lunes, 31 de octubre de 2016

jueves, 27 de octubre de 2016

Presentación de "intelectuales, peronismo y universidad" - Ciudad de Córdoba


El odio oligárquico


Por Juan Godoy*

“Lo que yo nunca le voy a perdonar a Perón es que durante su gobierno y luego también, el negrito que venía a pelear por su salario se atrevía a mirarnos a los ojos. ¡Ya no pedía. Discutía!” (Robustiano Patrón Costas)

Un tiempo atrás trascendió que en una de sus reuniones habituales con referentes sociales, el Papa Francisco manifestó: "ustedes son muy jóvenes y no lo han vivido, pero esto que está pasando en la Argentina lo veo como una especie de revanchismo hacia los sectores populares y los trabajadores, como fue en 1955". (Infonews. 5-3-2016) A partir de esta idea con la que coincidimos, queremos reflexionar acerca de la violencia de la oligarquía argentina en relación al peronismo.
Salvador Ferla en su revelador libro sobre los fusilamientos del 56, manifiesta que la oligarquía “los días subsiguientes al 17 (de octubre de 1945) hubiese asesinado de buena gana a cada uno de los manifestantes. Nace entonces la idea del crimen. La aspiración al genocidio. Comienza la génesis del 9 de junio (de 1956)”. (Ferla, 2008: 23) Mucha razón tiene el escritor en su punzante frase. Es más en la desconcentración del día que se sublevó el subsuelo de la patria, desde el edificio del diario Crítica (sobre Av. de Mayo) que había escrito en su edición vespertina del 17 mismo que “grupos aislados que no representan al auténtico proletariado argentino tratan de intimidar a la población. El anunciado movimiento popular de los peronistas ha fracasado estrepitosamente, en un ridículo de extraordinarias proporciones” (Rep. en Baschetti, 2015), se hace presente el odio con una descarga de tiros sobre la multitud que hace caer al conocido como el Primer Mártir del peronismo, el joven de 17 años Darwin Passaponti (dirigente nacionalista estudiantil), y a Francisco Ramos de 21 años, también vinculado al nacionalismo. (Galasso, 2011) Es el resentimiento que pretende atrasar el reloj de la historia.
Si el 55 y los fusilamientos del 56 son la expresión de la revancha clasista por el 17 de octubre, bien podemos considerar que las represiones posteriores, y sobre todo el genocidio perpetrado por la última dictadura cívico-militar también es una respuesta (esta mucho más exitosa para la oligarquía), al mismo. Pues lo que viene a destruir esta última dictadura es la Argentina montada en los diez años del peronismo, al movimiento nacional más importante en nuestro país que parió el siglo XX, y cambiar de raíz la sociedad. Molestaba el modelo de país, la dignificación del trabajador, las relaciones sociales que traía aparejado el modelo de industrialización, por eso “la redefinición de la relación, de por sí desigual, entre capital y el trabajo tuvo  tal magnitud que sólo puede entenderse como una revancha oligárquica sin precedentes históricos en el país, acorde al profundo resentimiento que guardaba la oligarquía nativa hacia la clase trabajadora argentina”. (Basualdo, 2010: 117)
De todas formas, como queda claro al culminar el 17 de octubre, la oligarquía no iba a permanecer de “brazos cruzados” viendo como los trabajadores discutían y desarrollaban el país en el que querían vivir que era diametralmente opuesto al país para pocos que venía desarrollando la misma hasta ese momento. De esta forma, los diez años que gobierna el peronismo van a estar marcados por el desenvolvimiento de una Revolución Nacional que avanza en el otorgamiento de derechos a las mayorías populares en forma absolutamente pacífica, pero que tiene como contrapartida el despliegue de un conjunto de estrategias violentas por parte de la oligarquía. Es la manifestación del pasado que quiere volver.
Con el ingreso de los trabajadores de la Patria a un nivel de vida digno, se encuentra la pérdida de ciertos “privilegios” por parte de la oligarquía (y sus satélites medios), que le provoca bronca, rencor u odio. Esto es graficado por la pluma de Arturo Jauretche que escribe “es horrible hacer el sacrificio de llevar a la familia a Mar del Plata para encontrar que la habitación de al lado la ocupa la mecanógrafa, el peluquero, o el repartidor de leche, que en el restaurant no hay mesa porque lo desbordan las gentes que antes no tenían acceso al él, que los camarotes del tren le son disputados por la multitud en fiesta, que cualquiera ocupa un taxímetro y que hay que hacer cola para comprar el pollo “allo spiedo” que antes ofrecía reverente el rotisero sin clientes, al grave caballero de flácido bolsillo que lo tuteaba paternalmente al protegerlo con la compra”. (Jauretche, 2004: 60)
En este esquema ciertos escritores, fieles representantes de la intelligentzia se han manifestado acerca de diferentes aspectos del movimiento nacional. Conocido es el libelo furiosamente anti-peronista editado con posterioridad al golpe del 55 por el “fotógrafo de las Pampas”, como lo llama Jauretche, Ezequiel Martínez Estrada: "una característica sobresaliente de Perón, tanto en su campaña proselitista como en su programa doctrinario, es que recogió con minuciosidad del hurgador de los tachos de basura, los residuos de todas las actividades nacionales, en los ordenes espiritual y material". (Martínez Estrada, 2005: 55) Asimismo caracteriza a Eva Perón afirmando que era “una sublimación de lo torpe, lo ruin, abyecto, infame, vengativo, ofídico (con un) resentimiento contra el género humano, propio de la actriz de terceros papeles”. (Ibídem: 307) En el mismo sentido se manifiesta Jorge Luis Borges: “Evita era una de las damas del burdel, usted sabe (…) una prostituta común. Ella tenía un prostíbulo cerca de Junín. Y eso debió amargarlo a él”. (Borges. Cit. Galasso, 2012: 222) Milciades Peña también hizo un análisis similar, para él Eva Perón era una “actriz fracasada, hizo de la sociedad argentina su escenario triunfal, y murió creyendo que su comedia personal era la historia argentina. (…) Eva Duarte (que no sabía construir correctamente una frase en castellano) escribió un libro que sirvió de texto obligatorio para la enseñanza del lenguaje”. (Peña, S.f.: 71)
Dentro de las formas que encuentra la oligarquía para descalificar el proceso de Revolución Nacional llevado a cabo por el peronismo, Norberto Galasso destaca lo que en los sectores del peronismo de base se llama “evitismo” que consiste en “contraponer esa Evita sacralizada al Perón “autoritario”, “burgués”, “militar”, “nazi”, “ladrón” sin olvidar, por supuesto, su “condición de “taimado”, “demagogo” e “incapaz de sentimientos”. Y más aún, si era posible, descalificarlo por su frialdad sexual hacia sus esposas a las que ni siquiera les hizo un hijo, pero al mismo tiempo por su erotismo desenfrenado corriendo por los jardines de la residencia a las chicas de la UES”. (Galasso, 2009: 8) En fin contraponer la figura de una Eva Perón revolucionaria a un Juan Perón conservador, que al fin y al cabo era un “militar” lo que se correspondería con una posición de defensa del “statu quo” (visión clásica de un anti-militarismo abstracto, desconocedor de la realidad latinoamericana y del papel de las fuerzas armadas en los países semi-coloniales), en tanto su gobierno sería una suerte de “farsa” y su política “pura demagogia”. Una forma “sutil” de descalificar al movimiento nacional en su contenido profundo.
            Tomamos estos pequeños fragmentos, de los miles que existen como muestra del odio oligárquico y de sus satélites del “medio pelo”. Ríos de tinta se han derramado escribiendo contra el peronismo y el pueblo argentino, como el conocido “Libro Negro de la Segunda Tiranía”, o “Técnica de una traición. Juan Perón y Eva Duarte agentes del nazismo en la Argentina” de Silvano Santander, o “Ayer fue San Perón” de Damonte Taborda, o bien Tomás Eloy Martínez con su “Novela de Perón” y “Santa Evita”. Pero si este odio solo se hubiese manifestado en los libros, no sería tan grave como realmente lo fue. Los sectores dominantes argentinos desplegaron su estrategia a través de la aplicación del terror, y la represión más cruenta. Esas palabras lanzadas por el aparato cultural sirve de “paraguas” y justificación del accionar de los terroristas. Esa construcción proviene de los cimientos mismos de nuestra nación que opone lo civilizado a lo bárbaro.
            De esta forma, el primer suceso violento que podemos contar es el del mismo 17 de octubre que deja dos muertos que reseñamos anteriormente. No obstante, y lamentablemente eso no es nada comparado a lo que vendrá. Veamos brevemente algunos de los hechos, invisibilizados en su mayoría, durante los gobiernos peronistas y en los años inmediatos después de su derrocamiento. No pretendemos desde ya, reseñar todos los acontecimientos porque sería necesario escribir al menos un largo libro, pero en el mismo sentido que con las frases lanzadas desde la intelligentzia damos cuenta de algunos para ahondar en el análisis, y poner de relevancia que la violencia en nuestro país fue ejercida por la oligarquía que como afirmaba Hernández Arregui en la década del 60 “la oligarquía existe. Ha ensangrentado el país y está dispuesta a ensangrentarlo nuevamente (…) con posterioridad a 1955 damas delirantes por el odio de clase, envueltas en sus tapados de visón, ya no entonan con furor patriótico las estrofas del himno nacional. Ahora, en melancólicos desfiles callejeros cantan a coro la marcha fúnebre de la decadencia del patriciado: con Rojas y Aramburu / el país está seguro”. (Hernández Arregui, 2004: 47-54)
            A partir de la irrupción de la clase trabajadora el 17 de Octubre, la victoria electoral del 24 de febrero de 1946 y el conjunto de medidas que avanzan en la ruptura de la dependencia, el emprendimiento del desarrollo industrial, el mejoramiento sustancial de la condición de vida de los sectores populares, y el fortalecimiento de las entidades sindicales comienzan a darle la pauta a los sectores oligárquicos de la imposibilidad o al menos la enorme dificultad que van a tener para retornar al poder, al menos por las urnas. En ese escenario se lanzan a generar terror en la sociedad Argentina, y a “golpear” al gobierno de todas las formas posibles legales e ilegales para fortalecer su posición política, y poder retornar al poder político de modo de reajustar su proyecto de país semi-colonial.
De cara a las elecciones del 11 de noviembre de 1951, ante la evidencia por parte de la oligarquía del triunfo de los candidatos peronistas, lanzan una sublevación militar encabezada por el General Benjamín Menéndez (que incluía el asesinato de Perón, como también se había pensado en los prolegómenos del 17 de octubre), la otra tendencia golpista la lidera Eduardo Lonardi. “Norteamérico” Ghioldi como lo llamaba Don Arturo, implicado en la intentona golpista cuenta que “cuando Perón decidió entronizarse en el poder, a través de la re-elección presidencial, le advertí al Doctor Nicolás Repetto – también del Partido Socialista- que solo podríamos derribarlo con la ayuda del Ejército. Entonces me puse a conspirar por primera vez y tomé contacto con algunos militares”. (Ghioldi. Cit. en Galasso, 2006: 576) El intento fracasa, el peronismo gana en las urnas y en febrero de 1952 hay otro intento menor, detectado y sofocado a tiempo, que también pretendía matar a Juan Perón y Eva Perón a través de un ataque a la residencia presidencial.
La oligarquía no se rinde, y va a continuar buscando su objetivo. Así la violencia continúa en todas sus formas. El 15 de abril de 1953 en un multitudinario acto en Plaza de Mayo, la barbarie se hace presente nuevamente haciendo explotar bombas en medio del acto. Una en el Hotel Mayo (sobre Hipólito Yrigoyen), y otra sobre la salida del subte A. Son cinco muertos y casi un cien heridos el saldo. Cabe recordar que uno de los que colocó la bomba, Roque Carranza, tiene hoy con su nombre una estación de subte y otra de ferrocarril (también fue Ministro del gobierno de Alfonsín). El 1º de mayo vuelven a explotar bombas en el Círculo militar y otros sitios, finalmente “se comprobó que se trataba de un plan premeditado llevado adelante por células terroristas integradas por miembros de la oligarquía vernácula”. (Baschetti, 2013: 18)
En el año 55, los Comandos Civiles aceleran la espiral de violencia, siguen colocando bombas como por ejemplo en abril en la Confederación General Universitaria (CGU), o el mismo mes en Mar del Plata sobre la CGT y el Partido Peronista, como asimismo en los meses sucesivos en las Embajadas de Yugoslavia e Israel, provocan al mismo tiempo serios destrozos en la ciudad, como en el Banco Nación, la Lotería Nacional, el Ministerio de Asistencia Social y Salud Pública, YPF, etc. También cabe mencionar que ante en la desconcentración de un acto peronista en el Congreso en junio del 55 le arrojan agua hirviente a los manifestantes. (Ibídem)
No obstante, estos eran solo pequeñas muestras de lo que sería capaz la oligarquía con tal de desterrar al peronismo de la Patria. Así, el jueves 16 de junio bombardea la Plaza de Mayo ante la población civil indefensa, un hecho inédito e inusitado en la historia de nuestro país y de la humanidad: que las fuerzas armadas de una nación que están formadas para defender a la población de un ataque externo se dediquen a masacrar a su población[1]. El objetivo sembrar el terror, demostrar que están dispuestos a todo, matar a Perón y derrocar al peronismo gobernante. El saldo aproximadamente 350 muertos. Roberto Baschetti anota que una fuente de insospechado peronismo, Mario Amadeo por entonces Comando Civil afirma en su libro “Ayer. Hoy. Mañana” que “sin 16 de junio muy difícilmente hubiese habido 16 de septiembre”. (Ibídem: 31) son 800 los detenidos entre civiles y militares, Perón no fusila a nadie (luego del golpe, son todos amnistiados y muchos “premiados” con cargos  condecoraciones). Pero “ese día también, como respuesta, los trabajadores dan nacimiento a la Resistencia Peronista”. (Chaves, 2015)
            Entre junio y el golpe de septiembre siguen implantando el terror, se dan numerosos ataque violentos por parte de los comandos civiles a la policía, muchos son asesinatos a “sangre fría”. El 16 de septiembre finalmente se consuma el golpe de estado. Perón tiene superioridad de fuerza para derrotar el golpe, pero no quiere un “baño de sangre”, prefiere “el tiempo”. Así, tres días después la Marina al mando de Isaac Rojas bombardea la Ciudad de Mar del Plata, y amenaza con bombardear la destilería ubicada en Dock Sud y La Plata, a lo que Perón responde elevando su renuncia. (Baschetti, 2013)
            Tres meses dura el gobierno de Lonardi, al cual le sucede el verdadero sector que hizo el golpe de Estado la dupla liberal pro-británica Aramburu-Rojas representantes cabales del proyecto oligárquico. Es ahí que comienza la represión más feroz sobre el movimiento obrero peronista. Es la revancha clasista en su máxima expresión.
 Se dicta el tristemente célebre decreto 4161 (parte de los 4200 decretos dictados en 40 días de gobierno), que prohíbe cualquier manifestación que le de visibilidad al peronismo desde los símbolos, hasta los nombres Perón, Eva Perón, pasando por la Tercera Posición, la Marcha Peronista, Evita Capitana, etc. Se busca desterrar al movimiento nacional mayoritario a partir de su absoluta invisibilización conjuntamente con la represión en todos los frentes. A la intervención de la CGT por parte de la Marina a cargo de Alberto Patrón Laplacette, el secuestro del cadáver de Evita, hasta los fusilamientos de junio de 1956 que comentamos al comienzo, luego del levantamiento de Valle y Tanco que acompañar un grupo de militares retirados de la fuerza (sobre todo), y algunos en actividad vinculados al peronismo, como asimismo trabajadores peronistas. (Arrosagaray, 2016) Salvador Ferla sentencia acerca del crimen atroz: “se utilizaron más balas para fusilar que para sofocar la rebelión”. (Ferla, 2007: 190)
            Como pudimos observar a lo largo de estas líneas, a partir de la irrupción del General Perón en la política argentina, y más específicamente con los acontecimientos del 17 de octubre de 1945, en que los trabajadores toman en sus manos el destino de la Patria y “tuercen” el curso de la historia dando nacimiento a Perón como líder de masas y al peronismo como expresión más alta del nacionalismo popular en nuestro país, la oligarquía comienza a hacer todo lo posible para desterrar de la faz de la tierra a este movimiento que lleva a cabo una Revolución Nacional y avanza significativamente en la Segunda y definitiva independencia. No obstante la tarea no le será fácil, pues los trabajadores de la Patria emprenden una de las gestas épicas más importantes del siglo XX en nuestro continente desarrollando por todos los medios la resistencia a esa revancha clasista oligárquica y logrando mantener viva la llama del peronismo para las generaciones posteriores.


* Lic. en Sociología (UBA). Mg. en Metodología de la Investigación (UNLa). Artículo publicado originalmente en Revista "Huellas de Historia". Año 2, Nº 15. Octubre de 2016 

Bibliografía

Arrosagaray, Enrique. (2016). La Resistencia y el General Valle. Buenos Aires: Punto de Encuentro.
Baschetti, Roberto. (2013). La violencia oligárquica antiperonista entre 1951 y 1964. Su consecuencia directa. Buenos Aires: Corregidor.
Baschetti, Roberto. (comp.). (2015). La plaza de Perón. Testimonios del 45. Buenos Aires: Capiangos.
Basualdo, Eduardo. (2010). Estudios de historia económica Argentina, Desde mediados del siglo XX a la actualidad. Buenos Aires: Siglo XXI.
Cháves, Gonzalo Leónidas. (2015). Rebelde acontecer. Relatos de la resistencia peronista. Buenos Aires: Colihue.
El Papa preocupado está preocupado “por el revanchismo hacia los sectores populares como en el 55”. 5-3-2016. Disponible en http://www.infonews.com/nota/283744/el-papa-esta-preocupado-por-el-revanchismo
Ferla, Salvador. (2008). Mártires y verdugos. La insurrección de Valle y los 27 fusilamientos. Buenos Aires: Peña Lillo (Continente)
Galasso, Norberto. (2006). Perón. Formación, ascenso y caída (1893-1955). Buenos Aires: Colihue.
Galasso, Norberto. (2009). Verdades y mentiras acerca de Perón y Eva Perón. Buenos Aires: Nuevos Tiempos.
Galasso, Norberto. (2011). Historia de la Argentina, Desde los pueblos originarios hasta el tiempo de los Kirchner. Tomo II. Buenos Aires: Colihue.
Galasso, Norberto. (2012). La compañera Evita. Buenos Aires: Colihue.
Hernández Arregui, Juan José. (2004). La formación de la conciencia nacional. Buenos Aires: Peña Lillo (Continente).
Jauretche, Arturo. (2004). Los Profetas del Odio y la Yapa los profetas. Buenos Aires: Corregidor.
Martínez Estrada, Ezequiel. (2005). ¿Qué es esto? Catilinaria. Buenos Aires: Colihue (Biblioteca Nacional)
Peña, Milciades. (S.f.). Historia del pueblo argentino. Tomo II. Buenos Aires: Ediciones Montevideo.



[1] Participan 132 aviadores que usaron 37 máquinas, y un arsenal mayor al que los aviones alemanes descargaron sobre Guernica. En Montevideo los recibe el luego mucho más tristemente conocido, el genocida Guillermo “Pajarito” Suárez Mason. Solo un civil participa del bombardeo, se trata de Miguel Ángel Zavala Ortíz, más tarde Canciller de Illia. (Baschetti, 2013)

Charla "peronismo y sindicatos"


Charla "Yrigoyenismo y FORJA" a cargo de Juan Godoy

Martes 25 de octubre 18 hs

Local "Generar Lazos" 

 Chorroarin 1631 de Monte Chingolo, Lanús Este



Esa te la debo. Mauricio Macri y las Islas Malvinas


Por Juan Godoy (Sociólogo, UBA)

“La descolonización no solo pasa por las Malvinas. Deberá pasar por la cultura, la argentinización del Estado, la fusión con América Latina, la eliminación de la oligarquía europeizante y la re-educación de la alta clase media seudo-culta, no menos europeizante”. (Jorge Abelardo Ramos)

            A mediados del Siglo XIX Domingo Faustino Sarmiento afirmó que “el mal que aqueja a la República Argentina es la extensión: el desierto la rodea por todas partes, y se la insinúa en las entrañas (…) al sur y al norte, acéchanla los salvajes”. A partir de esta idea, que Jauretche un siglo más tarde dirá que constituye una zoncera (que deriva, como todas, de la que las parió: civilización y barbarie), la oligarquía argentina va a lanzarse a construir el “país chiquito”, de cara a Europa, dependiente de Inglaterra, y de espaldas a la Patria Grande, y al pueblo argentino sufriente de este esquema. Una nación que produce enormes riquezas, que en gran parte son disfrutadas en otro país por la estructura dependiente. La emancipación queda limitada a lo formal. En este sentido, la oligarquía a lo largo de nuestra historia ha despreciado el territorio. No le importó, ni le importa.
            A partir de esto se enmarca que el Gobierno “Cambiemos”, representante acérrimo de los intereses de  la oligarquía y las potencias extranjeras, desprecie tan fuertemente la cuestión en relación a nuestras Islas Malvinas. Y del elenco gobernante el Presidente es de quienes expresan esta visión cabalmente, como cuando afirma: “la verdad es que los temas de las soberanías con un país tan grande como el que tenemos nunca los entiendo mucho (…) Es más, creo que las Islas Malvinas serían un fuerte déficit adicional para la Argentina. Tengo entendido que al Tesoro de Inglaterra le cuesta bastante plata por año”. Asimismo vale recordar también que Mauricio Macri siendo todavía Jefe de de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires le cambió el nombre a la calle 2 de abril, nombre puesto en reemplazo de Inglaterra por un puñado de Patriotas allá por el año 82, nuevamente por Inglaterra.
            Es que, como bien indicaba el pensador Juan José Hernández Arregui la oligarquía argentina no tiene una identidad nacional, sino que su identidad está atada a la de las potencias imperiales. Así refuerza la conciencia de lo falso. Eso hace que nuestra clase dominante no tenga interés nacional, sino extranjero. Vale decir, la oligarquía argentina nació en nuestro territorio pero desearía haberlo hecho en otro, como decía el “Padre del aula”: “yo pertenezco, señor, al número de esos millares de argentinos “que quieren andar a la extranjera, hablar a la extranjera, vestir a la extranjera”. El Ministro de Energía, representante local de la petrolera anglo-holandesa que abasteció a Gran Bretaña en la última guerra es una muestra fuerte de un gobierno que es parte de los intereses extranjeros. Por eso también es que en nuestro país no existen dos proyectos nacionales que se disputan el gobierno en base a ciertos matices de interpretación de la realidad local e internacional, sino más bien lo que existe es un proyecto nacional que procura romper la dependencia, y otro de sumisión colonial, que refuerza los lazos dependientes.
            El Presidente también muestra un fuerte desprecio por el pasado nacional. Si la oligarquía en el siglo XIX luego de triunfar en las guerras civiles se ocupó de falsificar el relato histórico (por lo que tuvo que emerger un revisionismo histórico en clave popular), construyendo una identidad que era ajena a las tradiciones populares, Macri la niega, la vacía de contenido, la banaliza. Es la forma que encuentra de destruir la identidad de nuestro pueblo. No obstante por más que quiera negarlo, como vemos, se inserta claramente en la tradición de pensamiento anti-nacional de nuestra oligarquía. Es claro que un pueblo sin una identidad nacional fuerte (solo posible a partir de un profundo conocimiento de la propia historia), es un pueblo más fácil de avasallar y dominar.
            Cuando la campaña presidencial y el triunfo de Mauricio Macri en la misma, los ocupantes de las Islas manifestaron, a través del patético twitter que suelen utilizar representando al “viejo imperio”, el apoyo a Macri instándolo a que trabaje con ellos, y no contra ellos. El Presidente “tomó el consejo” y puso “manos a las obra”. En la reunión que tuvo al inicio de su mandato con David Cameron, Macri no expresó el reclamo argentino ante el Primer Ministro, y calificó a la misma como “muy linda”. El oprimido se identifica con el opresor.
Pero lo peor en este caso, como en todos, es cuando Macri pasa de los dichos a la acción concreta. Así siguiendo lo recomendado por los piratas, la Argentina firmó un comunicado conjunto (que continúa la claudicación del Gobierno de Menem y Cavallo en los acuerdos firmados), con el Ministro del foreign office Sir Alan Duncan, en el que la Argentina se compromete “eliminar los obstáculos que limitan el crecimiento económico y el desarrollo de las Islas Malvinas”, en fin se compromete a mejorar y facilitar la explotación de las riquezas de las Islas (que pertenecen a los más de 40 millones de argentinos claro está), y la vida a los ocupantes de esa porción de nuestro territorio, y sin obtener desde ya, nada a cambio y renunciando al reclamo por la soberanía. Es lo diametralmente opuesto a lo que marca una posición nacional frente a la ocupación, hacerle más difícil la vida a los ocupantes, y al imperio inglés, incrementar los costos de la ocupación.
            Estos últimos días la historia del “Presidente colonial” tuvo un “nuevo capítulo” (que seguramente no será el último en materia de claudicación por parte del Gobierno), a partir que Inglaterra comunicó que realizará esta semana ejercicios miliares que incluyen el lanzamiento de misiles desde nuestras Islas en una nueva provocación, y reafirmación de la violación de nuestra soberanía. Cuando en Roma le preguntaron a Macri el respecto no pudo contestar y remitió a su Canciller (Susana Malcorra), la respuesta: "si tiene alguna inquietud del tema Malvinas, está la canciller acá en la embajada, así que se va a cobrar cualquier consulta". La falta de compromiso con los intereses nacionales una vez más.
No obstante, la Canciller tampoco, como era de prever, defendió la soberanía, sino que manifestó ¡“sorpresa”! por esta acción, y en una muestra de defección evidente manifestó en una entrevista: “nosotros estamos aún hoy viviendo las consecuencias de la Guerra de Malvinas, no nos podemos olvidar nunca de eso. Y eso aplica a nosotros, a los argentinos, pero también afecta al otro lado. La pena que expresé tiene que ver con el hecho de tener que hacer estos ejercicios militares y el tener que continuar aún hoy, después de nuestro comunicado conjunto con una serie de buenas intenciones hacia adelante, haciendo estos ejercicios; eso muestra que del otro lado hay aún hoy un impacto de aquella guerra”. La Canciller, que también indicó que para el Presidente el problema es que “ocurriera sin tener un previo aviso (…) como para que uno se prepare”. Al fin y al cabo defiende los ejercicios militares, iguala al país opresor, ocupante y colonizador, al país oprimido que lo único que ha hecho desde 1833 es levantar las banderas nacionales en defensa de su soberanía. Que la funcionaria manifieste “pena” porque los ingleses “tienen” que hacer esos ejercicios y vuelva a defender “las buenas intenciones” del comunicado conjunto con Duncan, es una muestra acerca de lo que venimos exponiendo: la claudicación descarada de la oligarquía en materia de soberanía. Evidentemente el Gobierno de Mauricio Macri representa los intereses absolutamente opuesto a la causa nacional de las Islas Malvinas, pues su conciencia colonial es ajena a la defensa de la soberanía nacional en todo sentido.
            El pueblo argentino lo entiende mucho mejor, por eso a lo largo de la historia defendió el territorio nacional poniendo el cuerpo ante los intentos colonizadores, por nombrar algunos casos, así lo hizo cuando las invasión británica de 1806-07, en la ocupación de 1833 con el “gaucho” Rivero, en 1838 ante la intervención francesa, siete años más tarde en la Vuelta de Obligado (ahora también contra los ingleses), o el 2 de abril de 1982 expresando su apoyo a la recuperación de la soberanía de nuestras Islas.

Así aunque el discurso desmalvinizador intente negarlo y reducir la cuestión a algunos vasos de whisky, (olvidando la larga tradición de lucha de nuestro pueblo por la soberanía), muchos argentinos (y latinoamericanos) acudieron al “llamado de la Patria” en defensa de la soberanía contra el enemigo imperialista, y como afirmaba  “Tucho” Methol Ferré: recuperando el espíritu del camino hacia un segundo Ayacucho. Y por eso también Fidel Castro expresó a un diario italiano cuando la guerra, luego de abrazarse con el Nicanor Costa Méndez y ofrecer la solidaridad y ayuda a la Argentina para la batalla contra el enemigo imperial, que la lucha por las Malvinas “ha creado un sentimiento nacionalista, un patriotismo latinoamericano que nunca antes hemos sentido tan intensamente. Hemos sentido la causa argentina como nuestra causa. Hemos sufrido los muertos argentinos como propios. La victoria argentina es nuestra victoria. La derrota argentina sería nuestra derrota".

jueves, 20 de octubre de 2016

LOS “DEMÓCRATAS DE CAMBIEMOS” QUE VENÍAN A RESTAURAR UNA INSTITUCIONALIDAD, APARENTEMENTE HERIDA, AHORA LA ENTIERRAN.

Jorge Rachid - 19/10/16


1-     Los marcos institucionales del país, entre los cuales se incluyen los del Poder Judicial y el Ministerio Público Fiscal, está por ser agredido ante la embestida lanzada por el Ejecutivo Nacional contra la Procuradora General de la Nación, elegida hace sólo 4 años, por el voto unánime del Senado como marca la Constitución Nacional.
2-     Si lo hace será con el aporte de votos que surgidos de la voluntad popular del Frente Para la Victoria, han cedido a las tentaciones / extorsiones del poder actual, que los llevará al patíbulo político de la historia, como lo fueron quienes acompañaron con su voto la Flexibilización Laboral del gobierno radical que huyó en el 2001, que nunca mas fueron protagonistas de nada, excepto esconder los dividendos obtenidos. Triste papel en un tiempo biológico corto.
3-     El Gobierne insiste de hacer de su legalidad de origen, obtenida por un punto porcentual del padrón electoral, una legitimidad de gestión que pretende avasallar la institucionalidad que dijo que venía a reparar. Así intentó nombrar jueces supremos por decreto, suprimió por DNU leyes votadas por amplia mayoría, desconoció las posiciones del país en el marco internacional en su lucha, que ya es mundial, contra los Fondos Buitres, poniendo al país de rodillas ante el poder financiero y en el papelón ante los países, 136 que habían acompañado la propuesta argentina.
4-     Sin dar respuestas a las denuncias ante la Justicia de los fondos fugados al HBSC filtrados por Suiza y entregados a la Justicia argentina por el gobierno Francés, cajoneando las autodenuncias del ex gerente Arbizu, del J.P.Morgan sobre el listado de fugadores seriales que saquearon las finanzas del país, desde el momento mismo de la asunción del gobierno de Néstor en el 2003, por miles de millones de dólares, obtenidos en nuestro país y llevados a paraísos fiscales, además de mirar para otro lado ante las denuncias de EEUU sobre los Panamá Papers que incluyen al Presidente. La Justicia también nos deberá respuestas ante la historia.
5-     Cuando los “culpables” son los trabajadores que creyeron que con sus salarios podían acceder a bienes y servicios que están reservados a las clases acomodadas, es porque el mundo es el de María Elena Walsh, el “mundo del revés”. Si además los servicios públicos vuelven a ser considerados bienes suntuosos, analizando tarifas independientemente de derechos esenciales y constitucionales de los ciudadanos argentinos, es porque se han perdido los límites de la legitimidad.
6-     A los empujones pretenden en el gobierno, reparar el “daño producido” por un Estado regulador que impidió por 12 años que el pueblo argentino fuese saqueado, como históricamente hicieron las capas dominantes desde los orígenes mismos de nuestra Patria. La famosa grieta, descubierta por un ecuatoriano lúcido, es la que atraviesa nuestra historia, ocultada por Mitre y desempolvada por los coaching modernos asesores del marketing político, única herramienta ideológica del gobierno. Mediocridad sublime.
7-     Así alejaron al pueblo de la política real, del mano a mano, desactivando una militancia que transitó mas los medios, donde el enemigo es fuerte, en detrimento del barro y los barrios donde la militancia reconstruye el discurso neoliberal, individualista de la meritocracia, que si entendió ese mecanismo y lo practicó para su propio crecimiento.
8-     Claro que como decía un viejo y sabio general, soldado del pueblo, Juan Domingo Perón, la víscera mas sensible del hombre será siempre el bolsillo, que ha sido saqueado en sólo 9 meses de gestión con transferencias de ganancias obscenas a los grupos de poder concentrados, ávidos de venganza y reparación.
9-     De ahí el blanqueo de capitales, aun los off shore que a diferencia de los depositados aquí, no deben bancarizarse, ni congelarse por 6 meses como los que compraron divisas y las pusieron en el colchón de sus casas. En ese mismo cuerpo legal difundieron un supuesto de reparación histórica a los jubilados, que eran 3 millones sin fondos en el 2003 y ahora son 7 millones con un FGS de 778 mil millones de pesos. Otro saqueo en puertas tipo AFJP.

10- Deberán algunos pasar por el purgatorio peronista para expurgar culpas, cuando pensamos que tenemos mayoría en la Cámara de Senadores y teníamos un bloque mayoritario en Diputados, pero que otorgaron al gobierno su avance inescrupuloso, desconociendo el rol de opositor que nos dio el pueblo argentino. No pudieron ni siquiera obtener una victoria al impedir la derogación de la ley de medios, ni el pago a los buitres, ni el avance sobre el FGS del ANSES. No quisieron, no pudieron convencer a sus pares, no pudieron ceder a las demandas extorsivas ni los carpetazos. Deberían renunciar a sus bancas, si aceptan además desplazar a la Procuradora que ellos mismos eligieron por unanimidad, hace pocos años. 

miércoles, 19 de octubre de 2016

Presentación de "Intelectuales y peronismo" - Mar del Plata


Encuentro nacional de estudiantes extensionistas


EL INDEC RECONOCIÓ LA POBREZA. EN UN SEMESTRE, CRECIÓ 46,8% Y YA HAY MÁS DE 4 MILLONES DE NUEVOS POBRES

Por Fernanda Vallejos
    

Dentro de la estructura social argentina existen sectores, mayormente trabajadores informales, cuentapropistas, de baja calificación, o que trabajan en establecimientos de baja productividad, que son fuertemente vulnerables a las alteraciones socio-económicas y de las políticas de ingresos. Son argentinos para los cuales las políticas económicas y sociales instrumentadas desde el Estado resultan cruciales para no caer en situaciones de pobreza e indigencia. Asimismo requieren del sostenimiento de estas políticas activas, incluidas las educativas y de formación y capacitación, en general, para superar ese estado de vulnerabilidad. Como contracara, el retiro del Estado de ese rol fundamental puede colocarlos frente al riesgo de caer en una situación de pobreza crónica.
El paquete de políticas neoliberales que se pusieron en marcha desde el 10 de diciembre, tras la asunción de Mauricio Macri, en la Argentina, ha alterado gravemente el mapa socio-económico del país y sumergido a vastos sectores de la población por debajo de las líneas de pobreza e indigencia. Esta nueva realidad, palpable para cualquier argentino de a pie sin necesidad de mayores números más que el termómetro de la calle, ya había sido confirmada por importantes centros de estudios, entre ellos el Gino Germani de la UBA. Hoy, el INDEC bajo la conducción de Jorge Todesca, ratifica esa alarmante situación. Para el Instituto oficial, la pobreza llegó al 32,2% en el segundo trimestre de 2016.
El Trabajo del Instituto Gino Germani de la UBA -que abarca el período diciembre 2015/abril 2016- mide los niveles de pobreza e indigencia en el Gran Buenos Aires, donde residen 14.696.000 personas. Los datos se basan en un riguroso estudio sobre condiciones de vida de la población en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y los veinticuatro partidos del Conurbano, actualizado en abril de este año. Del estudio del Gino Germani surgía que la pobreza en el Gran Buenos Aires pasó, entre diciembre de 2015 y fines de abril, del 22% al 35.5%, mientras que la indigencia, para el mismo periodo, trepó desde el 5,9% hasta el 7,7%. Llevado a cantidad de personas, significó que, en el periodo comprendido, las personas en situación de pobreza en el Gran Buenos Aires, pasaron de 3.233.120 a 5.217.080, en tanto las que viven en la indigencia aumentaron de 867.064 a 1.131.592.
En base al estudio del Instituto Gino Germani (UBA) en diciembre de 2015 había 8.820.000 pobres en Argentina.
Si bien el trabajo del Gino Germani parece sobreestimar levemente la cantidad de pobres en relación con la medición que hoy arroja el INDEC (5.217.080 pobres en GBA a fines de abril de acuerdo con el Gino Germani, contra 4.543.000 para el segundo trimestre de 2016 según el INDEC), vamos a hacer el ejercicio, tomando como válidos los números del Gino Germani de fines de diciembre y los que publica el INDEC, a riesgo de subestimar el incremento de la pobreza en el periodo. Para eso es preciso hacer algunas consideraciones previas: el INDEC contabiliza 8.772.000 pobres dentro del total de aglomerados urbanos abarcados por la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) que, expandido al conjunto del territorio nacional, significan 12.950.000 argentinos viviendo por debajo de la línea de pobreza.
De manera que, en el conjunto del territorio nacional, el deterioro de los ingresos de los argentinos debido al impacto inflacionario sobre todo en los alimentos de primera necesidad como carnes y harinas y los servicios básicos y el transporte, con paritarias que cerraron en un promedio del 30%, frente a una inflación anual en torno del 44%, pero que supera el 52% entre los asalariados de menores ingresos, sumado al deterioro en el mercado laboral, con un desempleo que trepó al 9,3% en el segundo trimestre, ha dado como resultado un alarmante crecimiento de la pobreza en el país. Desde 8.820.000 argentinos pobres en diciembre de 2015 hasta 12.950.000 en el segundo trimestre de 2016, es decir, más de 4 millones de nuevos pobres, una expansión de la pobreza del 46,82% en apenas medio año. Con un agravante: el 32,5% de esos pobres son niños y niñas de hasta 14 años, a los que las políticas oficiales no sólo les han arrebatado la capacidad adquisitiva para cubrir la canasta básica sino que les están y nos están -a todos, como sociedad- confiscando el futuro.
En apenas un semestre, hay más de 4 millones de nuevos pobres. Las políticas neoliberales expandieron la pobreza en el país un 46,82% en apenas medio año.
Y, frente a esta situación, un riesgo no desdeñable: la posibilidad para los hogares pobres de caer en la pobreza crónica si las oportunidades de trabajo no les permiten recuperar su capacidad adquisitiva o, dicho de otro modo, si el gobierno nacional no muestra una dosis de sensibilidad social que lo mueva a rectificar el rumbo de la política económica poniendo freno a la recesión, el desempleo y la pérdida de poder de compra de los ingresos.



Interrogantes que van al Frente

A seis meses de Comodoro Py: ¿qué quedó de aquel famoso “Frente Ciudadano”? ¿Hay política y organización más allá de la “resistencia con aguante”?
Daniel Cecchini 19 OCTUBRE de 2016


Desde que la planteó por primera vez el 13 de abril, sobre una tarima improvisada frente a los tribunales de Comodoro Py, la propuesta de construcción de un frente nacional que aglutine a los sectores afectados por las políticas neoliberales del gobierno macrista se ha transformado en una idea central y recurrente en cada discurso de Cristina Fernández de Kirchner. La volvió a enunciar el lunes pasado, en el mensaje por videoconferencia que dio desde El Calafate con motivo del 17 de octubre, la fecha de mayor fuerza simbólica para un peronismo que, paradójicamente, se mostró fragmentado no sólo por la inédita diversidad de actos que realizó sino también por la falta de unidad en los discursos de sus dirigentes.
 La ex presidenta lo viene delineando con matices -incluso con diferentes nombres- pero sin abandonar el eje principal de la construcción, que va más allá de cualquier alianza partidaria. “Un gran frente nacional -lo definió esta vez- en el cual incorporemos a todos aquellos sectores que están siendo agredidos por estas políticas y que, desgraciadamente, de seguir con esta orientación absolutamente neoliberal, van a ser más”. Para constituirlo, remarcó que es necesario “reconstruir las redes de solidaridad, de organización, de la concientización para la reconstrucción de una gran mayoría, que no alcanza con los peronistas, que no alcanza con los kirchneristas que no son peronistas, que no alcanza tampoco con los amigos radicales, porque hay mucha gente que no está identificada con una idea política” partidaria y sí afectada por el brutal ajuste del gobierno de Cambiemos.
 Más allá de estas definiciones generales, que no dejan de definir un espacio y una convocatoria, en los seis meses transcurridos entre aquel 13 de abril en Comodoro Py y este 17 de octubre en pantalla desde Calafate, Cristina Fernández de Kirchner no ha tomado iniciativas concretas para la constitución de ese frente. En su actitud puede leerse una deliberada prescindencia para dejar abiertas las puertas de una integración desde abajo y también un cálculo, una estimación de fuerzas antes de dar un paso definitivo.
A quién sí ha dado reiteradas veces un mensaje claro es a su propia tropa. El lunes pasado volvió a hacerlo: “A veces estamos más pendientes de lo que hacen otros dirigentes de nuestro espacio, otros militantes, que a lo que le está pasando al vecino, al compañero, al amigo, al ciudadano y estar junto a ellos”, dijo. No se trata de una advertencia gratuita sino del resultado de una observación aguda de la realidad del kirchnerismo “orgánico”, en cuyo seno -aún después de la derrota electoral y en el marco de los ataques que recibe desde el gobierno y desde otros sectores de peronismo- las peleas por espacios individuales o sectoriales parecen más importante que un trabajo de masas que le resulta difícil en las actuales y novedosas condiciones adversas.

La propuesta frentista de Cristina Fernández de Kirchner encierra un cambio de eje que a sus dirigentes -y a parte de su militancia, acostumbrada a las facilidades de respuesta que otorgaba la gestión- les resulta por lo menos incómoda. Este cronista ha señalado en otras ocasiones que las políticas inclusivas del kirchnerismo fueron siempre unidireccionales, desde arriba hacia abajo, desde la acción de la gestión hacia la pasividad de sus receptores, sin ningún correlato en la construcción de una nueva subjetividad política. Tanto es así que hasta en la publicidad del gobierno se llegó a reproducir de manera obscena esa ideología desmovilizadora. Quizás el mejor exponente sea aquel aviso que promovía el blanqueo laboral de las empleadas en casas de familia. “Dale derechos”, decía al final. De movilizarse -organizarse- para conquistarlos, ni una palabra. En este sentido, con todos sus logros, el kirchnerismo no pudo -y/o no quiso- superar ni un ápice, salvo en lo meramente formal, la ideología y las prácticas del aparataje de los partidos políticos tradicionales en general y del viejo peronismo en particular.
 Tal vez sea allí donde haya que buscar las causas más profundas no sólo de la derrota electoral sino también, y sobre todo, de la facilidad y el vértigo con que la alianza que hoy gobierna -con la complicidad de la mayoría del espectro político, incluidos sectores del propio kirchnerismo- derribó las políticas inclusivas trabajosamente implementadas durante doce años. Y así, en los hechos, el resultado electoral del año pasado no fue sólo la derrota de un proyecto político sino un durísimo golpe que los sectores populares recibieron sin tener las herramientas de organización que le permitieran enfrentarlo desde el primer momento.
 Frente organizador o herramienta electoral
Un interrogante que hoy es ineludible plantear con relación al frente pasa por si se trata de un verdadero frente de resistencia o de una movida aglutinadora pensada con vistas a construir un instrumento electoral capaz de enfrentar al bipartidismo “civilizado” (peronismo “responsable” vs. Alianza PRO-UCR) que pretende imponer el establishment para los próximos años de la Argentina.
 Porque en estos meses se ha comprobado que la propuesta frentista de la ex presidenta ha tenido eco entre los sectores que se oponen inorgánicamente al ajuste macrista y que no encuentran una representación siquiera en lo que queda del Frente para la Victoria. El tema frente se discute, y mucho, en los grupos asamblearios y de autoconvocados que se reproducen, con diferentes características, en todo el país. Por eso, ni lerdos ni perezosos, hay sectores del peronismo y de algunas fuerzas integrantes del FpV que se están planteando políticas de cooptación de estos grupos para capitalizar su potencialidad con fines puramente electoralistas. Dicho de otro modo: quieren un Frente para aparatearlo y que les sirva de plataforma electoral. En ese proyecto no hay intención alguna de que la organización desde abajo, por su propia dinámica, dé lugar al surgimiento de una nueva dirigencia, más conectada y representativa de los intereses de las bases.
Poco después del discurso de Comodoro Py, cuando la ex presidente designó -con un nombre que después variaría- al Frente como “Ciudadano”, el sociólogo Eduardo Grüner publicó un provocador artículo en la revista digital La Tecla Eñe (“Contrapropuesta: Por un Frente No Ciudadano) donde proponía. “La constitución política de un Frente anti-gobierno (y anti-oligárquico-burgués-imperialista, que es el bloque de poder al que responde el gobierno), es decir un Frente más planificado y sistemático (menos ‘espontáneo’ o ‘reactivo’, por así decir) debería empezar por decidir qué fuerza social va a ser erigida como ‘columna vertebral’ del potencial Frente, y con cuál estrategia política de mediano plazo. En la situación que venimos describiendo, esa fuerza política no puede ser –es la opinión del que esto escribe- otra que la clase obrera y las fracciones pequeñoburguesas más agredidas, con los ‘intelectuales’, en todo caso, acompañando el movimiento con sus ‘batallas culturales’ y sus análisis críticos, en el camino estratégico de conquistar las mayores cuotas de poder que vayan siendo posibles para aquellas fuerzas sociales”.
 En otras palabras, no se trata, entonces, de constituir un frente definido sólo por su posición antigubernamental -o simplemente “resistente” al ajuste salvaje que está perpetrando la derecha- sino de un espacio de construcción política para llevar adelante, como propone Grüner en su artículo, una “contraofensiva” con una conducción firme y objetivos claramente definidos.

 Por supuesto que, en este contexto, la pretensión de construir una nueva herramienta electoral no debe ser soslayada, pero sin un giro copernicano que dé lugar a la constitución de nuevos sujetos políticos que sean los que verdaderamente -y organizados desde abajo- definan el qué, el cómo y el para qué del Frente, no habrá posibilidades de producir en la vida política argentina el salto cualitativo necesario para terminar con ese juego donde cada vez que los sectores populares consiguen avanzar un paso son obligados a retroceder tres.

lunes, 17 de octubre de 2016

Los hermanos sean unidos y el que esté libre de pecados que tire la primera piedra


Mario Bertellotti, 1° de febrero de 2016

Ante la derrota electoral que sufrimos a nivel nacional y en algunas provincias y municipios estratégicos y ante la brutal ofensiva que desde esos gobiernos están llevando adelante quienes ganaron, creo más que nunca, que se hace imprescindible adoptar como guía de conducta presente y futura, el consejo de Martín Fierro: “los hermanos sean unidos, porque esa es la ley primera, tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos pelean, los devoran los de ajuera”. Así como la enseñanza de Jesús, para analizar por qué no logramos ganar y seguir gobernando: “el que esté libre de pecados que tire la primera piedra”.

Porque tenemos que ser conscientes que, cuando se gana, ganamos todos los hermanos que nos sentimos parte de la cultura política nacional y popular que tiene al peronismo como su núcleo articulador; pero a la que también dan vida otras expresiones de origen radical, desarrollista, socialcristiano, de izquierda nacional, etc., abarcando una amplia diversidad que va desde el conservadorismo popular al progresismo nacional. Y que cuando se pierde, no gana nadie, perdemos todos los hermanos que nos identificamos de una u otra forma con lo nacional y popular en su amplia diversidad.

Por ello, contradiciendo lo que muchos compañeros creen, razón por la cual se satisfacen acusando o exculpando de la derrota a tal o cual dirigente según sean sus simpatías o antipatías, los derrotados no fueron solamente Daniel Scioli y/o Cristina Kirchner, ni siquiera el “peronismo” y/o el “kirchnerismo”.

Creo que el problema es de mayor dimensión: los derrotados fueron la nación y el pueblo argentino en la aspiración de continuar su desarrollo buscando más soberanía política, más independencia económica y más justicia social, tal como ocurrió en los últimos doce años.

Y con ello, también fue derrotada la iniciativa de construir una unidad continental industrial de América del Sur que esté puesta al servicio de una integración universal de la civilización, organizada a su vez en beneficio de la felicidad de los pueblos de cada una de las naciones de todos los continentes; tal como la soñó el General Perón en el pasado y en la actualidad la impulsa el Papa Francisco.


Porque el que ganó es Mauricio Macri, una máscara política que logró ser percibida por poco más de la mitad de los argentinos como un cambio que expresaba algo nuevo; pero que en realidad es la reencarnación genuina de la vieja cultura política liberal conservadora argentina, la que representa los intereses de los grupos económicos y mediáticos concentrados nacionales e internacionales, ya que con ese perfil formó su gabinete y está gobernando.

viernes, 14 de octubre de 2016

La madre de todas las batallas. Apuntes sobre la dependencia

Por Juan Godoy*

               

“La  oligarquía  amaestró  a  una  serie  de  generaciones  argentinas  en  el  arte  de  pensar  con muletas.  Se  nos  enseñó  que  la  emancipación  de  España  significó  el  ingreso  a  la  vida  libre  e independiente.  Es  una  de  las  tantas  falsificaciones  que  hay  que  demoler”. (Juan José Hernández Arregui)

            Problematizamos en estas líneas qué es lo central en la lucha de los movimientos nacionales-populares en los países semi-coloniales como la Argentina, y qué lo secundario. Mucho se ha hablado estos últimos años acerca esto. Se habló de “la madre de todas las batallas” en varios momentos, y hoy ante el avance acelerado y desencajado del proyecto oligárquico en varios frentes al mismo tiempo, ha mostrado no solo la voracidad de la oligarquía argentina, sino también dos cuestiones más: por un lado, la dificultad de articular respuestas por parte del campo nacional, y por el otro una forma de accionar cuando se tiene el gobierno que debería ser rectora en el futuro gobierno nacional-popular.
En relación a esto último, queremos significar que la oligarquía va al “hueso”, es decir a las cuestiones estructurales, al cambio y/o profundización de la matriz dependiente. ¿Qué discutir?, ¿qué es lo central y qué lo secundario?, ¿la “bolsa” de la Vice-Presidente?, ¿las limitaciones discursivas del Presidente?, ¿la vuelta a un estado más proclive a la represión que en los últimos años?, ¿las cuentas en el exterior del Presidente y varios funcionarios de gobierno?, ¿el “viaje” ficticio de Macri en colectivo?, ¿la corrupción de los funcionarios de gobierno?, ¿la quita de retenciones al sector más concentrado y poderoso de nuestro país?, ¿la ocupación del gobierno por los CEOS de las empresas transnacionales?, ¿los números de la pobreza?, ¿el endeudamiento exorbitante de estos meses?, etc. etc. Muchos temas nos atraviesan diariamente, hay de todo un poco. Temas “nuevos”, y “viejos”.
Pensamos acá que discutir la dependencia aparece como un punto de partida para la necesaria revisión (autocrítica), de lo sucedido en nuestro país estos últimos años, y al mismo tiempo nos marca el norte para discutir el macrismo sin hacerlo con lo accesorio (aunque no necesariamente implique dejarlo de lado). Avancemos en el planteo entonces dirigiéndonos hacia el pasado para contextualizar mejor la idea que pretendemos expresar.
Al terminar los procesos de emancipación de Nuestra América, los patriotas revolucionarios que habían participado de la ruptura de las ataduras coloniales y procurado unificar los territorios ahora liberados comienzan a observar que este último intento no se logra consolidar, y que sobre todo Gran Bretaña en la parte Sur de América, y Estados Unidos en Centroamérica empiezan a tender sus garras sobre esos territorios. Bolívar lo expresa aseverando: “he arado en el mar y sembrado en el viento”, y al poco tiempo muere enfermo, Artigas que se exilia en el 20 va a permanecer en el Paraguay hasta su muerte 30 años más tarde, mismo año en que fallece San Martín que luego del fusilamiento de Dorrego parte al largo exilio definitivo, Monteagudo es asesinado al igual que Sucre cinco años después que aquel, y Francisco de Morazán cae fusilado desmembrando Centroamérica por nombrar algunos de los casos más relevantes. De igual manera terminan los caudillos federales en nuestro país, o las experiencias de gobiernos nacionales-populares del siglo XX. La lucha por la Patria y los humildes tiene su costo en la Gran Nación inconclusa.
            Nuestra intención con este breve repaso es mostrar que la generación que parió la emancipación política de nuestro Continente no logró, a pesar de sus esfuerzos, asegurar la económica. La tragedia es que no solo los patriotas de principios de siglo XIX no la lograron, sino tampoco los gobiernos de los más de ciento cincuenta años posteriores, a pesar que en momentos se logra avanzar significativamente. El caso argentino claramente con el peronismo llega a su nivel más alto, proyecto que queda trunco y comienza a retroceder a paso acelerado por el golpe del 55 y posteriormente con el del 76, y su profundización en los años 90.
            Una realidad de todos los países latinoamericanos, por eso los libertadores del siglo XIX comprendieron que su lucha estaba ligada a la cuestión nacional, y al estrechamiento de lazos entre sí, hoy como afirma Ramos “tampoco   en   la   lucha contemporánea existe  otra frontera  que  la de la  lengua  y la  bandera unificadora. La  victoria  final  sólo  será  posible  con  la  Confederación  de  todos  los  Estados latinoamericanos. Pero esta estrategia que hunde sus raíces en lo más profundo de nuestra historia común designa un problema: la cuestión nacional”. Los últimos procesos nacionales-populares lo demuestran, como asimismo la derrota (esperemos transitoria), también da cuenta de ello. Nuestra América a lo largo de su historia marcha junta en las victorias, como así también en las derrotas.
            La situación de dependencia económica claramente se ahonda con el surgimiento pleno del imperialismo y su penetración económica. Así, si hay una cuestión central en nuestro continente y particularmente en la Argentina: es la cuestión nacional. Es decir la condición dependiente de nuestro país con respecto al imperialismo. Sin la ruptura de esa dependencia poco se puede avanzar en los procesos de emancipación nacional, soberanía política y justicia social.
La realidad nacional demuestra a través de la historia que no es un mero estadio del desarrollo o una situación de atraso, como se plantea muchas veces, sino como bien lo indica Jorge Enea Spilimbergo estamos “ante una verdadera relación de dependencia, de explotación semi-colonial, sobre la cual se basa la prosperidad de las metrópolis desarrolladas  y el atraso de las economías tributarias o dependientes”. La economía nacional se organiza según los intereses de las economías centrales.
            En los últimos años varios de los países de la Patria Grande se corrieron del eje de la dominación externa en varios sentidos: el rechazo a la alternativa neocolonial del ALCA y la constitución de organismos supranacionales como la UNASUR y la CELAC aparecen como los puntos más altos en ese sentido. No obstante, hay que decirlo, en nuestro país poco se avanzó en la ruptura de la estructura económica dependiente, eso evidentemente le puso un límite al proceso de transformación. Se discutió (en mayor o menor medida), en los márgenes de la dependencia. En nuestro caso, un techo bajo que terminó con la peor derrota del movimiento nacional en las urnas a manos de una alternativa plena y abiertamente oligárquica.
            Se puede poner como otro ejemplo de las mejoras sociales y económicas del pueblo y los sectores medios en el marco de una economía dependiente al yrigoyenismo. Reconociendo la progresividad histórica del mismo en tanto representación de un movimiento nacional, popular y democrático, que ensancha la democratización del acceso de los sectores medios y populares al aparato del estado, desenvuelve su proyecto en los marcos de la estructura del país semi-colonial, agroexportador. Basta recordar la negativa del “Peludo” a remitir (como era costumbre), los nombres de los miembros del Gabinete a Inglaterra. Diferente es el proyecto peronista que realiza una Revolución Nacional dejando atrás la semi-colonia británica y procurando no caer bajo otra dominación.

No avanza en la industrialización, la conciencia de Yrigoyen es del país agrario, nunca hace planteos en el sentido de la industrialización, ni tampoco avanza en la ruptura de la dependencia, de la penetración extranjera en la economía local (lo que conlleva el montaje de un esquema de cara a la expoliación imperialista, y detiene cualquier posibilidad de avance en otro sentido), así su destino está sellado. Pues si bien muchas son las causas de la caída de Yrigoyen a manos del nacionalismo oligárquico de Uriburu y, sobre todo, el liberalismo probritánico de Justo (como todo fenómeno social es multi-causal), como “el olor a petróleo” (por el proyecto de Yrigoyen de nacionalizar la estructura petrolera, y la oposición de los trust petroleros), la burocratización creciente, la edad del caudillo, etc. la causa principal está en que mantenido en los límites de la estructura económica dependiente el proyecto yrigoyenista está agotado, para colmo la crisis del 29 (sobre todo por la dependencia), repercute fuertemente en nuestro país Granja de Inglaterra.

Se ha afirmado estos últimos años que la madre de todas las batallas es la cultural y en algunos casos incluso que la lucha central era contra el multimedios Clarín. Mucho se ha escrito sobre los procesos de colonización pedagógica que invisibilizan la dependencia económica, y al mismo tiempo la permiten y profundizan que obviamente no los pretendemos negar. Lo que sí marcamos que evidentemente lo cultural se apuntala mutuamente con lo económico. Ahora bien, pensamos acá que lo cultural termina siendo una consecuencia de la deformación que proviene de la dependencia económica, y que la puesta de relevancia de esta última lleva insoslayablemente a poner en cuestión la colonización pedagógica, pero a diferencia de los discursos que hacemos referencia, no evade las problemática centrales de la Patria.
Asimismo indicamos que el discurso que sólo pretende discutir la colonización cultural en sus aspectos “cotidianos” y superficiales, es parte de la invisibilización de la cuestión nacional. Últimamente se han discutido cuestiones secundarias, que si bien consideramos que no es erróneo marcarlas, no aparece como la estrategia más sagaz hacerlo de sobremanera. Así por ejemplo el enorme espacio y tiempo dedicado a establecer si el Presidente es más o menos burro, si lee o no lee sus discursos, si hace un montaje para simular ¡un viaje en colectivo!, si su esposa es más o menos simpática o vive de imposturas, si los medios concentrados dependientes de la oligarquía defienden más o menos al gobierno representante de su clase, o si un muñequito del “simpático” Zamba es tirado a la basura, etc.
No decimos, vale la reiteración, no poner “el dedo” en esas cuestiones, pero sí no tomarlas como lo central de las políticas de gobierno, porque en relación al cambio y/o profundización de la matriz dependiente del país son asuntos menores, y solo prestar atención a esos puntos invisibilizan lo que es más importante. Por eso Jauretche, uno de los pensadores que más ha hecho por la descolonización pedagógica afirmaba que “hacer la nación: esa es nuestra tarea y traición es todo lo que se le oponga (…) Las nuevas generaciones como la de mayo, tienen un deber emancipador que cumplir”. En ese sentido, los forjistas aseveran que “el drama de la Patria enfrenta dos personajes solamente: el pueblo encadenado y la finanza imperialista. Lo demás no cuenta. Cuando están en juego los destinos de un pueblo, toda reclamación particular perturba y divide”.
A partir de este punto, retomamos a Scalabrini Ortíz que marca la necesidad de avanzar en la nacionalización de los mecanismos centrales, para así poder decidir según nuestro interés y no de los intereses privados y/o extranjeros la política nacional: “el plan de democratización de la vida argentina debe comprender, por lo menos, a los servicios de transporte, porque ellos constituyen el sistema circulatorio troncal del organismo nacional; los medios de cambio, porque ellos son los vasos comunicantes de la riqueza natural y del trabajo que la moviliza; las fuentes de energía térmica e hidráulica, porque ellas pueden incrementar o aminorar las industrias en que el trabajo se valoriza y multiplica; las tribunas de información, porque no es posible que aparezca como opinión pública lo que sólo es opinión interesada de los grupos financieros. En una palabra, todo cuanto tiene posibilidad de influir en el destino del pueblo debe estar bajo el control del pueblo”. (Raúl Scalabrini Ortíz) Como se ve la propuesta no es de nacionalización aisladas, sino que  constituyen un “todo lógico”, es decir la planificación de la nacionalización de la economía. Al igual que el imperialismo que no “invierte” en cualquier sector sino en los que hacen a la dependencia y la expoliación de las riquezas nacionales, la respuesta debe ser en el mismo sentido.
Es que sin romper el carácter dependiente de la economía argentina que hace drenar gran parte de la riqueza que producimos los argentinos, por más buena voluntad que se tenga, se podrá redistribuir “un poco” mejor la riqueza, pero ese techo es bajo, difícil será entonces un proyecto con mayores márgenes de justicia social, lo que dificulta la permanencia en época de “vacas flacas”. Roberto Carri oponía la condición semi-colonial ligada a la dependencia, al desarrollo ligado a la independencia real, así pues “las naciones dominadas por el sistema imperialista no pueden acceder al polo hegemónico debido al carácter estructural de la dependencia”. Desde ya esto implica la industrialización, pues Manuel Ugarte manifiesta que “un país que sólo exporta materias primas y recibe del extranjero los productos manufacturados, será siempre un país que se halla en una etapa intermedia de su evolución”, en el mismo sentido Hernández Arregui dice que “un país sin una industria nacional autónoma no es una nación”.
            No queremos decir que sea algo sencillo, pero sí que puede sumar a la necesaria revisión (autocrítica) de los procesos nacionales-populares que trajeron un “viento fresco” a nuestro Continente, pero que hoy están en franco retroceso y que si no revisamos nuestro errores se vierte la amenaza de una “nueva década infame”, al tiempo que para evitar la misma se hace necesario “afinar” la crítica el “nuevo proyecto” neocolonial, para ser implacables en la oposición y retornar al cauce nacional lo antes posible, para lograr avanzar mucho más profundamente en la senda de la liberación nacional. Cerramos con una frase de Juan Domingo Perón en ese sentido que instaba: “si hemos guerreado durante 20 años para conseguir la independencia política, no debemos ser menos que nuestros antecesores y debemos pelear otros veinte años, si fuera necesario, para obtener la independencia económica. Sin ella seremos siempre un país semi-colonial”.




Unidos o derrotados

Por Aritz Recalde – octubre 2016



Durante los últimos años los gobiernos de la región tuvieron que implementar sus programas de desarrollo en un contexto económico internacional poco favorable. La caída de los precios del hierro, de la soja o de los hidrocarburos le ocasionaron serias dificultades a Dilma Rousseff en Brasil, a Cristina Kirchner en la Argentina y a  Nicolás Maduro en Venezuela. La baja de los precios de commodities se complementó con la disminución de las exportaciones, que fue resultante de que las economías europeas y norteamericana estaban cerca del estancamiento, sumado a la disminución de las tasas de crecimiento de China.

Frente a esta situación económica desfavorable se aplicaron cuatro programas de desarrollo.

Dilma y el PT emplearon un esquema de metas de inflación y la Presidenta ajustó el gasto público acentuando el estancamiento económico y el deterioro social. Aprovechando el desencanto popular, la enfrentaron sus anteriores aliados políticos, el grupo de medios Globo, el poder judicial y económico y los EUA.  El pueblo no salió masivamente a la calle y sin desmerecer los apoyos del MST, la CUT o la UNE, quedó evidenciado el deterioro del sostén político de la base social del PT.

Cristina Kirchner no aplicó reformas estructurales conservadoras como Rousseff y tampoco impulsó iniciativas nacionales de modificación de la estructura oligopólica y extranjerizada de la riqueza. La mandataria gobernó con déficit fiscal en una economía con bajos niveles de crecimiento, a la espera de que cambien las condiciones internacionales. El deterioro económico y social fue uno de los elementos que Cambiemos puso en agenda para captar el 51% de los votos.

Evo Morales radicalizó el proceso político en Bolivia e impulsó una reforma constitucional, nacionalizó los hidrocarburos y democratizó el acceso a la tierra. Actualmente, está haciendo lo mismo con la minería concesionada. La administración estatal de su principal riqueza le permitió distribuir el ingreso y mantener el apoyo de su base social pese a la caída del precio de las exportaciones.

Argentina y Brasil podían haber seguido el camino de Bolivia y recuperar las riquezas estratégicas para distribuirlas entre las mayorías, reforzando el apoyo social y garantizando los recursos para el  crecimiento en el mediano y largo plazo. En el caso argentino, ello implicaba motorizar una concepción peronista ortodoxa y nacionalizar el comercio exterior y hacer una reforma financiera e impositiva. Ello suponía disputar seriamente con el poder económico interno y externo. Lejos de profundizar el proceso político, el FPV realizó una campaña electoral sin propuestas de reformas económicas o de mejora social considerable. En línea con el caso nacional, Dilma anunció  una reforma política y un impuesto a la renta financiera y ambas iniciativas no pasaron del discurso.

En los dos países y sin desconocer las diferencias de procedimiento, los gobiernos  salieron del poder  y no se produjeron grandes movilizaciones o acciones de resistencia popular contundente. En el caso argentino, el FPV no tuvo una campaña electoral unificada y un sector del Movimiento apostó a debilitar al candidato presidencial. La militancia se movilizó activamente entre las elecciones generales y la segunda vuelta electoral, sin con ello impedir la derrota en distritos históricamente peronistas como lo es la Provincia de Buenos Aires.

Cambiemos aplicó el programa de la aristocracia del dinero consistente en garantizar una trasferencia de ingresos al sector financiero, a los grupos agroexportadores y a las empresas de servicios y titulares de los recursos naturales. El gobierno en sólo nueve meses generó una deuda externa superior a los 30.000 millones de dólares. Al sector agroexportador entre la devaluación y la eliminación de las retenciones, les otorgó una ganancia extraordinaria en el año 2016 de 100.000 millones de pesos.

Los aumentos del gas, la electricidad o el combustible están llevando a la crisis a las empresas locales y producen un deterioro social considerable. Los negocios de los proveedores de energía no solo atentan contra la sustentabilidad productiva y social, sino que además ponen en juego la soberanía territorial en Malvinas que está siendo subordinada a los negocios de las empresas inglesas, norteamericanas y holandesas que representa el Ministro de Energía de la Nación, Juan José Aranguren.

El saldo económico del programa de Cambiemos se expresa en el estancamiento y en la caída del PBI (cercana a los 3 puntos en 2016), en una inflación inducida superior al 45%, en la salida de capitales (más de 20.000 millones de dólares a la fecha) y en destrucción del tejido industrial vía importaciones y debilitamiento del mercado interno (deterioro de la capacidad de consumo popular). La faceta social del programa está mostrando una tendencia preocupante: 200.000 nuevos desempleados, paritarias por debajo de la inflación en el universo de los trabajadores formales y pérdida del valor de compra de los planes sociales de la economía informal.

La política exterior de Cambiemos sigue los grandes lineamientos de los EUA. En el plano regional consiste en debilitar al Mercosur para ir a la Alianza Pacifico, mientras en paralelo apoya activamente la destitución de Nicolás Maduro y de Evo Morales, cuestión importante para desandar el ALBA y otras experiencias de articulación institucional y política iberoamericana.

La resistencia política en la Argentina no se hizo esperar y en lo que va del año se movilizaron los trabajadores formales (CGT-CTA), los sectores medios kirchneristas y los representantes de la economía informal (CTEP, CCC, Barrios de Pie).  Pese a que en los primeros meses se produjeron más movilizaciones y conflictos que en los últimos años, está claro que no implican un límite al programa neoliberal y tampoco son en sí mismo una alternativa política para el 2017 y el 2019.

Para resistir al programa neoliberal y a la embajada de los EUA hacen falta mayor unidad, organización y combatividad social. La creación de un triunvirato de la CGT y la implementación de un dialogo con la CTEP es un avance importante. Pese a ello, siguen existiendo divisiones sindicales entre el Triunvirato, el Movimiento de Acción Sindical, la Corriente Federal y las dos CTA. UATRE y las 62 organizaciones que integran el gobierno nacional de Cambiemos.

La unidad es un piso mínimo para cualquier política (unidad de acción), a la cual hay que sumarle un programa con objetivos compartidos (unidad de concepción). Este último aspecto está siendo enunciado tanto por la Corriente Federal que impulsa un Programa de “26 puntos”, como en el documento “De mal en peor” del 5 de agosto que fue redactado por el Triunvirato. Unidos y convencidos, hará falta mayor disposición a la lucha frente a un gobierno que destruye el trabajo argentino para beneficiar el extranjero y a la usura internacional.

Dentro del universo político los dirigentes peronistas que tienen responsabilidades de gestión, se encuentran frente al desafío de gobernar, de ser oposición al neoliberalismo y de reconstruir el peronismo. En algunos casos, hay funcionarios que están abocado a ser meramente gobierno y votan y acompañan todas las medidas de Cambiemos para obtener recursos. Pareciera que no importa que se ponga en juego la soberanía nacional y social del país. Otro grupo de dirigentes están dedicados a construir la oposición frontal al gobierno nacional.  El tercer aspecto político fundamental de la etapa, tiene que ver con reconstruir el Movimiento Nacional. Actualmente, hay diversas divisiones y no existe una conducción política incuestionada como anteriormente ejercía Juan Perón.

Frente a la dimensión de los enemigos y adversarios, es fundamental que en las elecciones de 2017 los dirigentes políticos y sociales se unan para resistir a la aristocracia del dinero que todo lo destruye y corrompe. Hay que trabajar arduamente por consolidar una oposición al neoliberalismo y por la reconstruir el Movimiento. Aquellos dirigentes peronistas que solamente se preocupen por gobernar, formaran parte de un programa que  conduce la Argentina de manera acelerada a otro 2001.  Si el Movimiento nacional triunfa en 2017, el camino político es auspicioso para el 2019.


Habiendo recuperado el gobierno, las organizaciones libres del pueblo tendremos que optar por aplicar alguna de las cuatro posibilidades de solución a los problemas nacionales y regionales.