lunes, 29 de junio de 2015

Francisco: un Papa que le queda grande a la Iglesia Católica


Las posiciones del Papa y la consecuente oposición que sufren, han evidenciado cómo el aparato de la Iglesia Católica se encuentra atascado en ideas conservadoras y retrógradas que son las que, en última instancia, le han valido la hemorragia de fieles que, o se pasan a otras confesiones, o se suman a las legiones de escépticos que crecen día con día.

Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica


El Papa Francisco
Con su Encíclica Laudatio Si’, el Papa Francisco posiciona a la Iglesia Católica en un tema central de  nuestro tiempo, de impostergable discusión y sobre el cual la humanidad no puede atrasar decisiones cruciales. Sin embargo, como dice el grupo Cristianos por el Tercer Mundo, hay que tener cuidado con las lecturas tergiversadoras del documento, que no han tardado en aparecer en el seno de la mismísima Iglesia, aligerando el mensaje claro y directo que la caracteriza.

En ella, se identifica con meridiana claridad cuál es la causa principal de la llamada “crisis medioambiental”: el capitalismo, la sociedad de consumo que devora todo a su paso con tal de producir ganancias que, por demás, se concentran cada vez más en menos manos.

Esto incomoda a los poderosos, y no se han hecho esperar las voces de quienes tildan al Papa de ignorante, incompetente y, ¿cómo no? comunista (¡faltaba más!).

El inefable Jeb Bush, precandidato a presidente de los Estados Unidos por el Partido Republicano, emulando el comportamiento troglodita de su padre y su hermano, fue uno de los primeros en salir al paso del documento. No ha sido, claro está, el único que en ese país ha dicho cosas en contra de lo que plantea la Encíclica. A Bergoglio lo han tildado de impulsar un “socialismo al estilo latinoamericano”, de ser “peligroso” y cosas por el estilo.

El Papa Francisco no ha dado la campanada solamente en esta temática. Sus declaraciones en torno a los homosexuales o los divorciados, por ejemplo, tienen asustados, y secándose las manos sudadas en la sotana por los nervios, a toda una legión de curas conservadores que se atragantan con lo que dice.

Y la oposición cerrada empieza en el Vaticano mismo, en donde los intereses de la curia no conocen escrúpulos. Como se sabe, extractos de la Encíclica se filtraron a la prensa antes de su presentación, lo cual fue interpretado por algunos como una estrategia de los sectores más conservadores de la iglesia para disminuir el impacto mediático del mensaje del pontífice.

Las posiciones del Papa y la consecuente oposición que sufren, han evidenciado cómo el aparato de la Iglesia Católica se encuentra atascado en ideas conservadoras y retrógradas que son las que, en última instancia, le han valido la hemorragia de fieles que, o se pasan a otras confesiones, o se suman a las legiones de escépticos que crecen día con día.

En Europa, las descalificaciones que sufre el Papa también tienen otra tónica: la xenofobia, y la mirada peyorativa de los europeos hacia todo lo que venga de Asia, África o América Latina. Esta mirada eurocéntrica, que mira sobre el hombro todo lo que venga “del subdesarrollo”, escucha con sorna lo que dice y espera que, por su edad, no esté por mucho tiempo en ese lugar en donde los incomoda.

Se trata, en última instancia, de la lucha de clases en el seno de la Iglesia. Los que lo denigran velan por sus intereses, en primer lugar económicos, y por todo lo que refuerza su dominio. Y la Iglesia ha sido, desde siempre, su aliada incondicional, desde la más alta autoridad hasta el cura del pueblo. Verla decir lo que dice hoy, por boca de Francisco, lo ven como traición y añoran, hasta las lágrimas, los tiempos en que quienes se promovían para santos eran personajes como la Madre Teresa, y se aceptaban como buenos en el Vaticano los chismes contra Monseñor Romero.


Han cambiado los tiempos y parece que el papa se ha cerciorado de ello pero no su Iglesia. Tenga cuidado Francisco porque, como se ha visto ya en otras oportunidades, la curia romana no le teme al Dios que pregonan, y son capaces de las más bajas acciones con tal de poner a buen resguardo sus intereses.

martes, 23 de junio de 2015

Siete prejuicios antiguos sobre la educación superior



Pablo González Casanova

1 Prejuicio: la educación superior debe ser para una élite, no para las masas.

2- Prejuicio: la educación superior disminuye la calidad conforme se imparte a un mayor número de gente.

3- Prejuicio: sólo una proporción mínima es apta para la educación superior (digamos el 0,01 o el 1%).

4 – Prejuicio: para la educación superior se debe seleccionar a los más aptos.

5- Prejuicio: no se debe proporcionar educación superior más allá de las posibilidades de empleo.

6- Prejuicio: el Estado ya está gastando demasiado en educación superior. La educación superior no debe ser gratuita o semigratuita.

7- Prejuicio: no se debe querer que todos sean profesionales. Sería horrible un mundo en el que no hubiera obreros.



Fuente: Darcy Ribeiro (2006) La universidad Nueva: un proyecto, Biblioteca Ayacucho, Venezuela. 

domingo, 21 de junio de 2015

Los hombres pasan, los pueblos quedan

Los hombres pasan, los pueblos quedan
Aritz Recalde, junio 2015

Uno de los grandes desafíos de los gobiernos populares de Iberoamérica, es el de consolidar en el tiempo los logros alcanzados. Muchos programas de transformación política, vieron dificultados su continuidad con la desaparición física de los líderes. La Revolución Justicialista no fue lo mismo sin Juan Perón. El proceso de transformación política de Chile de Salvador Allende, fue único e irrepetible. Cuba sigue teniendo un gobierno con participación de Raúl Castro. La muerte de Néstor Kirchner y de Hugo Chávez, obligaron a los pueblos de Sudamérica a una compleja tarea de reorganización política y social. 
Frente a este dilema se puede caer en una solución simplista, proponiendo la desaparición de los ejecutivos fuertes. Tal cuestión suele ser impulsada por los intelectuales del liberalismo, que postulan una interpretación negativa sobre el rol del poder ejecutivo en la política. Es habitual que a la hora de analizar la política del siglo XIX,  denuncien el “caudillismo” y en el XX reiteren su cuestionamiento a los dirigentes que consideran “populistas”. Para algunos divulgadores de la ideología liberal, la función del poder ejecutivo es sustituida por consignas vacías como son la división de poderes, las instituciones o la república.
Los sectores populares se identifican con hombres concretos y no con consignas abstractas o armados políticos impersonales. Para el pueblo la soberanía reposa en el caudillo y en el dirigente sindical, partidario o social. Por eso no es casualidad que con el objetivo de debilitar al pueblo, los liberales impulsen una división de poderes “negativa”. Para el liberalismo los poderes judicial y el legislativo tienen que “controlar” al ejecutivo. Incluso, los medios de comunicación son conceptuados un “cuarto poder” de la sociedad civil, que también tiene que limitar a los intendentes, a los gobernadores o a los presidentes elegidos democráticamente.

Si negar la importancia de las figuras individuales en política, es innegable que cumplen un rol histórico finito y que su legado tiene que ser continuado y profundizado en el tiempo. Con esta finalidad, consideramos que hay tres actividades fundamentales que deben garantizar los programas políticos, si es que quieren trascender a los hombres:

-          Fortalecer la organización política.
-          Afianzar la conciencia y política y social del pueblo.
-          Avanzar en la institucionalización de los logros de la gestión.

La actividad política se desenvuelve como una disputa permanente de intereses económicos, territoriales o ideológicos. En paralelo a que un gobierno distribuye la riqueza para emancipar al pueblo, la oligarquía se organiza y resiste para conservar sus privilegios. Cada recurso nacionalizado y puesto al servicio de la mayoría, va a recibir  una reacción del poder trasnacional. Consideramos que sin una organización popular, los logros de un proceso político corren el riesgo de ser nuevamente un botín de la oligarquía. La organización tiene que atravesar todo el tejido social, cultural y político. Difícilmente un pueblo pueda alcanzar la justicia social sin sindicatos fuertes, sin organizaciones sociales movilizadas, sin ámbitos juveniles, sin agrupaciones empresarias, sin medios de comunicación o careciendo de frentes de intelectuales y artistas.  Si un proceso político tiene un conductor, pero no una organización que lo trascienda, será derrotado por las minorías de adentro y de afuera.

La organización popular va a depender del nivel de conciencia de un pueblo. La conciencia social no se adquiere solamente en los libros, sino que es el resultante de la emancipación material de una comunidad. El trabajador que alcanzó el derecho a la salud, a la educación o a una jubilación como resultante de un gobierno popular, tendrá más posibilidades de asumirla culturalmente como parte de una obligación del Estado, que si esa demanda se lee en una plataforma partidaria. La conciencia social se conforma como registro cultural histórico y se transmite de una generación a la otra. La conciencia política de un pueblo se profundiza en su ejercicio concreto en la administración del poder. Además, toda organización tiene la obligación de acompañar la formación doctrinaria de los dirigentes. En este contexto, juegan un rol importante los intelectuales que sistematizan la historia de las luchas populares y las reincorporan al espacio político como ideología revolucionaria. Un pueblo sin conciencia social de sus derechos y sin claridad política de su rol en la historia, puede ser derrotado por la oligarquía. Si los miembros de una comunidad nacional no tienen conciencia política, difícilmente puedan a organizarse.

Finalmente, los avances económicos y sociales de un proceso transformador deben institucionalizarse. De esta forma, las acciones de gobierno pueden consolidarse como política de Estado y pasar de una generación a la otra. La institucionalización de los programas sociales o económicos del nacionalismo popular, es un instrumento estratégico para desandar el marco jurídico de la oligarquía. No es casualidad que en las últimas décadas Venezuela, Bolivia y Ecuador impulsaron reformas constitucionales dotando al Estado y a las organizaciones libres del pueblo, de recursos económicos y políticos. La institucionalización de una política no es en sí mismo garantía de su continuidad, tal cual quedó demostrado con la derogación de la Constitución Argentina de 1949 por parte de la contrarrevolución de 1955. Su contrario también debe plantearse y es más fácil para las minorías recuperar sus privilegios, si los derechos del pueblo y de la nación no fueron institucionalizados.  

    



jueves, 11 de junio de 2015

DORREGO Y LOS PROFETAS DEL ODIO

Ernesto Jauretche, La Plata, 11 de Junio 2015

Manuel Críspulo Bernabé Dorrego. Amado por el bajo pueblo, respetado por los poderosos, venía abriendo anchas avenidas a la igualdad social, a la democracia y a la confederación, en las estoicas tierras de las provincias del Plata.

A las vueltas de la vida, que dedicó en sus primeros años como espada al servicio de la emancipación americana, puso sus afanes en la conciliación nacional y la construcción de un futuro de patria grande y pueblo feliz para los suramericanos. El arisco Dorrego era la gran esperanza de los pobres: poner fin a la anarquía de una lucha de intereses que descansaba sobre el sacrificio de las mayorías.

Lo sabemos: como hoy, ese camino suele estar tachonado de traición y perfidia. Un pueblo en marcha hacia su beatitud genera el odio de los privilegiados.

A los 41 años enfrentó el pelotón de fusilamiento como lo que era: un valiente soldado, hombre de honor y coraje, un abnegado y servicial caudillo popular. Si morir era una ofrenda a la necesaria reorganización nacional, entregaba incondicionalmente su vida. Ejemplo. Decenas de miles de jóvenes siguieron ese rumbo de héroes a lo largo de nuestra historia.

Lavalle es responsable de ese crimen ante la memoria y la historia, ejecutor y único reo sin condena. Y de la calamidad que desató. Es atroz la decisión criminal de matar al camarada de las guerras por la emancipación americana; pero mucho más grave es el error político que se deriva de su elitista mirada del pueblo y sus destinos.

Se le han buscado toda clase de atenuantes; incluso la famosa correspondencia de los intelectuales unitarios, que lejos de exculparlo pintan como un pelele al condecorado combatiente.

El, sólo él: osado general de mil batallas por la emancipación americana, habrá de cargar con lo imperdonable, un baldón que ultraja fatalmente el inefable honor que cultivaba. Uno solo, un desafortunado aunque meditado acto, en acontecimiento que merece reflexión de todos los hombres, nubló para siempre su lugar en la historia, su memoria, su valor, su talento.

¡Pobre de él!

A su pesar, creemos los hombres de buena fe que la insufrible servidumbre de ese infame asesinato lo ha perseguido, lo persigue y lo perseguirá a través de los siglos. Ni siquiera la poética imagen de su corazón conservado en aguardiente atravesando la quebrada de Humahuaca lo redime. Ni la pluma inglesa de Jorge Borges ni el vulgar bolígrafo de Félix Luna, ni romances, lamentos folklóricos, vidalitas, aunque rescaten un hombre que fue soldado de San Martín, con el tiempo apenas un nombre, pueden borrar aquel arbitraje antipatriótico, antipopular y antidemocrático.

Quienes lo usaron cometen un delito continuo. Una vez más en el espíritu de los hombres de casaca negra, los Varela y los Rivera Indarte, el mismo Echeverría apostrofando al asesino, concurren con los Mitre y los Magneto, los Bullrich y los Pinedo, junto a las autoridades de caducas academias. Porfiados e impenitentes actúan homenajes crueles, vengativos, abominables, al pie de la alta columna que en Plaza Lavalle encumbra el bronce de la espada sin cabeza. Sólo el diario La Nación los registra.

Sí, justo allí; a un lado de la Plaza que llamaron Lavalle, en Talcahuano y Tucumán, mirando insolente y contumaz hacia el Mirador Massue, construido en 1903 sobre las ruinas del solar de la familia Dorrego, hoy bellamente reciclado por arquitectos benévolos y tal vez ignorantes de la tragedia que conmemoran, la seca mirada de bronce de Juan Galo de Lavalle preside tan anacrónicas como hostiles ofrendas y cortesías. No persiguen redención sino reafirmar que allí siguen, presentes, los profetas del odio.

Dorrego vive y nos acompaña en esta hora dichosa argentina.

Pero es dolorosa la imagen metropolitana de celebración de una derrota popular en una ciudad que, como continente sangrientamente logrado de Capital Federal, debe pertenecer a todos los argentinos.




domingo, 7 de junio de 2015

El pragmatismo neoliberal, etapa superior del darwinismo



Aritz Recalde, junio 2015

“El hombre es lo que hace. Hay hombres que dicen muchas cosas, pero hacen otras. Hay una frase que lo resume: el que no es capaz de vivir como piensa, concluye pensando cómo vive”. Padre Hernán Benítez

Aseveró Charles Darwin que desde el origen de la aparición de las especies, estas evolucionan y sufren modificaciones permanentemente. Los seres vivos luchan por la existencia y se encuentran inmersos en una selección natural, que garantiza la supervivencia de los más aptos por sobre los débiles. Ese proceso de evolución, de adaptación y de cambio es lento y se ejerce en una lucha sórdida por la cual cada especie se esfuerza por aumentar su número. Las condiciones de vida pueden cambiar y con ella también los seres que logran mutar adaptándose al medio. La lucha por la supervivencia está caracterizada por la guerra en la naturaleza, el hambre y la muerte. Para Darwin y como resultado de este proceso, los seres vivos tenderían a la perfección y el progreso.
   
No fueron pocos los intelectuales liberales que postularon que la competencia del capitalismo, era asimilable a la selección natural. Resultado de la lucha por la supervivencia, los hombres más aptos van a triunfar en una tendencia natural y justa, hacia la evolución social.
Esta ideología de raíz darwinista, es la que moviliza a las corporaciones capitalistas y al pragmatismo político neoliberal. En la economía liberal el Estado tiene que mantener al hombre en su condición natural de competencia, ya que si el actor más débil (por ejemplo, las pymes o el obrero) sobrevive frente al más poderoso (capital europeo o norteamericano), se produciría una distorsión y la sociedad sería conducida a la decadencia. Los débiles al mando del Estado y de la economía, tarde o temprano, llevarían a la desaparición de la especie. El proteccionismo económico es una manera de suprimir la lucha por la supervivencia y los naturalmente débiles, ocuparían un lugar para el cual no están preparados.
Sectores de la clase dirigente de la Argentina, se manifestaron públicamente a favor de estas ideas económicas y políticas. Por ejemplo, Sarmiento convocó al exterminio de negros, de indios y de criollos por considerarlos razas inferiores. En su lugar, impulsó la inmigración blanca de EUA y de Europa. Alberdi quien compartió buena parte de esa noción, mencionó que “civilizar es poblar” y lo institucionalizó con la Constitución de 1853, que le daba derechos al europeo, en paralelo que el nativo era oprimido y asesinado. Había que trasplantar el blanco en América, para terminar con las razas consideradas débiles y bárbaras. No es casualidad por eso, que Sarmiento o Alberdi  favorecieron la ocupación militar del continente. Sentían, profundamente, que la raza fuerte europea tenía el derecho y la responsabilidad, de imponerse al débil bárbaro sudamericano.

En el terreno de la práctica política, el neoliberalismo postuló el pragmatismo llano de la lucha por la supervivencia. En su óptica, los partidos políticos tienen que formar parte de la lucha por la supervivencia, sin más causa o finalidad que la extensión de la vida de sus propios miembros. Es a partir de acá, que el activista no tiene moral, ética o doctrina alguna, más allá de su acumulación gregaria de poder (económico, militar o de género).
Para el pragmatismo neoliberal el principio y el fin que mueve toda actividad política, es perpetuarse en el cargo. Es por eso, que la ideología o la manifestación de casusas trascendentes, es solamente un discurso coyuntural o de campaña. El mismo dirigente puede apoyar un proyecto de país y al poco tiempo a su contrario, sin sentir contradicciones. Incluso, es necesario que lo haga ya que denota con esa acción una manifestación de su evolución. Cambian las condiciones de existencia internacionales y el dirigente se adapta para sobrevivir y con esa finalidad, puede destruir un país, empobrecer una clase social, perseguir una raza o silenciar una tradición étnica completa. Para el pragmatismo neoliberal, los debates intelectuales son una pérdida de tiempo y su lugar tienen que ocuparlo los comunicadores a sueldo, que reiteran las ideas que conviene en cada momento, sin importar lo que ocurra con ellas y si deterioran la soberanía nacional o social de un pueblo.  
En el pragmatismo neoliberal todos los dirigentes son, por definición, traidores, egoístas y oportunistas, ya que son movidos por el instinto y por la voluntad de poder. La posición contraria es una muestra de debilidad, que puede conducir a la expulsión de un dirigente de un partido por “idealismo”. Para el dirigente neoliberal el mejor aliado político es el idiota sin escrúpulos. No es casualidad por eso, que frente a la muerte de un mandatario neoliberal, quede un vacío y que abajo no existan condiciones para la alternancia. Es natural en una transición política neoliberal, que asuma el más siniestro y cruel de sus colaboradores, que al modo de un lobo, consiga erradicar a sus competidores.     
En un sector partidario del neoliberalismo, se difunde la pauta de que el político es como el cauce de los ríos: si no avanza se estanca y si se estanca se pudre, contaminando todo el ambiente que lo rodea. Al no existir lealtades, ni ideologías, ni proyecto colectivo alguno, es natural la guerra partidaria, las conspiraciones y las traiciones permanentes. La lealtad en la política neoliberal es una frase de salón, que se menciona sabiendo que la única nobleza que mantiene unidos a los hombres, es el mantenimiento y la reproducción del poder.
Atendiendo que la política es un medio para sobrevivir en la competencia capitalista (naturaleza), los partidos liberales acceden a las instituciones públicas para acumular riqueza individual y escapar a la muerte. El Estado liberal es un botín de los triunfadores de la batalla electoral y solamente distribuyen algún recurso público, al momento de construir opinión y ganar otra elección. El gobierno no tiene más finalidades trascendentes que permitir que las corporaciones capitalistas y que la clase política, acumulen poder.
La diferencia entre clase política, gobierno y Estado no existe y es habitual que solamente la muerte separe al dirigente del cargo. Los lugares del Estado son ocupados como resultado del acuerdo político y no importa la idoneidad de sus miembros o los objetivos de la institución. La planificación de las acciones del Estado es el mero resultante de la guerra política. En su óptica, la salud, la educación o el transporte de un país puede caer en manos de cualquiera, solamente es necesario conservar el cargo como resultado del pacto fundacional de la clase. El asesor de medios le dirá al dirigente qué postular frente a la sociedad y las corporaciones qué debe o no impulsar. No importa que la institución cumpla una función social o de utilidad nacional.   
La conducción política neoliberal administra los partidos e instituciones con el terror y aguzando la condición gregaria del hombre. En el liberalismo rige la pauta de “enemistar a tus subalternos para reinar eternamente”. El pragmatismo neoliberal destruye la organización para mandar individualmente. En la política neoliberal la actividad sexual vale más que muchas ideologías o lealtades.

A diferencia del mundo natural que explicó Charles Darwin, el hombre en su lucha por la supervivencia no progresa y no alcanza una situación de estabilidad con su ambiente. El humano es capaz de destruir el ecosistema en el cual vive y pese a tener abundancia de alimentos, mantener a la mayoría animal en la más profunda de las hambrunas. El hombre liberal a diferencia del animal, mata por negocios y no encuentra un límite a su acción depredadora, como podría ser la saciedad del hambre.
El pragmatismo neoliberal manejó el mundo alrededor de tres décadas. Los animales más fuertes fueron las corporaciones de los EUA y de Europa, que condujeron al sistema mundial a la debacle total. La economía, el medio ambiente, las instituciones o el empleo de la mayoría de los hombres, fueron destruidos desde fines de los años setenta. Muchos humanos perdieron en el siglo XX, los derechos por los cuales lucharon en el XIX. Incluso, no pocos países iniciaron el siglo XXI con niveles de atraso superados con anterioridad. La corrupción y la decadencia moral de la dirigencia neoliberal, llegó a la cabeza de presidentes y de organismos internacionales tan disímiles como el FMI, la FIFA o el Vaticano.
Para poder sobrevivir al neocolonialismo y al pragmatismo neoliberal, los pueblos conformaron una clase dirigente con vocación nacional y social. Contra el pragmatismo neoliberal que destruye y sepulta al hombre, se levantaron las ideologías, las religiones y las doctrinas nacionales y populares. En Sudamérica de fines del siglo XX, Hugo Chávez inició el camino de rencuentro de los animales individuos, con la humanidad y con la búsqueda de justicia. Ese camino lo continuaron las organizaciones libres del pueblo en la Argentina, Brasil, Bolivia, Uruguay o Ecuador. Ese cambio no se detiene en el mundo y al Vaticano anquilosado, le llegó su Papa Francisco.
Actualmente y frente a las presiones del capitalismo mundial, Iberoamérica se encuentra en una encrucijada. O los pueblos se organizan y elevan una dirigencia patriótica al mando del Estado y de la nación, o la clase política neoliberal y las corporaciones extranjeras, retrotraerán al hombre a su condición de esclavitud. 


miércoles, 3 de junio de 2015

La participación de los trabajadores en la conducción de la Universidad


Editado por ATULP

Experiencias históricas del sindicato y de los compañeros Rodoldo Achen y Carlos Miguel

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¡Líbranos Señor!



Manolo Ares

“No nos metas en tentación, sino líbranos del inicuo” Mateo 6,13

  Es el final del Padrenuestro, cuya versión más extendida por estos lares es aquella que culmina con un: “líbranos del mal” pero,  en textos bíblicos originales, aparecen otros calificativos  como el ya mencionado inicuo o, también, malo; es decir, “líbranos del malo”. Todas acepciones referidas a un ente harto conocido: el Diablo. Se me ocurre que esta generalización textual (decir “líbranos del mal” no es igual que decir  “líbranos del inicuo o del malo”) y la costumbre de repetir fórmulas, produce que los cristianos pensemos en diversos males referidos a la salud, a lo económico, climático o algún vecino que nos tiene hartos, des-focalizándonos de tal modo  del Mal al que se refiere el texto, que es el Mal original. Ergo, el origen de todos los males. Por su parte, inicuo deriva del latín y puede significar: injusto, inequitativo o desigual, según contexto; palabras que con el tiempo derivaron hacia hostil y malévolo. Estamos hablando pues de la calidad de las conductas. De disvalores.
En general, la cultura consumista ha presentado al Diablo como un ente que cuando asume la materialidad lo hace en formas que rozan lo grotesco. Así, cuernos, cola, alas de murciélago, colmillos desmesurados, etc., son los atributos físicos habituales que le adjudican el cine, la TV, y otros medios, en historias cuyos protagonistas lo combaten también con medios materiales, generalmente armas. Esta parafernalia ficticia no asusta a nadie pero, desde lo intelecto-espiritual causan el pernicioso efecto de que nos olvidemos del Mal que, evidentemente, existe. Y, ¿qué es mal? Desde lo teológico, el mal tiene existencia pero no esencia (San Agustín) puesto que es un agujero en la Creación producido por la caída del arcángel Lucifer (o Luzbel, o Lucero) y su cohorte de ángeles también caídos. Como un agujero en una pared, si la pared (la Creación) no existiera tampoco el agujero (el Mal). La palabra Diablo deriva del griego cuyo significado etimológico refiere a “tirar mentiras” o también a “el que separa”. Por su parte Satanás, vocablo hebreo, significa “opositor” y/o “acusador sentado en asiento de juez”. De lo dicho podemos inferir que Lucifer y sus acólitos mienten, separan, actúan de manera contraria -que podría  representarlo el acusador-juez-, y se oponen. ¿A qué se oponen? Pues, a la obra de Dios. Anarquizan e intentan destruir la Divina Armonía, porque Luzbel cayó por el pecado de soberbia (que es la madre de los demás pecados), es decir, el querer ser como Dios. Pecado que trasladó a Adán y Eva y, a su través, a toda la Humanidad que lo practica con entusiasmo. Ahora bien, arcángeles y ángeles son seres espirituales constituidos por inteligencia pura, de modo que (y aquí comienza mi hipótesis) la manera más directa,  sutil y perversa que tienen los demonios de materializarse, resulta sin duda cooptar o instalarse en espíritus humanos y no aparecerse colmilludos en medio de una hoguera. Y los seres humanos (por aquella tensión que sufrimos por constituir el eslabón racional entre lo terrenal y lo celestial que indica la Escolástica) somos proclives a dejarnos seducir por los bienes de este mundo y el Príncipe de este mundo es, precisamente, Luzbel. Dicho lo cual me pregunto, ¿qué desbarajuste en la Creación podrían causar los espíritus impuros copando el alma de una persona común, digamos, un almacenero o un obrero? Y me respondo: a lo sumo destruir el microcosmos de ese individuo, pero no desbaratar el mundo. De tal conclusión resultaría evidente que para conmover  la obra de Dios en la tierra deben encarnarse en humanos con poder, con mucho y verdadero poder, que son los más proclives a la seducción de Satán por la soberbia que el poder nutre. Así, por ejemplo, líderes mundiales a los que seducen las guerras comerciales como la familia Busch. Un “acusador en asiento de juez” como Griesa. O un maldito como Paul Singer. Porque un maldito se define como un autocondenado al mal, un ser que se regodea en el mal por el mal mismo. Esta clase de seres serían, en mi opinión, la verdadera materialización del Mal en tanto que sus disvalores involucran a millones de seres humanos. Y la única manera de combatirlos es por medio de las potencias del alma a que refiere San Juan de la Cruz: Memoria, Entendimiento y Voluntad. De modo que, ten piedad Señor, y ayúdanos a librarnos de los inicuos.



                                                                                         


martes, 2 de junio de 2015

Bases para la Nueva Universidad

Propuesta de organización de la institución de la Federación Universitaria de la Revolución Nacional (FURN)

Sobre estos principios de organizó la UNLP en el año 1973. Intervinieron activamente los docentes, estudiantes y no docentes destacándose Rodolfo Achen y Carlos Miguel.

Decargalo en PDF acá

Qué modernos son los modernos

 POR TEODORO BOOT Por más que el manejo de las redes sociales y el dominio de las técnicas de manipulación puedan hacer creer que imper...