por una naturaleza apática e indiferente que no se encuentra en ningún otro, su corazón no late ni ante el placer ni ante la esperanza, sólo es accesible al miedo (…) tan incapaz de concebir como de raciocinar pasa su vida en un estado de estúpida insensibilidad que demuestra que es ignorante de sí mismo y de cuanto lo rodea (…) los araucanos serán más indómitos, lo que quiere decir: animales más reacios, menos aptos para la civilización y asimilación europeas.” Partiendo del desprecio de los habitantes locales, los liberales porteños desconocieron la música, la literatura, la vestimenta, la producción, las instituciones, las tradiciones y la historia del Continente, para copiar lo que se hacía en otras latitudes. Sus miembros se creyeron franceses o norteamericanos y les dio vergüenza y sentimiento de humillación ser latinoamericanos. Es por eso, que en las Escuelas y las Universidades americanas se enseña lo que ocurre en otros Continentes y se desconoce y se niega la historia y la cultura de nuestros Pueblos. Arturo Jauretche definió a este proceso como Colonización Pedagógica, dirigida a impedir la formación de hombres culturalmente libres y con una conciencia nacional. De esta forma, estableció que: “A la estructura material de un país dependiente corresponde una superestructura cultural destinada a impedir el conocimiento de esa dependencia, para que el pensamiento de los nativos ignore la naturaleza de su drama y no pueda arbitrar soluciones propias.” Como corolario del Proyecto Liberal, tenemos un coloniaje económico y otro cultural, los cuales se apuntalan y refuerzan mutuamente. Esta Colonización Pedagógica genera “zonceras” que se repiten desde el sentido común y que no nos permiten comprender lo que ocurre en el país. En palabras de Jauretche: “La idea no fue desarrollar América según América, incorporando los elementos de la civilización moderna; enriquecer la cultura propia con el aporte externo asimilado, como quien abona el terreno donde crece un árbol. Se intentó crear Europa en América trasplantando el árbol y destruyendo lo indígena que podía ser obstáculo al mismo para su crecimiento según Europa y no según América.” Las Instituciones formadoras y divulgadoras de la cultura son controladas por los personeros de la Oligarquía y de los poderosos del extranjero. Al descreer de las capacidades del país, la discriminación y el racismo contra nuestro Pueblo, son sus modalidades normales para explicar la cultura nacional. La idea central que enseñan a los jóvenes es el egoísmo y sostienen que cada cual debería salvarse a sí mismo. La Filosofía liberal, reivindica las ideas propias del mundo animal, al impulsar la lucha por la subsistencia bajo la primacía de los más fuertes que deberían remplazar a los más débiles. Asimismo, los liberales al negar la organización política del Pueblo, siempre manejaron la Prensa, las Radios o la TV, como medios óptimos para influir y conseguir apoyo de la sociedad.

2- EL SOCIALISMO
Nunca se aplicó este Proyecto en el país y es por eso que los Socialistas siempre fueron promotores de ideas o “buenas intenciones”, más que verdaderos gobernantes. En este contexto, tradicionalmente se buscó copiar lo ocurrido en otros países, tales como Rusia o China. Por eso, hay que tener en cuenta que no hay un sólo Socialismo, sino varios en función del Modelo que se quiere copiar.

Economía
En el terreno económico, muchos Socialistas de fines del siglo XIX proponían la construcción de un Proyecto de Libre comercio y Agroexportador, muy similar al de los liberales. Más tarde, la Izquierda empezó a tener en cuenta lo ocurrido en Rusia en el año 1917. En dicho país, en el plano de la economía, su Proyecto consistió en que desaparezca la propiedad privada. En este marco, el Estado es el dueño de todas las empresas y los recursos productivos de un país. En muchos casos, cuando no se permite la pequeña y mediana propiedad, se corre el riesgo de que desaparezcan los incentivos para producir y trabajar.

Sociedad
Las ideas: Se supone que en este Proyecto serían los trabajadores los beneficiarios directos de la producción y la distribución de la riqueza. En general, y por el contario, en nombre de esas ideas se aplicaron otras medidas muy diferentes. En sus primeros años, los Socialistas apoyaban leyes sociales importantes para los trabajadores, pero nunca llegaban a sancionarlas.

Los hechos: En los Estados Comunistas y a diferencia del planteo “ideal”, la realidad en muchos casos mostró otra cosa: los titulares del Partido político y los administradores del Estado podían tener todo el poder y vivir a costas de un Pueblo postergado.


Política
Las Agrupaciones Socialistas nacen en Argentina a fines del siglo XIX y el Anarquismo a principios del XX. Éstos últimos, plantearon la acción directa contra las injusticias realizando atentados violentos. Los Socialistas promovieron leyes sociales importantes, como fueron la de la jornada de 8 horas de trabajo o la regulación del trabajo infantil. Con el paso del tiempo, lo que ocurrió es que sus dirigentes fueron alejándose de la realidad de las masas populares. En diversas oportunidades, frente a la aparición de políticos que apoyaban a los trabajadores, la Izquierda los enfrentó aliándose a las Oligarquías. De esta manera, la Izquierda fue quedándose con “buenas ideas” pero sin apoyo popular. En muchos casos además, los Socialistas en nombre de “ideas perfectas” se enfrentaron a los Gobiernos que apoyaron a los trabajadores. Por ejemplo, Agrupaciones Socialistas acompañaron el Golpe de Estado en 1930 y también en 1955. En el año 2008, un sector importante de la Izquierda, estuvo a favor de la Oligarquía que cortó rutas contra el Gobierno popular de Cristina Fernández. Su apoyo a Dictaduras como la de 1955, favoreció que los trabajadores pierdan muchas de sus conquistas sociales.

Política Interna: Algunos grupos de Izquierda plantean que hay que hacer un Partido formado solamente por trabajadores, y es por eso que suelen ser muy pocos dirigentes reunidos en grupúsculos políticos sin injerencia cultural y social real. En general, son grupos de clase media que se autodefinen como representantes de los obreros. Al proclamarse como una vanguardia o como los únicos y los mejores dirigentes, descartan alianzas o la participación de los pequeños comerciantes, de las PYMES y de muchos argentinos que trabajan al servicio del país. El Pueblo encontró a sus verdaderos representantes en el seno del Pueblo, no en este tipo de Partidos sectarios.

Política Exterior: De manera similar al Liberalismo, los Socialistas miraban lo que ocurría afuera y desconocían lo acontecido en nuestro Continente. Este desconocimiento fue uno de los grandes dramas de las primeras luchas Anarquistas y Socialistas, que nacían alejadas de las mayorías populares. Con el paso del tiempo, quisieron copiar lo que ocurría en Rusia y más tarde en China.  Es por eso, que solían reproducir lo que pedían esos países y no lo que hacía falta en Argentina y en América Latina.

Cultura
Los Socialistas, de manera similar a los Liberales, creyeron que había que buscar afuera del país y de la Región los valores y las tradiciones que hacen a nuestra verdadera cultura. Querían representar a los trabajadores, pero como los argentinos no eran culturalmente “iguales a los europeos”, los enfrentaban acusándolos de ser algo así como “animales” o expresiones culturales autoritarias. En varias situaciones, se refirieron a las Movilizaciones populares del siglo XX como chusma, aluvión zoológico o como barbarie. A partir de estas ideas, justificaron la represión al Pueblo. La historia pregonada por la Izquierda Liberal es similar a la historiografía liberal clásica y en varios casos, solamente le añaden la fraseología de autores europeos. Así, donde la historia Liberal vea civilización y barbarie, la historia de la Izquierda Liberal sostendrá que hay una lucha entre “el atraso contra el Progreso” o el “Feudalismo contra Capitalismo.” Juan B. Justo, fundador del Partido Socialista, sostuvo que los dirigentes populares: “Pretendían paralizar el desarrollo económico del país y mantenerlo en un estancamiento imposible.” También dirigirán sus dardos contra el primer Movimiento Nacional del siglo XX acaudillado por Hipólito Yrigoyen. El dirigente Socialista Federico Pinedo -luego Partido Socialista Independiente-, se refirió despectivamente a los trabajadores radicales ya que sostuvo que: “Hubo el encumbramiento, por el favor presidencial de los elementos más inferiores de la sociedad.” La Izquierda Liberal también emprenderá críticas contra el Gobierno Nacional y Popular de Juan Domingo Perón. El intelectual argentino Ezequiel Martínez Estrada, argumentará que: “Perón convirtió a la Policía en su guardia pretoriana, un Ejército de mulatos antropomorfos, analfabetos juramentados, cuerpo montado que formaba parte de su corte. (…) Perón reclutó el lumpen-proletariado, era asimismo la Mazorca, pues salió de los frigoríficos, como la otra salió de los saladeros. Eran las mismas huestes de Rosas, ahora enroladas en la bandera de Perón, que a su vez era el sucesor de aquel tirano." De la misma manera que el Liberalismo, algunos Socialistas creen que hay que adaptar el mundo a sus ideas y no viceversa y es por eso, que suelen estar en contra de todo lo que hagan los Gobiernos y los dirigentes populares. Su especialidad suele ser oponerse a todos los Gobiernos más allá de los importantes logros que consiguen para los trabajadores y los sectores más vulnerables, sin ofrecer alternativas viables.

Izquierda Nacional: A diferencia de la Izquierda tradicional que ambicionaba copiar un Modelo de país del extranjero, muchos argentinos plantearon la posibilidad de hacer un Socialismo Nacional con la participación de los sectores populares, respetando sus costumbres e identidades. Se trató de dar mayor protagonismo a los trabajadores por intermedio de cooperativas, la participación en las ganancias de las empresas y la conducción de las fábricas, compartida entre empresarios y obreros. Entre estos dirigentes y pensadores, muchos participaron del Peronismo haciendo importantes aportes a la comprensión y promoción de un tipo particular de Nacionalismo Popular compuesto en su mayoría por trabajadores. Juan Domingo Perón introdujo la tesis del Socialismo Nacional en La Hora de los Pueblos. Hugo Chávez en Venezuela, Rafael Correa en Ecuador y Evo Morales en Bolivia, están impulsando muchas de estas iniciativas.  

3- EL NACIONALISMO POPULAR
A este Modelo de país lo denominamos Nacional y Popular. En Argentina lo representaron Juan Manuel de Rosas, Juan Perón y el Proyecto iniciado en 2003 por Néstor Kirchner y continuado hasta la actualidad por Cristina Fernández. Es Nacional, ya que defiende los intereses de la Argentina frente al Imperialismo, y es Popular porque beneficia particularmente a los trabajadores, a las PYMES, a los niños y a los jubilados de nuestro país.

Economía
El Nacionalismo Popular, a diferencia del Liberalismo, propone industrializar la Argentina. En el siglo XX, la defensa de la Nación y la promoción de la Industria se fusionan estrechamente. Con esa finalidad, el Proyecto Nacional implica:
- derivar recursos de los Sectores Financieros y los Bancos a los productores industriales
- transferir los recursos de las Empresas extranjeras a las nacionales
- modernizar y elevar el nivel de valor agregado de los productos agropecuarios
- democratizar la estructura productiva del agro atendiendo que la tierra es un bien de renta y no de especulación
- derivar las divisas del sector agropecuario al industrial
- promover la democratización de la estructura productiva concentrada para desarrollar las PYMES y las formas de trabajo cooperativas
-mantener un piso elevado de salarios desplazando recursos del empresariado al trabajador

La industrialización del país permite que la Argentina viva de su propio trabajo sin tener que pedir préstamos a otras Naciones. La Dependencia financiera con el extranjero es una manifestación de subordinación política. Un caso de ello, fue la gestión de Gobierno del Presidente De La Rúa que condujo al país a la crisis del año 2001. Éste mandatario profundizó el Programa Liberal destruyendo la economía del país y como no tenía fondos para asumir los gastos de la administración, pidió prestamos al extranjero. Los Organismos Financieros le solicitaron a cambio, que aplique recortes de sueldos y ajustes de los presupuestos sociales de los trabajadores. Resultante de ello: el sistema político y social argentino derivó en una recesión económica produciendo una verdadera tragedia social. Para que esto no ocurra, el Nacionalismo genera industrias, produce bienes en el país y le da poder al Estado para regular los recursos financieros. La Industrialización nos permite alcanzar la Independencia Económica que otorga Soberanía Política al país porque, en definitiva, defender a la Patria implica proteger la Industria nacional. En este Programa, el Estado planifica la economía en función del bien común sin que necesariamente desaparezca la iniciativa privada. A partir de acá, el Estado puede administrar de manera directa o conjuntamente con el sector privado, las Empresas de servicios públicos, los Bancos o los recursos naturales. Los argentinos tienen sus Empresas e iniciativas privadas o familiares y son apoyados por el Estado que controla servicios y recursos públicos estratégicos. En este Proyecto, los sectores agropecuarios pueden producir más y mejor ya que el Estado les hace las rutas, los puentes, les da energía, les subsidia el combustible, les entrega préstamos y/o capacita a su personal. A cambio, el Gobierno popular demanda que industrialicen su producción y que paguen impuestos para ayudar al conjunto de los argentinos.

Sociedad
El Nacionalismo Popular es profundamente Humanista y plantea que todos los argentinos tienen que tener el Derecho garantizado por el Estado sin distinción de clase, de religión o de raza, al Trabajo, la Salud, la Educación, la Recreación y la Cultura.

Pleno empleo: A diferencia del Liberalismo, el Programa Industrial genera trabajo y favorece que todos los argentinos y las argentinas tengan un medio para ganarse la vida dignamente. Los trabajadores consumen y hacen crecer el Mercado Interno, cuestión que permite que los productores vendan sus manufacturas.
Protección social: A lo largo de la historia del país y de Latinoamérica, el Nacionalismo Popular sancionó leyes sociales protectoras de los obreros y leyes reguladoras del trabajo de las mujeres y los niños. Para darle realidad a la Justicia Social, el Nacionalismo Popular argentino promovió los Planes de Viviendas para los trabajadores, construyó Escuelas, impulsó el Deporte y declaró la Gratuidad en las Universidades para que ingresen los grupos de bajos recursos.

Cloacas, asfalto, Obra pública y Salud para todos: El Nacionalismo Popular consolidó la infraestructura del país para todos, llevando agua, electricidad y gas a millones de argentinos. El Proyecto estableció la gratuidad masiva del Sistema de Salud y construyó Hospitales para todas y todos los argentinos.

Política
El Nacionalismo Popular defiende los intereses del país para que nuestro Pueblo viva plenamente. Es por eso, que necesita que todos los trabajadores se unan y se organicen para construir la nueva Argentina Soberana y Solidaria: los trabajadores, las Organizaciones Libres del Pueblo, los jóvenes y los adultos mayores, se suman a la transformación del barrio y el país en su conjunto. La política deja de ser un negocio de unos pocos para convertirse en una herramienta para mejorar la vida colectiva de nuestro Pueblo. De las pequeñas sectas de Izquierda o Liberales se pasa a la conformación de Partidos políticos masivos y movilizados. Las Organizaciones Intermedias adquieren protagonismo y vitalidad ya que son promovidas desde el Estado. Nace así, el Movimiento Nacional que articula a miles de argentinos bajo el objetivo de la Liberación Nacional.

Política Exterior:
Antiimperialista: El Nacionalismo, a diferencia del Socialismo y del Liberalismo, sostiene el objetivo de la Soberanía Política plena frente a cualquier potencia extranjera. Para este Modelo, cada Nación tiene Derecho a la Autodeterminación política y a organizar su Gobierno con sus propias características. Por lo tanto, es antiimperialista y que se opone a cualquier forma de agresión de un país contra otro. Con el objetivo de alcanzar la Soberanía, el Nacionalismo Popular implementó una férrea resistencia contra las diversas formas de ocupación extranjera. Algunos de los abusos foráneos fueron implementados por medios militares. Además, hay nuevas formas de ocupación que se ejercen por intermedio de mecanismos más sutiles: la economía y la cultura. Actualmente, la ocupación económica se implementa con los Tratados de Libre Comercio impulsados por los Estados Unidos o por el Fondo Monetario Internacional. Es por eso, que tanto el Gobierno actual como el Peronismo histórico, los rechazaron e implementaron la protección a nuestra producción nacional. Siguen existiendo ocupaciones militares del territorio argentino y es por eso, que Cristina Fernández continúa exigiendo de forma pacífica la devolución de las Islas Malvinas frente a los Organismos Internacionales.

Multilateral: Esta Política Exterior se denomina “multilateral”, ya que favorece que nuestra Patria se vincule con todos los países del mundo y no sólo con algunos de los Estados centrales.

Latinoamericanista: La Política Exterior del Nacionalismo Popular promueve la Unidad de América Latina, considerando que es la única forma de protegernos de las crisis mundiales y de las ambiciones políticas de las potencias. Asimismo, sostiene que por compartir una historia y una cultura en común somos una Gran Nación Americana.

Cultura

El Nacionalismo Popular promueve la Soberanía cultural y científico tecnológica de nuestros países. Por eso, parte de reconocer la condición mestiza de nuestros habitantes, contrariando el Modelo Neocolonial de la “civilización” impuesta por los liberales. El Nacionalismo Popular valora la cultura regional y promueve y divulga nuestra música, nuestra literatura o nuestro cine. Estos Gobiernos son los que impulsaron la defensa estatal del cine, la propiedad nacional de Medios de comunicación, las pautas obligatorias de divulgación de la música argentina en radios o los subsidios a la producción de libros. Promueve, además, la democratización del acceso a la Educación y a la cultura en todos los niveles. Con esta acción, se enfrenta a los Liberales que creen que la cultura y el esparcimiento es patrimonio de algunos pocos. Estos Gobiernos impulsaron la Gratuidad de la Universidad, la democratización del acceso al teatro, la recreación y el deporte. Por ejemplo, con la finalidad de democratizar la cultura, el Gobierno actual democratizó el acceso a la TV y a las nuevas tecnologías para todos los habitantes. El Liberalismo quería que la Argentina genere solamente productos agropecuarios con escaso valor agregado. Por el contario, el Nacionalismo fomenta la producción industrial que requiere tecnología avanzada. A partir de acá, la producción de la ciencia y la tecnología son pilares estratégicos del Modelo. 

El neutralismo de FORJA ante la Segunda Guerra Mundial

Por Juan Godoy

       En estas líneas pretendemos dar respuesta al siguiente interrogante: ¿por qué FORJA manifiesta una posición neutral durante la Segunda Guerra Mundial? La Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina nació en plena década infame (29 de junio de 1935, precisamente) en un sótano de la calle Corrientes 1778 (luego se trasladarán a Lavalle 1725), para mantener en alto las banderas yrigoyenistas, enfangadas por el alvearismo que había levantado la abstención revolucionaria, y para denunciar la entrega de la Nación Argentina el Imperialismo británico. Los forjistas construirán una herramienta de análisis político y lucha sumamente interesante que es la posición nacional. FORJA se constituyó como un movimiento profundamente original y nacional. No tomó herramientas prestadas de otras latitudes, sino más bien se lanzó a construir las propias. Mirar desde aquí, desde nuestra realidad latinoamericana y según nuestros intereses. No hay, de todas formas, rechazo de herramientas generadas en otros tiempos y lugares, no obstante sí existe el cuidado necesario de no importar acríticamente estas ideas. Esta posición trata de encolumnar a todos los sectores nacionales enfrentados a la oligarquía y al imperialismo tras el objetivo de la liberación nacional. Buscará así, romper la situación semi-colonial con respecto a Gran Bretaña. Conciben los forjistas que la nación es el pueblo (diferenciándose así del nacionalismo reaccionario). Cuando estalle el conflicto bélico mundial, FORJA será consecuente con esta posición nacional y se declarará neutral ante el mismo. Encuentra asimismo un antecedente e influencia en la figura de Don Hipólito Yrigoyen que había mantenido el neutralismo en la Primera Guerra Mundial,  propuesto un Congreso de neutrales, y negado el ingreso de nuestro país a la Liga de Naciones donde se pretende hacer a un lado a los vencidosTiempo antes del estallido de la guerra, los forjistas alertan el peligro de no tomar una postura neutral, “la guerra es inminente (…) una vez más, media docena de Estados pretenden decidir los destinos del mundo entero. Nuevamente, como en la guerra del 14, se quiere mezclarnos en la contienda en favor de nuestros opresores (otro escrito por Scalabrini sostiene) 300.000 argentinos morirán en la guerra europea, si el pueblo no defiende la neutralidad como lo hizo Yrigoyen, en la guerra de 1914-18, contra el voto de los socialistas y conservadores, de los intelectuales y del periodismo animado por el oro británico. La neutralidad es la única política auténticamente argentina y por eso solo FORJA puede sostenerla (…) en la guerra imperialista que amenaza a Europa, MORIRÁN 300.000 argentinos si el pueblo no se apresta a impedirlo, MORIRÁN inevitablemente porque servirán de carne de cañón, en los asaltos y ataques más peligrosos, como los negros de Senegal, MORIRÁN protegiendo al imperialismo británico en su lucha contra los imperialismos germánico e italiano.”

La neutralidad es la afirmación de la soberanía nacional. Es no dividirse por banderías extrañas que distraigan esfuerzos en la lucha nacional. Se trata asimismo de no unirse a nuestros opresores en aras de sus propios intereses. Esta posición no debe ser solamente argentina, sino que la tienen que tomar todos los países latinoamericanos, así afirman:“esa empresa común de todas las naciones de América oprimida, como lo fue en la hora heroica de su surgimiento, que se realizará por la acción conjunta de los pueblos para el cumplimiento de su destino libertador. Que cualquiera sea nuestra solidaridad con los pueblos arrastrados a la guerra por la mentira o la fuerza, tal solidaridad no amengua la conciencia de que más doloroso que la actual tragedia de Europa es la agonía de los pueblos coloniales o sometidos, condenados a muerte lenta por la explotación imperialista, conciencia que nos impone como primer deber la lucha por la redención de nuestros propios pueblos.” Más allá de las simpatías personales por uno u otro de los bandos, tienen que primar los intereses nacionales, la lucha por nuestros problemas, por la emancipación nacional. En relación a esto, Jauretche, en un discurso, expresa que “¿qué puede interesarle a ellos, de uno y otro bando, la miseria de los santiagueños o riojanos, si su alma es extraña a nuestro drama y están absorbidos por el odio que desatan las brutalidades de los campos españoles?... porque para muchos argentinos vale más la vida de cualquier marinero del mundo que la del propio hermano-”. En un volante interpelan al ciudadano preguntando: “¿los argentinos somos zonzos? Gandhi está con la libertad y la democracia, pero quiere que empiece por la India. Empecemos aquí con los frigoríficos, los ferrocarriles, el comercio de cereales, el servicio de luz y demás fuentes de nuestras riquezas nacionales que son las prendas de nuestra libertad. Ni las plutocracias, ni el nazifascismo pelean por nosotros. Esta tarea es nuestra.” Recordemos que Gandhi luchaba justamente contra el mismo imperio que oprimía a nuestro país, y que pretendía arrastrarnos a la contienda mundial.

Hacia el interior de la agrupación estaba prohibido hablar del tema, más allá que el militante forjista tuviera su “corazón” en un bando u otro. FORJA entonces, como agrupación, no se manifestará al respecto de ninguno de estos, solo se pronunciará por el sostenimiento de la neutralidad. La guerra es caracterizada como una guerra inter-imperialista en que nuestro país no tiene interés. La política neutral es analizada al mismo tiempo por los forjistas como un jalón en la conformación de una conciencia nacional. Luis Dellepiane  expresa al respecto en un cuaderno de la agrupación que la misma se encuentra en marcha, que ha llegado la hora de la emancipación, de la restauración de lo argentino. En dicho cuaderno considera que existe un dilema de hierro para nuestros pueblos, a saber: “o América se considera colonia de Europa y procede como tal, siguiendo las alternativas de sus distintas parcialidades, o se dispone, como entidad original, a luchar por una cultura y una justicia características”. Para finalizar, observamos que FORJA a partir de la definición de una política nacional se define por el neutralismo. Pretende el forjismo no perderse en luchas ajenas, y prestar las debidas fuerzas al proceso de liberación nacional. No dejarse arrastrar a conflictos que están más allá de nuestro interés. Es una cuestión de soberanía nacional y latinoamericana. Se trata de encontrar y hacer oír nuestra voz. Avanzar en la liberación de los pueblos oprimidos de nuestro continente, en una nueva emancipación latinoamericana. A su vez, considera que el pueblo argentino se reafirma como tal con la política neutral. La neutralidad, en la concepción forjista, servirá así para comenzar a desembarazarnos de las potencias extranjeras, cuyos intereses se han antepuesto muchas veces (al menos la mayoría) a los del pueblo argentino, para incrementar la unidad nacional y latinoamericana, al mismo tiempo que contribuir a la industrialización necesaria para una política nacional, y a la unidad de las fuerzas armadas del continente. No perder el objetivo principal que es la emancipación nacional. Cerramos con un fragmento de una carta a José B. Ábalos de Arturo Jauretche, en la que dice: “los germanófilos y aliadófilos que tanto se apasionan por los gringos aquellos se empeñan en no saber que para unos y para otros, nosotros somos negritos miserables destinados a la servidumbre.”



César Marcos: el Peronismo resistente

por Juan Godoy


El 16 de junio de 1955 la barbarie oligárquica se hacía presente nuevamente, esta vez, haciendo “llover” bombas sobre la población civil en el centro de la Ciudad de Buenos Aires dejando casi 400 muertos. Dos meses después se daba el Golpe de Estado, dejando inconclusa la Revolución Nacional. El nacionalismo católico, como en 1930, esta vez a cargo de Lonardi con su “ni vencedores, ni vencidos” dura poco: el 13 de noviembre del mismo año el liberalismo conservador probritánico encarnado en Aramburu y Rojas lo desplaza, y se hace del gobierno. El Contra-almirante Rial, en septiembre, mientras dirigentes de la CGT esperaban entrevistarse con el entonces Presidente de facto Lonardi, dejaba en claro el objetivo del golpe, recuerda Miguel Gazzera que les dijo: “Sepan ustedes que la Revolución Libertadora se hizo para que en este país el hijo del barrendero, muera barrendero.” Pero los millones de trabajadores peronistas no iban a dejar que la oligarquía se “la lleve de arriba”, entonces, se lanzan rápidamente a la Resistencia Peronista. Esa resistencia heroica que no se amedrenta con la represión, la tortura, ni con el Decreto 4161, ni aún con los fusilamientos. Esa resistencia que, en palabras de un militante del peronismo revolucionario, “El Cacho” Envar El Kadri era: “La de los que escondían los bustos de Perón y Evita, lucían el nomeolvides en la solapa, escribían panfletos a máquina y con carbónicos, y con tizones dibujaban el “Perón Vuelve” en las paredes; ayudaban solidariamente a las familias de los miles de presos, víctimas de las Comisiones Investigadoras; conspiraban con suboficiales y oficiales para dar un golpe. La de los trabajadores que defendían sus conquistas; la de los muchachos que ponían rudimentarios caños llevando el terror a las guaridas gorilas.”

César Marcos había nacido a principios de siglo, el 3 de septiembre de 1907, mientras la oligarquía porteña se preparaba para los festejos del Centenario como Granja de Su Majestad el Reino Unido, y el yrigoyenismo se encontraba conspirando y conformando lo que sería el primer movimiento nacional de nuestro país. De muy pequeño había adquirido, por consejo de su madre, el hábito de la lectura, de modo que a los 12 años leía a Marx en el tranvía. Lector voraz, con educación formal primaria, será autodidacta. Trabaja desde joven haciendo changas en el Mercado Dorrego. Luego de la conscripción, participa en el Ejército en la compañía de Archivistas, allí comienza a “escribir para otros”. Lleva a ser Suboficial del Ejército. Interesado por la historia argentina, asumiendo una posición revisionista, durante la década infame se integra al Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manual de Rosas. Años más tarde afirma: “La historia es siempre eso: una eterna lucha entre la opresión y la liberación.” Neutralista durante la Segunda Guerra Mundial, trabaja luego del golpe de 1943 como Director General de Espectáculos. Apasionado latinoamericanista, a su hija Mercedes le dice Ñusta (princesa inca). Por esa época, influencia a la figura de John William Cooke, quien era por entonces (sin “escapar” a la superestructura cultural de colonización pedagógica), anti-rosista, unitario, rupturista, y pro-inglés, bajo la figura de su padre, un radical conservador. Conversa asiduamente con el joven Cooke (Marcos le lleva poco más de 10 años), y “otorga a estas conversaciones una óptica nacional que resulta novedosa para ese John William Cooke atrapado aún por mitos de la escuela y del Radicalismo en declinación.” De allí, nacerá una profunda amistad que durará muchos años, y cuando Cooke sea Diputado en el primer gobierno de Juan Perón, éste es asesor del “Bebe”. Más tarde, en 1954 será artífice con Cooke de la Revista De Frente. Una vez producido el Golpe de Estado, Cooke se pone rápidamente en contacto con Perón: “Cooke fue (dice Perón) el único dirigente que se conectó a mí y el único que tomó abiertamente posición de absoluta intransigencia, como creo yo que corresponde al momento que vive nuestro Movimiento.” Comienza entonces, apenas producido el Golpe, junto con César Marcos y Raúl Lagomarsino, entre otros, a organizar la Resistencia Peronista. Organizan conjuntamente el Comando Nacional Peronista, que buscaba articular la lucha. El “Bebe” Cooke” nombrado por Perón el 2 de noviembre como su representante en la Argentina, y su heredero en caso de muerte, había sido detenido tiempo antes estando “guardado” en la casa del historiador José María Rosa. Cuando Cooke esté preso, quedarán a cargo en la “superficie” Marcos y Lagomarsino.

César Marcos había sido detenido una semana antes del levantamiento de Valle y Tanco en junio de 1956, junto con otros cinco militantes del Comando Nacional. Sufre estando detenido un simulacro de fusilamiento, e incluso el 11 de junio aparece como “fusilado” en la primera página de La Razón. Sale de la cárcel a fines del ’57. Veintisiete fusilados por una Revolución que no tiró ni veintiséis tiros, sostiene Salvador Ferla. Marcos dice al respecto de los fusilamientos. “es igual en Villamayor, en 1856, que cien años después, en 1956, en los basurales de José León Suárez, en los fusilamientos de Lanús y la penitenciaría.” César Marcos, como decíamos, será uno de los artífices de la Resistencia Peronista. Cuenta Marcos que: “en 1955 fue la caída. Entonces el cielo entero se nos vino encima. El mundo que conocíamos, el mundo cotidiano, cambió por completo. La gente, los hechos, el trabajo, las calles, los diarios, el aire, el sol, la vida se dio vuelta. De repente entramos en un mundo de pesadilla en que el Peronismo no existía.” Se lanza una consigna que unifica a la resistencia, un reclamo sin “medias tintas” que grita: Perón Vuelve. Asimismo afirma que: “tuvimos que entender que una insurrección auténtica no nace en los cuarteles sino en el seno del Pueblo. Las revoluciones legítimas no se improvisan ni surgen sin un proceso previo de maduración y de preparación.” Cuenta Marcos que los golpistas en la feroz represión que lanzan detienen a los dirigentes sindicales de primera e incluso segunda línea. Otros se exilian, algunos “negocian”. Allí surge entonces una “nueva camada” de dirigentes sindicales, que se hacen al calor de la lucha. Por entonces, en el año 1957 Marcos (junto con Lagomarsino), comienza a editar una publicación que llama (¿premonitoriamente?) El Guerrillero. En esas páginas se desenvuelve como editorialista, según consta en la investigación de Fernando Monzón (h), bajo el seudónimo de Juan Caracas (Juan por Perón, y Caracas porque el líder se encontraba en esa ciudad). Escribirá allí 17 editoriales entre el ’57 y el ‘58. La publicación es realizada desde las cárceles de Caseros y Magdalena. Desde allí denunciará a la “Revolución Fusiladora”. En uno de esos editoriales dice al respecto de este cambio de dirigentes: “nuevos hombres, nuevas fuerzas, son las que han asumido, en calidad y en profundidad, los comandos efectivos de la conducción (…) hemos sido espectadores, de primera fila, de una crisis total de la antigua dirección (…) pero de la misma entraña del Pueblo, de las filas del Movimiento, fueron surgiendo nuevos dirigentes.” Marcos no solía escribir, o mejor dicho no solía firmar los escritos que, en general, escribía para otros. Ha escrito hasta libros enteros para otros. Desde 1943 hasta que muere en el ’87, recibe en su casa a quien quiera conversar con él, “era cultor de una relación que podría definirse como socrática. Escuchaba atentamente, y respondía con respeto.” En otro editorial de “El Guerrillero” grita “¡a la lucha! Hambre, cárcel y tumbas ofrece el Gobierno al pueblo trabajador.” En el Nº 4 afirma la lealtad al líder exiliado, e identifica al enemigo sosteniendo que “el Movimiento no es una estancia, ni tiene patrones. Tiene sí, un jefe. (…) Un Movimiento como el nuestro se define precisamente por su intransigencia frente a los sistemas internos y externos, que deben ser destruidos.” Al siguiente editorial profundiza el análisis estableciendo: “es el enfrentamiento de fuerzas políticas perimidas contra fuerzas históricas en ascenso. (…) De un lado, el frío mecanismo de una política entreguista y cipaya, antinacional y antipopular. Del otro, la concepción y la práctica histórica, el fervor telúrico que se sinteriza en la Soberanía política, la Independencia económica y la Justicia social.” El de Marcos y El Guerrillero es un Peronismo intransigente, que se aleja de los pactos, y no ve otra salida que la vuelta sin condicionamientos de Perón a nuestro país, afirma en un editorial: “Dijo Perón: “el Pueblo no puede ser vencido.” Los que quieren seguir que sigan… La lucha entre el Pueblo y la oligarquía sólo puede resolverse por la insurrección. ¡Perón sí Otros no! Observamos cómo César Marcos, por un lado, ejerce su militancia en la conspiración, en el armado de los núcleos de la Resistencia, en el enfrentamiento directo con la canalla dictatorial; y por otro, al mismo tiempo, se dedica a reflexionar, hablar con los compañeros, seguir formándose, y a escribir como parte de esa lucha. En los años 70 Marcos, desde la Unidad Básica John W. Cooke abre espacios de discusiones con los sectores de La Tendencia, con los cuales encuentra proximidad. Si bien es crítico del gobierno de Isabel Perón, sostiene la idea que hay que evitar el golpe. Un compañero anota que “en la Resistencia (Marcos) fue una especie de guardián de la Doctrina (otro afirma que) todo aquel que pensara en una Organización revolucionaria dentro del Peronismo iba a ver al viejo.”

César Marcos fue uno de los principales actores de la Resistencia Peronista, esa acerca de la cual él mismo realizó esta certera reflexión: “después de Caseros pasaron más de ochenta años de escamoteo histórico, de falseamiento de la verdad nacional, de ignorancia premeditada de la época de Rosas el Grande. (…) NOSOTROS, LOS PERONISTAS DE LA PRIMERA RESISTENCIA, EVITAMOS LA REPETICIÓN DE CASEROS. Sin permitir que se apagara, mantuvimos encendida la llama sagrada de Perón. Y esa llama fue la que, al final, floreció en la gran hoguera del 25 de mayo de 1973."







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