miércoles, 7 de diciembre de 2016

¡El toro por las guampas!

Iciar Recalde - diciembre 2016

Revista Patria y Pueblo, Socialistas de la Izquierda Nacional, Buenos Aires, Noviembre de 2016

Alcanzó a susurrar el surubí al camalote: “No me dejo llevar por la inercia del agua/ y remonto el furor de la corriente/ para encontrar la infancia de mi río”, escribe Don Leopoldo Marechal en su Poética. El que avanza, retrocede y el que retrocede, avanza. Quizás esté cifrado aquí el camino que Marechal trazaba para una posible lectura del devenir del movimiento nacional, de sus desafíos y posibilidades. Un pez que navega contra la corriente en busca de la infancia del río, es decir, de un centro primordial, de un lugar donde la verdad del pueblo refulge, siempre, victoriosa. Hay más en Megafón: la Patria es “un animal viviente” que se retuerce en expansión y exaltación: “Usted habló recién de un pueblo “sumergido”, y yo diría que la verdad es más alegre. Cierto es que la vieja peladura lo ciñe y ahoga exteriormente; pero la Víbora ya construyó debajo su otra piel. De modo tal que ahora, mientras los figurones externos consuman la muerte de una dignidad y la putrefacción de un estilo, la piel externa de la Víbora quiere salir a la superficie y mostrar al sol sus escamas brillantes. “¿Y quién es la Víbora?”, inquirí en mi falso desconsuelo. “La Patria”, dijo Megafón.”
Voz colectiva del subsuelo de la patria, Megafón desnuda la naturaleza de la traición de la oligarquía cuya supervivencia depende de que el imperialismo la sostenga de las agallas. En su “horizonte mental”, explica, no cabe una noción de Patria, tampoco la rapsodia de sus destinos posibles vinculados al bienestar del país. Sucede que la oligarquía y el pueblo son enemigos históricos irreconciliables: cuando nosotros defendimos la soberanía, ella entregó el patrimonio nacional al extranjero; cuando fuimos sanmartinianos, bolivarianos, federales, fue rivadaviana y salvaje unitaria; cuando fuimos yrigoyenistas, peronistas, fue golpista y genocida. Con la oligarquía no hay negocio ni convivencia posible, sino capitulación.
 Así, todo combatiente nacional sabe que en la víspera de la “Gran Batalla” se produce el vacío, como manifiesta Megafón: “Lo malo es que soy un hombre de anteayer y un hombre de pasado mañana”, que está “entre dos noches: la de atrás con un sol muerto y la del frente con un sol que no asoma todavía.” Y, fundamentalmente, sabe que en la lucha final contra el enemigo histórico de la Nación aparece el problema entre las vanguardias y las retaguardias. Pero está prevenido por la revelación que le hizo el brujo de Atamisqui: “La última vanguardia es útil cuando se relaciona con la primera vanguardia.” Y la primera vanguardia, la primordial, la infancia del río buscada por el surubí, es la fuente del sentido, la que hace que valga la pena vivir y morir por rescatar a la Patria de los que la mancillan y malvenden. Allí está el germen de todas las victorias del pueblo, único guardián del secreto de los símbolos que ocultan su destino de grandeza. Megafón, “con los dientes rotos de morder simbolismos” de “dura la cáscara y jugo difícil”, piensa que ha llegado la hora de desatar los furores que relampaguean en los adentros del pueblo y entonces clama: “¡Quiero agarrar el toro por las guampas!” Preso, torturado, diezmado, descuartizado, Megafón ha triunfado, lisa y llanamente, porque los derrotados eventualmente, nunca saldrán vencidos en el combate sin cuartel por la emancipación nacional y estarán, otra vez, convocados a la invencible esperanza: “Sea como fuere, todo aquí está en movimiento y como en agitaciones de parto. ¡Entonces, dignos compatriotas, recomencemos otra vez!” Expresa manifestación de una inquebrantable fe en el país. Igual a la nuestra.

I. En la huella, aunque el imperialismo venga degollando
Hay quienes se sorprenden hoy de las atrocidades del neocolonialismo gobernante como si fuese un fenómeno parido en diciembre del 2015 sin antecedentes en el país. Similar a la visión cuanto menos pueril de los que predicaban hasta hace no mucho un supuesto irreversible del proceso iniciado en el 2003. Sucede que con un poco de conciencia histórica del devenir del movimiento nacional, sabemos que no puede esperarse la menor garantía del régimen, esa zoncera demoliberal de que “ojalá que al gobierno le vaya bien”, cuando el conflicto que nos atraviesa es antagónico, como son antagónicas las disputas por la renta nacional: si no se beneficia el pueblo es porque las corporaciones se la llevan toda, si no se gobierna explícitamente a favor de los sectores populares se lo hace implícitamente para los poderosos. Y además, no es un partido parejo: el árbitro juega para ellos.

 El Modelo de desarrollo diagramado en diciembre del 2015 beneficia a los eternos verdugos del pueblo argentino: por un  lado, al grupo de los grandes terratenientes y exportadores agrícolas a los que se favoreció a través de la devaluación de nuestra moneda generando una inflación acelerada que acrecentó sus ganancias. Por otro, a  las empresas oligopólicas de servicios e importadoras de productos extranjeros, a las que se les permitió aumentar exponencialmente las tarifas. Y a un tercer actor, el capital financiero especulador imperial al que el cipayismo premió con la toma de deuda. En estos 11 meses, la infamia de la oligarquía gobernante emitió 16.500 millones de dólares para sufragar a los Fondos Buitres, eliminó los límites para la adquisición de dólares con su consecuente fuga de divisas y  timba financiera, permitió al Banco Central tomar un préstamo puente de 5.000 millones de dólares a una tasa cercana al 7 % en dólares, a las provincias acrecentar una deuda que ya superó los 8.200 millones de dólares… Los trabajadores, el pueblo humilde, las Pymes, la pequeña empresa nacional, con la daga al cuello. Se han perdido 300.000 puestos de trabajo y existen más de 1 millón de nuevos pobres. La reprimarización de la economía profundiza la condición semicolonial de nuestro país vía apertura económica, una deuda superior a los 32.000 millones de dólares, la caída de los salarios y del consumo, la suba de los servicios públicos y la recesión económica internacional que firma el acta de defunción de la industria nacional. Frente a este panorama desolador para las organizaciones libres del pueblo y para la supervivencia del patrimonio nacional de los argentinos, también para nosotros la verdad es más alegre porque como Megafón, nuestra vida política se forja en la batalla, camino jalonado de infortunios pero también de grandes conquistas. Entonces, ¿qué queda del Movimiento nacional? Todo: es la Patria.


II. Algunos yerros, muchas bravuras
En la historia de la liberación nacional ninguna lucha se pierde totalmente. Muta, transfigura, y lo que ayer fue acción patriótica, hoy deberá transformarse en conciencia nacional, popular y antiimperialista para que mañana troque en política nacional independiente. A la ocupación espiritual y material efectuada por el extranjero y sus socios locales, nosotros la enfrentamos con redención de nuestra conciencia histórica, base de la formación de una voluntad emancipadora. En tal sentido, digan lo que digan los predicadores de la negación y defenestración del movimiento obrero organizado como columna vertebral del movimiento nacional, los trabajadores y sus organizaciones, como siempre en la historia del país, sacarán la patria de la ignominia colonial. Si entramos prepotentemente en la historia un tumultuoso 17 de octubre de 1945 fue para no irnos nunca más. “Yo nunca me metí política, siempre fui peronista”, condensó el genio de Favio retomando tanta pena y olvido de Osvaldo Soriano. Hay que decirlo: si fuimos peronistas y si seguimos siendo peronistas a pesar de agachadas y deslealtades múltiples, es porque no conocimos nada mejor y tenemos la certeza de que cualquier identidad que aspire a representar los intereses nacionales y de las mayorías, volverá a pensar en los mismos términos históricos que supo comprender y realizar el General Perón: soberanía política, independencia económica, justicia social, Patria Grande. Y volverá a recuperar su institución permanente, el movimiento obrero organizado, motor del todo social, políticamente flexible cuando la realidad lo demandó, pero ideológicamente intransigente cuando las papas quemaron, con algunos yerros comunes a todos los actores de la lucha política argentina pero, esencialmente, con  muchas bravuras: La Falda y Huerta Grande, la CGT de los Argentinos, el sostén de Rucci al Pacto Social, los 26 puntos para la Unificación Nacional de Ubaldini, el MTA durante el menemismo, el enfrentamiento con las patronales rurales durante el conflicto con la 125…
 Con el afán de obturar la necesaria consustanciación entre movimiento nacional y movimiento obrero, los miopes de hoy se rasgan las vestiduras confinándolo todo, multiplicidad de actores y organizaciones, a la “burocracia sindical.” ¡Paparruchadas! Que sobran bravuras en la historia del movimiento obrero organizado. Lamentablemente, son los mismos actores que ansían estallidos sociales, cuando otros predicamos tiempo, el tiempo necesario para la reconstrucción de los lazos de solidaridad interna que permitan el surgimiento de la unidad de programa y acción. El tiempo de los trabajadores de carne y hueso que no están en los libros y que no correrán detrás de las urgencias dictadas por las vanguardias iluminadas, ni por los retardatarios de las roscas y los negocios. La historia es aleccionadora al respecto: la fragmentación y desmovilización del movimiento nacional no es consecuencia del triunfo electoral de la oligarquía, sino a la inversa: la fragmentación y desmovilización del movimiento nacional que se operó durante los últimos años desde la conducción del movimiento nacional nos llevó a la tragedia que viene mostrándole  día a día en sus ribetes más aciagos. El 2015 nos encontró desunidos y dominados. El movimiento nacional estaba dividido, por eso la aristocracia del dinero avanzó. Esa es la única verdadera “pesada herencia” que parimos, la de haber desertado de la necesidad de conformar un sólido frente nacional contra el enemigo de la Patria y del Pueblo.

Estamos porfiadamente a tiempo: la única salida a la encerrona actual es la organización de los caminos de unidad que permitan la reconstrucción del movimiento nacional con protagonismo obrero y popular y con programa de emancipación.

III. No hay peor astilla que la del mismo palo
La unidad nacional es de todos los sectores enfrentados, en mayor o menor medida, a la oligarquía gobernante ligada al imperialismo que la comanda, como reaseguro de la conformación de un gran frente patriótico que no tiene como objeto meramente la suma de voluntades electorales pasatistas de cara al 2017 o al 2019, sino esencialmente, la forja de una posición nacional que nos permita abordar nuestros problemas estructurales con criterio argentino y acordar un programa de emancipación para el corto, mediano y largo plazo.
 Sólo un Proyecto Nacional unifica. Si se carece de Proyecto de país no se sabe quién es el verdadero enemigo y aparecen falsas disputas entre hermanos. Cuando un país no forja su proyecto, o sea, su propia historia anticipada, está en el proyecto de otro del cual dependerá. En el poder no hay vacío que no se llene.  En la actualidad, sin una base de unidad doctrinaria que vertebre intereses básicos de conjunto, difícilmente consigamos unidad de acción. Sin la presencia activa y medular de los trabajadores y sus organizaciones sindicales, sin la participación de aquellos actores con representación territorial ligados al Partido Justicialista, sin reconocer los doce años de avances y la importancia de Cristina Fernández que nuclea sectores externos al peronismo, y sin ponderar todo un amplísimo conjunto de organizaciones libres del pueblo, sociales, deportivas y culturales, difícilmente logremos darnos una nueva estrategia de poder para conquistar la voluntad popular perdida que optó por una propuesta nefasta frente a la que, indudablemente, no pudimos ofrecer algo superador, fraccionados y sin programa nacional que interpelase los verdaderos anhelos y las necesidades concretas de nuestro pueblo. Sin dudas, esto requerirá nuevos liderazgos o liderazgos más amplios que los que hoy se invocan, o al menos colegiados. Si en lugar del trabajo de base, la línea de muchos sigue producir divisiones y preconizar el protagonismo juvenil como único e inmaculado, remachando la estrategia iluminista de sectores juveniles en el movimiento nacional al que pretendieron erróneamente conducir que trajo frutos amargos en los años ´70 y, recientemente, coadyuvó al fraccionamiento de nuestro espacio, no logramos trascender los modos de hacer política que tocaron techo trágicamente el 22 de noviembre de 2015.
Los desafíos son muchos y al margen de la necesidad del retorno al Estado, el entretanto se juega en el terreno de la organización popular en unidad y solidaridad desde la identidad de una doctrina nacional que otorgue sustrato cultural a nuestro pueblo. Para que las transformaciones sociales y la restitución o ampliación de derechos tengan perdurabilidad se necesita contar con lo que el General Perón llamaba “concurso organizado del pueblo.” No es lo mismo un liderazgo o una “jefatura” que “empodera” desde el manejo del Estado que una conducción estratégica de los destinos de un Pueblo. Entiéndase esto no como una crítica descalificadora, sino como un análisis de las limitaciones políticas que todos tenemos cuando de la grandeza de la Patria y de la felicidad de nuestro pueblo se trata. Y para no esperar de la vuelta del “Mesías” lo que sólo nosotros mismos somos capaces de emprender como militantes de la causa nacional. Esta asunción implicará necesariamente salirnos de las reglas de juego del republicanismo colonial que nos anula como sujetos políticos para relegarnos al manso y sumiso lugar de consumidores de gestiones respetuosos de instancias electorales. Implicará terminar con las fantasías progresistas de tanto burócrata de escritorio que colisionaron con un territorio que devino administración colonial: apostamos a la inclusión y el neocolonialismo nos devolvió consumidores que castigan en las urnas las políticas sociales de las que ellos mismos son sujetos. La militancia organizada y conducida desde el Estado nunca podrá reemplazar lo que las organizaciones libres del pueblo tienen como potencialidad en la construcción de un camino emancipador. El peronismo como resolución concreta del problema de la dependencia argentina habló de construcción de poder popular y no “empoderamiento” desde el Estado, repartiendo derechos sin generar consciencia e identidad, ni organización que los contenga. El verdadero poder es persuasión de personas convencidas de su misión histórica que es hacer una Patria donde hoy existe la devastación colonial.

 IV. Quien le da pan a perro ajeno, pierde el pan y pierde al perro
Las gestiones de gobierno de Néstor y de Cristina fueron lo mejor que le pasó al país tras la muerte del General Perón. Los argentinos nos decidimos a bajar las banderas del neoliberalismo y en lugar de forjar una férrea voluntad nacional que nos permitiese levantar las del nacionalismo popular para terminar de saldar la revolución aplazada en 1955 y en 1976, nos conformamos con alentar las banderitas del neodesarollismo del monocultivo de la soja y la estructura económica extranjerizada. El enemigo sabe qué hacer con nuestras inconsistencias y fraccionamientos, con nuestros a medio camino, con nuestros posibilismos, con nuestros progresismos de cotillón, con nuestras agachadas, defecciones y entregas. No dan las correlaciones de fuerza, los tiempos cambiaron, nos decían. Los tiempos inexorablemente cambian, pero la estructura de la dependencia que nos hace una patria raquítica, la Argentina de los millones de nadies que sufren el paisito del privilegio mantiene toda su trágica vigencia. Resolver necesidades no es lo mismo que erradicar las causas que las crearon. Inclusión no es lo mismo que justicia social plena. Acompañar hartazgos en momentos de angustia no es lo mismo que dar cauce a lo que el pueblo quiere. Debemos decidirnos a trabajar para arribar a la conciencia de que sólo el pueblo organizado detrás de un proyecto de liberación nacional logrará atravesar estos tiempos de angustia, desorganización y soledad de liderazgos genuinos, y convencernos de que la única amenaza real para el bloque oligárquico es la confrontación total con los mecanismos de colonialismo vigentes desde Martínez de Hoz a la fecha. Sin cuestionar la estructura de saqueo y el control de la actividad económica por parte de las corporaciones, sin debatir sobre la matriz distributiva, sin asumir las demandas postergadas de nuestro pueblo, la posibilidad futura del pleno empleo, la brecha entre precios y salarios, la necesidad de un sistema industrial autónomo, la colocación de los recursos naturales al servicio de la Nación… seguiremos barajando cuál es el modelo más apropiado para administrar la dependencia. Sabemos que ninguna contingencia es permanente, por tanto, es urgente vencer al tiempo con la organización de las voluntades patrióticas.

 V. ¡Ahora, manos a la obra: el toro por las guampas!
Somos los que cargamos con la responsabilidad de hacer realidad lo que viene, una verdad de a puño: 2015 dio cabal cuenta del desastre de la estrategia política. Estamos a pasos nomás del 2017: ¿replicaremos los yerros que nos trajeron hasta acá? El sectarismo es la negación del pensamiento del último Perón, el de la Unidad Nacional y la concordia, el del Modelo argentino, el que hoy revisitamos como hoja de ruta del qué hacer del porvenir. El peronismo nunca fue propiedad de las vanguardias, sino fuerza integradora de la comunidad nacional con vocación frentista abriendo la cancha e integrando la diversidad en el movimiento nacional. Imbatible: Perón nunca perdió elecciones, lo tuvieron que echar del país con bombas y fusilados y no lo dejaron volver durante 18 años. Dividir, expulsar, defenestrar, ignorar, cortar víveres hasta el extremo de hacer perecer actores o empujarlos a jugar en otra cancha, fue entregar en plato servido al enemigo el porvenir de nuestro pueblo. Es necesaria la grandeza y el patriotismo para volver a poner en su lugar el orden de los términos que fueron trastocados: primero la Patria, después el Movimiento y por último los  hombres. El movimiento nacional, ese coloso que nos dará cobijo para las batallas actuales y las que se avecinan, deberá nutrirse de sus mejores tradiciones y de las experiencias de lucha de la estirpe triunfadora de una Argentina que posee el coraje de los pueblos de la Gran Patria Sudamericana que nos debemos, y que jamás admitirán un destino colonial



jueves, 1 de diciembre de 2016

Las elecciones norteamericanos y su impacto en Nosotros

Dr. Luis Balestri (ToTo)

En el día de la Soberanía Nacional: 20 de noviembre de 2016


El presente escrito es consecuencia de la invitación que los compañeros de “Confluencia Abierta de Militantes Peronistas” me realizaran, de manera conjunto con Osvaldo Jauretche, y como elemento disparados de una posterior reflexión grupal. Haber ordenado un conjunto de ideas vale plasmarlo en un texto que busca la misma finalidad: discutir.
¿Es tan importante debatir sobre las elecciones norteamericanas? Es indudable que tiene su importancia por las implicancias de los hechos de los norteamericanos en nuestra realidad política. Estamos ubicados en su área de influencia y es la principal potencia mundial, por lo que afectará la estructura hegemónica de poder.
Si nos atenemos a las enseñanzas de Perón, analizar estos temas es imprescindible ya que consideraba que la política internacional es la principal. Sus implicancias y las relaciones dentro de nuestra frontera no sería más que la política de cabotaje.
¿Desde dónde abordar el análisis?
Creo que el tema en si merece ser analizado desde el enfoque de Walter Formento[1]. Hace ya bastante tiempo que este compañero y su equipo de CIEPE trabaja en la interpretación de la realidad internacional con  una minuciosa búsqueda de información.
Sus investigaciones tienen la importancia de recordar que los sujetos colectivos no son homogéneos ni compactos. Las “estructuras hegemónicas de poder”[2] están llevas de contradicciones y de proyectos en pugna y allí está el gran aporte de Walter al descubrir choques donde a primera vista aparece como uniforme.
En consecuencia, el “Norte Imperial” no es uno. Por el contrario, está compuesto por diferentes proyectos que sustentan modelos distintos en la configuración de una nueva estructura. Formento distingue un proyecto unipolar, de naturaleza financiera y un proyecto multipolar, de características productivas y con una interesante presencia pública.
También clasifica el proyecto unipolar financiero en dos propuestas diferentes: el globalizador de las empresas transnacionales (ET), que procura avanzar en la búsqueda de un gobierno global que elimine toda frontera nacional o continental; y el proyecto de las multinacionales norteamericanas, cuya naturaleza también es financiera, pero trata de sostener la primacía norteamericana. Uno de los principales sostenes de esta segunda postura son los fabricantes de armas.
La propuesta multipolar también opera en dos versiones, aunque en este caso complementarias. Una de ellas es la que se estructura a partir de la alianza entre China y Rusia, extendida al denominado grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) que Formento reconoce como “la nueva ruta de la seda” y la segunda con la propuesta política religiosa humanista que pone en juego el Papa Francisco.
Gran parte de la contienda ocurre sobre le vieja Europa. Allí conviven los planteos globalizantes sustentados desde la City de Londres, acompañada por los restantes nodos europeos de la Red Financiero Global (Bolsas de París, Francfort, Zurich o Amsterdam, entre otras). Por su parte, los planeos multinacionales operan desde los planes de la OTAN. Las dos posturas conviven con el viejo proyecto continental de una Europa unida y autónoma que se sostiene desde lo que podríamos denominar el eje Berlín-París. Consientes algunos de los líderes europeos de la imposibilidad de lograr autonomía, subyace en ellos la idea de construir una alianza con rusos y chinos.
La descripción realizada es una breve síntesis de las relaciones mundiales en un mundo dinámico, en transición hacia un nuevo orden mundial que a no dudarlo será supra continental. Perón[3], en su libro póstumo, nos había alertado sobre el advenimiento del Universalismo, un estado del mundo caracterizada por una integración planetaria democrática, en igualdad de condiciones. Nada que ver con la llamada Globalización que también es una propuesta de integración planetaria, sólo que para unos pocos que terminarán subordinando a los restantes pueblos y las naciones. Vale aquí también recuperar la vieja recomendación de Perón cuando nos decía que ese nuevo mundo nos sorprendería “unidos o dominados”: Unidos al Universalismo; Dominados es la Globalización
También entonces Perón habló del Continentalismo, era la etapa de transición al Universalismo, donde debíamos unirnos para poder llegar a ese Modelo. Hoy está claro que el tiempo del continentalismo quedo atrás y que las disputas se dan en el ámbito planetario. No obstante, para pueblos como nosotros, la integración planetaria sigue exigiendo una instancia continental, tipo UNASUR, para poder acceder al Universalismo.
El análisis de los resultados electorales de la principal potencia de la estructura hegemónica de poder la intentamos realizar desde el marco descripto siguiendo a Formento.
Fue una elección entre Hillary Clinton y Donald Trump. La primera es la esposa del ex presidente Bill Clinton, quien realizó las reformas que permitieron la ofensiva de la propuesta global del unipolarismo financiero de las transnacionales, por lo que podemos pensar que encarnaba ese proyecto. El segundo fue definido por los medios masivos como un “outsider”, palabra sin traducción al español que significa algo así como “fuera de lo normal”, “ajeno al asunto”.
Trump es un empresario multimillonario grotesco, guarango como corresponde, que se manejó de modo permanente con mensajes maniquístas (una lucha entre lo bueno, que el encarnaba, y lo malo) y sensacionalista[4]. No cuestionó el sistema que le permitió amasar su fortuna, pero si su dirigencia, lo que permitió ser percibido como un sujeto que venía “de fuera de la política” (en realidad del sistema de partidos políticos, ya que todos, aun sin partido político hacemos política).
Se identificó como nacionalista. Por las dudas, vale la pena recordar la diferencia que Hernández Arregui[5] hacía entre el nacionalismo que los países centrales, imperialista y dominador; frente al nacionalismo de los países periféricos, que por oposición se transforma en revolucionario ya que busca quebrar el orden impuesto. Trump es un nacionalista de la estructura hegemónica dominante.
Su primera contienda que dentro del Partido Republicano donde venció a hombres del establishment guerrero como Jes Bush, Marco Rubio y Ted Cruz. Ya en ese entonces lució su discurso bufón y aparecieron las propuestas típicas de un nacionalismo racista. En la confrontación con Hillary mantuvo esa tónica. Dijo que los mejicanos indocumentados (ilegales los llamó y dentro del concepto mejicano incorporó a todo tipo de latinoamericano) son todos delincuentes, por lo que iba a deportarlos. Prometió que enviaría a once millones de latino fuera de las fronteras norteamericanas. Habló con construir su famoso muro de 3.200 kilómetros. Prometió prohibir el ingreso de musulmanes.
Entre tantas propuestas fuera de lugar, a mí me preocupó la identificación que realizó del cambio climático como un cuento chino. Según Ramonet dijo que se trata de un engaño para que la industria norteamericana pierda competitividad.
Con ese rústico discurso captó a todos los desencantados con la situación actual de los Estados Unidos. En modo especial fue escuchado por los golpeados de la crisis del 2008 (se habla de 60.000 fábricas cerradas, la mayoría deslocalizada, y de 5 millones  de puestos de trabajo perdidos)[6]. También impacto en los sujetos que se manifiestan cansados del discurso político global (de propuestas parecidas y haciendo hincapié en el impacto emotivo de la imagen).
Una de sus propuestas centrales sería el ejercicio de la honestidad. Propuso un gobierno honesto. Vale en este punto destacar un parecido. Es fácil hablar de honestidad para quien nunca estuvo en cargos públicos; pero quien hizo tanta fortuna como la del futuro presidente de los Estados Unidos y en corto tiempo, seguro que hizo uso de la coacción y la prebenda. Seguro que compró voluntades y amenazó con las consecuencias que puede padecer otro empresario si no acepta ese pago. Es un modo de accionar que caracteriza a los llamados “empresarios exitosos”. El paralelismo cabe con los Gerentes Generales y Presidentes de Directorio que hoy desempeñan funciones públicas. No saldrán con “bolsos” de esas funciones, pero hacerle ganar a sus propias empresas desde el cargo ocupado, es también corrupción.
Nuevamente fracasaron los encuestadores. El revés también alcanzó a la mayoría de los medios masivos de comunicación que jugaron en contra. Hubo también alguno que jugó a favor. En nuestro país los medios solo publicaron las propuestas burdas y no las que pueden ser más interesantes.
El núcleo central del discurso nacionalista estuvo en sus propuestas económicas. Dijo que aumentaría los aranceles de todos los productos importados. Es sabido que la consecuencia de esos aumentos es un encarecimiento de los productos y una menor importación, dando margen a una sustitución de los importados.
Con el mismo criterio  habló de revisar el NAFTA (tratado de libre comercio entre Estados Unidos, Méjico y Canadá y marco a partir del cual una importante cantidad de fábricas deslocalizadas terminaron instalados en Méjico). Se manifestó en contra del Tratado del Pacífico al que consideró como un golpe final para la industria norteamericana. Rechazó los recortes a las políticas de En igual tenor habló de aumentar los impuestos de la renta financiera y de reestablecer la Ley Glass-Steagall. Se trata de una norma que impedía a los bancos comerciales actuar como bancos de inversión, es decir, dedicados a la especulación financiera. Esta ley fue derogada en tiempos del Presidente Clinton y fue lo que permitió el avance a escala global de la propuesta transnacional. Si restituye la norma sería el fin del proyecto.
Dentro de la política internacional habló de una posible alianza con Rusia por dos motivos: en primer lugar terminar con el ISIS, el estado islámico tan cruel que se instaló en territorios de Irak y Siria, y en segundo lugar, para poder desmantelar la expansión guerrera de los Estados Unidos en todo el mundo. Al respecto dijo que la extraordinaria deuda pública que padecía hacía imposible sostener esos ejércitos fuera de casa por escasez de recursos. Es la misma causa por la que anunció que dejaría de financiar a la OTAN.
¿Era Hillary mejor? Si nos atenemos a propuestas, era la continuidad de las políticas iniciadas por su esposo Bill Clinton y suponía continuar con todas las estrategias del neoliberalismo norteamericano y su impulso a nivel global.
Desde su gestión como Ministra de Obama y, aun después, desde el partido estuvo guerreando en todo el mundo. Hillarý fue la responsable del fin de Gadafy en Libia y del inicio de las operaciones contra Siria, hoy por cierta estancada. Hillarý tuvo que ver con diversos golpes de estado en todo el mundo realizadas de manera burda a través de la prensa, la justicia y la oposición de partidos políticas. Comenzó con los neo nazis en Ucrania y en nuestro territorio americano se continuó con el desplazamiento de Zelaya en Honduras, de Lugo en Paraguay para cerrar con la caída de Dilma en Brasil. Sus operaciones lograron la enorme caída del precio del petróleo que sustentaba fortelza en economías opositoras a los Estados Unidos. Su baja afectó de modo notorio a Rusia, a Venezuela y a Irán.
En consecuencia, no era mejor. Era más de lo mismo. Era la continuidad del proyecto unipolar financiero mientras que Trump no sabemos que puede hacer.
La primer duda es si querrá cumplir lo prometido, pues la mayoría de los candidatos globales dan una señal y hacen otra. La segunda dura es ¿podrá hacerlo? Formento habla del “Estado Profundo”. Todos sabemos de un gobierno que no es elegido pero que viene gobernando detrás del trono y que recibe ese nombre. Sabemos que muchos de los dichos de Trump pegan en los intereses de este Estado Profundo, lo que hace suponer muchas dificultades para poder hacerlo. De hecho, después de las elecciones han aparecido las movilizaciones en su contra en muchas ciudades ¿intentan destituirlo antes de asumir? Es evidente que muchas de esas manifestaciones están armadas.
En conclusión, creo que se vienen tiempos interesantes. Al menos no será la monotonía de la continuidad. Por las dudas, recomiendo a algunos economistas “al uso del sistema” la lectura de Alexander Hamilton[7] y sus propuestas económicas que hicieron grande a los Estados Unidos.
Trump venció con el voto de los desocupados y los pocos obreros industriales que quedaban, hablando en contra de los tratados de libre comercio y hablando contra la globalización. Posiblemente tenga acompañantes. Consecuencia del Brexit, Teresa May anunció un plan de industrialización para la Gran Bretaña, Francia se negó al tratado de Trans Atlántico y hay condiciones para un triunfo nacionalista. Bélgica paró el tratado de libre comercio con Canadá. Algunos predicen problemas para Merkel en las próximas elecciones.[8]
Podemos generalizar las elecciones sorpresas pensando que detrás de esos votos aflora el reclamo para que los gobiernos retomen sus viejas funciones. Es paradójico, pues nosotros las habíamos recuperados y ahora nuevamente la estamos cediendo a los tecnócratas directores de empresas. Los sindicatos de Estados Unidos y de la Unión Europea han firmado un acuerdo solicitando el respeto del Pacto Mundial de la Organización de Naciones Unidas donde se prevé el respeto a los sindicatos, a su funcionamiento y la exigencia del funcionamiento de las convenciones colectivas.
La situación para Nosotros es de incertidumbre. Es novedosa, con puntos a favor y otros preocupantes, pero incierta porque no sabemos si quiere en verdad cumplir y si puede hacerlo. De hecho, algunos nombres de quienes serían sus ministros (según los dichos de Osvaldo Jauretche en la charla) indican que no avanzará demasiado.
Pero la sucesión de elecciones no previstas para la prensa mayoritaria indica un tiempo particular donde el mundo ha vuelto a barajar. Ha regresado el tiempo de la geopolítica. De pensar en esos términos.
Lo más preocupante del momento es la pérdida de confianza en la democracia y la falta de credibilidad de los partidos políticos domesticados por la propuesta global. Es preocupante porque la política es la única herramienta que tenemos los Pueblos, el Nosotros, para construir nuestro futuro.
Finalizo tomando una idea de Moore ya citado quien afirma el fracaso de la delirante dirigencia que intentaba instalar una oligarquía global. Su caída abría la puerta para un nuevo ciclo histórico de “La Hora de los Pueblos” la circunstancia política que Perón predecía en su famoso libro.
¡Quiera Dios que así sea!



[1] Formento, Walter. Geopolítica de la Crisis Económica Mundial. Ediciones Fabro, 2016
[2] Gullo, Marcelo. La insubordinación fundante. Editorial Biblos, 2008.
[3] Perón, Juan Domingo. El Modelo Argentino para el Proyecto Nacional. 1973.
[4] Ramonet, Ignacio. Las siete propuestas de Trump que los grandes medios censuraron. Le Monde Diplomatique en español. http://www.monde-diplomatique.es/
[5] Hernandez Arregui, Juan José. Nacionalismo y liberación. Editorial Hachea, 1969.
[6] En la charla, Osvaldo Jauretche me hizo notar que algunos consideran a esas estadísticas como demasiadas conservadoras.
[7] Moore, Walter. La derrota final del neoliberalismo. Publicada en su página.
[8] Podetti, Humberto. Ganó Trump. Nuevamente un Pueblo descoloca a establishment. Articulo reciente.

Declaración de apoyo al gobernador Gildo Insfrán

29 de noviembre de 2016

Los abajo firmantes, participantes del Encuentro de Formosa, adhieren a la actitud de firmeza en resguardo de la vigencia de los derechos electorales inscriptos en la tradición política argentina y en la Constitución Nacional sostenida por el gobernador de la provincia de Formosa, dr. Gildo Insfrán. Fue la actitud del doctor Insfrán y de los gobernadores justicialistas el golpe de gracia a una Reforma Política que ponía en serio riesgo la vigencia de los derechos electorales del pueblo argentino.

Denunciamos, desde ya, los intentos con que el gobierno nacional, con la complicidad de los grandes medios monopólicos, intentará acallar y doblegar la firmeza política y doctrinaria del gobierno de Formosa, con el manejo centralista y arbitrario del presupuesto nacional y la participación de las provincias.

El gobernador lo advirtió públicamente el sábado 26 de noviembre, en uno de sus habituales encuentros con el pueblo formoseño, y el diario La Nación se encargó presuroso de avisar al gobierno.

El gobernador Gildo Insfrán y el pueblo formoseño cuentan con nuestro apoyo y denunciaremos en cada instancia que se nos presente cualquier intento amordazador de la soberanía del pueblo.


FIRMAN: Susana Alonso – Héctor Amichetti – Javier Araujo – Toto Balestri – Daniela Bambill – Víctor Bassuk – Luis Basterra – Mariano Leonardo Beristain – Fabián Blanco – Juan Carlos Blotta – Hernán Brienza – Francisco Cafiero – Horacio Cesarini – Jorge Cholvis – Jorge Coscia – Abel Daltoe – Fabián D’Antonio – Agustín D’Attellis – José Luis Di Lorenzo – Aldo Duzdevich – Rodolfo Edwards – Federico Escribal – Sergio España – Roberto Feletti – Abel B. Fernández – Gabriel Fernández – Julio Fernández Baraibar –Pablo Fontdevila – María Teresa García – Martín García – Horacio Ghillini – José Luis Gioja – Inés Lotto – César López – Carlos Malizia – Ariel Martínez – Juan Carlos Manoukián – Maria Rosa Martínez – Gerardo Melo – Renato Miari – Luis Moyano – Antonio Muñiz – Martín Navarro – Mario Oporto – Ricardo Oviedo – Dante Augusto Palma – Patricia Pastor – Juan Manuel Pedrini – Daniel Perez – Francisco Pestanha – Martín Plaza – Mariano Pinedo – Jorge Rachid – Aritz Recalde – Daniel Santoro – Alfredo Silletta – Florencia Tropeano – Fernanda Vallejos – Augusto Ypas, siguen las firmas

miércoles, 30 de noviembre de 2016

LOS OBJETIVOS ESTRATEGICOS DE LA NACIÓN, NO PUEDEN SER REMATADOS POR UN PROCESO POLÍTICO CIRCUNSTANCIAL


Jorge Rachid – Noviembre 2016

  
1-     Un argentino puede ser mas o menos peronista o radical, puede ser de izquierda moderada o extrema, puede incluso ser conservador, liberal e incluso plantarse frente a la vida como un pragmático, pero se supone que vive y palpita aquí en nuestra Patria, que sus hijos se crían entre compatriotas, que cantan el himno y se emocionan con la bandera y la Marcha de San Lorenzo, que se enojan cuando pierde la selección y se emocionan hasta las lágrimas ante los logros de otros argentinos a nivel mundial. Eso define a un argentino?
2-     Quizás no alcanza cuando se vuelcan esos sentimientos a la política, despreciando a nuestros compatriotas, repitiendo frases de la colonización cultural como “a los argentinos no les gusta trabajar”, en una muletilla enarbolada por las masas europeas migrantes de principios del siglo XX, o esa otra que nos dice que al pueblo “ hay que enseñarle a pescar, no darle de comer pescado”, cuando las masas desocupadas movilizadas en las calles daban cuenta de un proceso neoliberal que los había sometido a una ingeniería social, inédita en el siglo XX de posguerra con 12 millones de argentinos arrojados a la banquina de la historia.
3-     ¿Son argentinos aquellos que repiten automáticamente que si nos hubiesen colonizado los ingleses en 1806?, en vez de correrlos con aceite hirviendo o de impedirles el paso con un Rosas y un Mansilla heroico en la Vuelta de Obligado, diciendo que si la Argentina inglesa, hubiese sido como Canadá. Además de pecar de ignorantes, han adquirido una personalidad del colonizado, desconociendo su propia historia gracias a otros colonizados, sumisos al imperio inglés como Mitre o rendidos a los norteamericanos como Sarmiento, escondiendo a un Alberdi que en sus memorias retrocede de su pensamiento eurocentrista, apoyando ante tanto agravio, las causas nacionales.
4-     Es que la historia argentina hasta hoy ha sido escrita por los vencedores de Caseros, los mismos de la traición mayúscula: la de un jefe del ejército nacional que estando en guerra con el imperio portugués, que se pasa al enemigo y entra con las tropas extranjeras a expulsar al gobernante de mayor prestigio argentino en el mundo del siglo XlX, como era Rosas. Ese hecho lo describe Mitre como heroico, como una gesta nacional, como un punto de inflexión en la historia, que realmente lo fue, pero que volvió a la Argentina dependiente y colonial.
5-     ¿Entonces que somos los argentinos, súbditos de cualquiera o patriotas que luchamos por un destino común de Justicia, Independencia y Soberanía? Esa decisión de vida nos define en dos situaciones antagónicas: como aliados a intereses extranjeros, con pensamiento elaborado en otras latitudes, desconociendo nuestra raíz autóctona americana, morena, profunda, criolla a la cual le cantamos, pero no siempre incorporamos como hecho cotidiano de vida. La historia escribió otras frases, desde los caudillos federales aplastados en nombre de la “civilización”, pasando por los “dictadores” como Rosas, Irigoyen y Perón definidos así aunque hayan sido elegidos por sus pueblos, caracterizados como la “barbarie”.
6-     Los pensadores americanos de la emancipación hasta la fecha fueron enterrados en la memoria de los pueblos, no se enseñan en las escuelas, no forman parte de las currículas de formación, se inyectan literaturas y músicas bajo el eufemismo de “universales”, que fueron universalizadas a la fuerza por imperios coloniales, lo cual no quiere decir quitarle valor artístico a las mismas, sino que son presentadas como sólo posibles en otras sociedades, ignorando, ninguneando, ocultando, las producciones nacionales y latinoamericanas, de una riqueza sublime.
7-     La conformación de la conciencia nacional se siembra en la familia, en la trasmisión oral que permitió el rescate de lo ocultado a través de la historia, desde las luchas populares de los pueblos originarios, algunos de los cuales no se rindieron nunca, hasta nuestros criollos luchando contra el imperio español con sus bombachas como único escudo, abandonando bienes y hacienda, junto a sus familias, en pos de la libertad de nuestro pueblo, con dirigentes que hoy se soslayan con cantos de sirena importados de otras latitudes, proclamados por gobernantes como los actuales, sumisos y pusilánimes, cipayos de coraje con los humildes y arrodillados a los poderosos. Esa no es nuestra Argentina.
8-     Ni Rodolfo Kush, ni Fermín Chávez, menos aún De La Riega y Zampay son rescatados, sino enterrados como Astrada, Ugarte, Castellani, José María Rosas, entre otros tantos, junto a los pensadores latinoamericanos como Vasconcellos de México, Rodó uruguayo, Mariátegui, Rubén Darío y Martí mas conocidos. No nos cuentan la historia de los chicos de Chapultepec mexicano que ante la invasión norteamericana, se suicidaron en masa saltando al vacío. No relatan el robo norteamericano de más de un tercio de territorio mexicano desde San Francisco a California a fuerza de genocidios planificados. No se habla de Gaitán, ni de Arbenz, tampoco de las revoluciones populares de Paz Estensoro, Haya de la Torre, Getulio Vargas, Caamaño Deno, Velasco Alvarado entre otros quienes escribieron la historia latinoamericana.
9-     Entonces convengamos que la tendencia de las dirigencias argentinas es eurocentrista en su pensamiento, coloniales en su acción y sumisas en su actitud de vida, que quienes hoy nos gobiernan tienen poco y nada de afecto por nuestras culturas ancestrales, por nuestras vivencias de lucha y emociones nacionales, viven de racionalismos que siempre pretenden acumular mas riquezas a cualquier costo, sumando en esta etapa de la humanidad el peor de los cánceres de los pueblos, como es el sector financiero internacional, asentados en fondos de inversión supranacionales, que arrasan pueblos y culturas, determinan procesos en salud y educación, provocan ajustes estructurales funcionales a sus intereses sometiendo a los pueblos.
10-  Esos sectores entonces no son adversarios políticos, son enemigos de la Patria, son aquellos que piden consensos para permitir el saqueo de los recursos naturales de los argentinos, que además se pretenden apropiar del ahorro interno genuino de trabajadores activos y pasivos, de los fondos previsionales y de salud. Los peronistas y los hombres y mujeres del campo nacional y popular de cualquier ideología que quieran defender la Patria de la ocupación extranjera en su economía, en su cultura, en su desprecio por la memoria de los muertos en Malvinas y en las luchas por la Liberación Nacional, deberán convencerse de que la fragmentación es el éxito del enemigo y el sectarismo es funcional a ellos. Lo fue en Latinoamérica ante la balcanización inglesa, reparada por Chávez, Lula y Kirchner reconstruyendo la Patria Grande desde el UNASUR-CELAC, recuperando la memoria de Artigas, San Martín y Bolívar. 


    ¡Que chico queda el análisis del macrismo en estos párrafos de nuestra grandeza y  orgullo, como país y como región, en que estos personajes no son bienvenidos y fungen de ajenos!

Fidel Castro y su legado

Aritz Recalde, noviembre 2016

REVISTA ZOOM

El mundo despide a una de las figuras políticas más importantes del siglo XX. Junto a Juan Domingo Perón, Fidel Castro (1926-2016) fue el dirigente quien más profundamente influyó en los debates políticos de Iberoamérica del último siglo. En muchos aspectos su figura es única y es la resultante de fusionar diversas tradiciones ideológicas y políticas que fueron variando en la vertiginosa, extensa y convulsionada historia personal y regional que le tocó vivir.  
Siendo hijo de un terrateniente, Fidel estudió en el colegio La Salle y luego con los jesuitas en un país de raigambre cultural religiosa. En su paso por la Universidad de La Habana, obtuvo el título de abogado y profundizó su conocimiento de la historia y de la literatura marxista.
En su juventud militó en la universidad y en el Partido Ortodoxo, donde hizo campaña contra la injusticia social y para terminar con la corrupción política. Su agitada biografía lo encontró actuando en la academia, asaltando el cuartel Moncada (1953) o realizando su propia defensa letrada frente a un tribunal donde anunció que “la historia me absolverá”. Beneficiado por una amnistía viajó a México y se abocó a retomar la lucha contra la dictadura y organizó el Movimiento 26 de Julio, consolidó una milicia y desembarcó en su país con un grupo de activistas en el yate Granma (1956). Ésta última acción recibió una estrepitosa derrota y ello no impidió que la decena de sobrevivientes organice una guerrilla en la Sierra Maestra y que en el año 1959 derriben a Fulgencio Batista. En la última ofensiva militar rebelde, 300 milicianos derrotaron a un ejército profesional de 10.000 soldados. Tenía tan sólo 33 años y en su corta vida había redactado volantes estudiantiles, organizado un movimiento político de masas, impulsado Radio Rebelde para comunicarse con el pueblo y combatido en la guerrilla.
Siendo una de las grandes celebridades políticas mundiales, entabló relaciones con los principales líderes sociales y religiosos del planeta. Polémico y frontal, desenvolvió diversas relaciones y acalorados debates con figuras encumbradas de la cultura y del deporte como Jean Paul Sartre, Julio Cortázar o Diego armando Maradona. Posiblemente, sea la polémica acerca de la detención del escritor Heberto Padilla, el momento más álgido de una relación entre Fidel y los intelectuales de su país y del mundo. La Revolución Cubana, críticas y debates de por medio, fue un laboratorio cultural y afloraron emblemáticos espacios de producción y de divulgación literaria y artística, como la Casa de las Américas o los ámbitos periodísticos como Prensa Latina en el cual participaron los argentinos Rodolfo Walsh, Ricardo Masetti y Rogelio García Lupo.
Fidel Castro y el conjunto del pueblo cubano atravesaron todo tipo de dificultades en un siglo de guerras mundiales y de revoluciones anticoloniales. A la independencia de España del año 1898 le siguió una administración con tutela norteamericana, que incluyó la sanción de una Constitución que le daba intervención a EUA en los asuntos internos cubanos. En las primeras décadas del siglo XX la política del país fue inestable y transcurrió entre conflictos sociales, huelgas como la del año 1933 que contribuyeron a la caída de Gerardo Machado, levantamientos militares o conspiraciones civiles. Los enfrentamientos políticos derivaron en la represión y en el asesinato de dirigentes como fue el caso de Antonio Guiteras (1935) o del estudiante Rubén Batista (1953).
Ya producida la Revolución y bajo una fuerte presión norteamericana, Cuba entabló una alianza geopolítica con la Unión Soviética que le permitió colocar sus productos de exportación (azúcar) y recibir petróleo y maquinaria industrial y agrícola. El pequeño país cuya dimensión es la de una provincia argentina y que los EUA consideraban su patio trasero y su plataforma para el turismo sexual, tomó una decisión soberana. John William Cooke mencionó que “lo que estaba en discusión para los pueblos latinoamericanos no era el comunismo, o si el gobierno de Castro era comunista, filocumunista, pseudocomunista, sino el principio de autodeterminación de los países del continente para hacer lo que se les dé la gana y buscar la solución que mejor les parezca”. A partir de dicha decisión, tanto los Republicanos (Eisenhower) como los Demócratas (Kennedy) y sin excepciones, ni contemplaciones, impulsaron embargos comerciales y agresiones armadas como la producida en Playa Girón (1961). No es casualidad por ello, que en pleno siglo XXI George Bush acusó a Cuba de formar parte del “eje del mal” junto a Irak, Libia o Siria y financió la “Comisión de Asistencia a una Cuba Libre” que apoyó grupos opositores y reforzó el bloqueo. Una década después y con tropas norteamericanas mediante, Irak, Libia, Siria fueron destruidos por una salvaje guerra.
La desarticulación de la Unión Soviética a fines de los años ochenta, obligó a Cuba a ingresar a los mercados mundiales en el marco de un bloqueo económico y político norteamericano. El país se vio inmiscuido en una etapa dramática en temimos sociales recordada como el “periodo especial”. A partir de acá, el país impulsó el turismo que le originó divisas y también nuevos desafíos culturales y políticos que a la fecha siguen sin resolverse. 
El ascenso presidencial de Hugo Chávez (1998) y de los nacionalismos regionales le dio oxígeno al proceso cubano, que encontró nuevos aliados políticos, económicos y sociales.  Durante la última década el Partido Comunista Cubano impulsó reformas en el marco de los “Lineamientos de la Política Económica y Social”, que favorecen la creación de un mercado y de una actividad económica privada y mixta.

El legado de Fidel

Fidel fue un nacionalista que siempre exigió el efectivo cumplimiento del derecho a la autodeterminación política y cultural de Cuba. Durante sus gestiones la isla construyó una identidad propia y diferenciable, como parte de una simbiosis de las tradiciones hispánicas, afroamericanas, norteamericanas y soviéticas. Cuba ejerció el derecho a la identidad e impulsó activamente su música, su literatura y su deporte como parte de los rasgos centrales de su ser nacional. Tanto la influencia liberal de los EUA, como la impronta soviética cristalizada en leyes, regulaciones o en tecnología, nunca borraron la originalidad cultural del país. Su registro historiográfico oficial articuló las tradiciones nacionales de José Martí y de la idiosincrasia de origen hispánica, con los aportes del marxismo.  
En el plano político Castro gobernó ejerciendo un carisma y una personalidad excepcionales. En este terreno, como en el cultural y pese a aplicar un sistema de Partido Único similar al soviético, no fueron eliminados los rasgos nacionales. En Cuba hay elecciones periódicas en todos los niveles de gobierno y sin desconocer que existe un control estatal central de muchas actividades, la sociedad civil conserva vitalidad y las organizaciones libres del pueblo participan de la vida política. Actualmente Cuba es gobernada por una nueva generación que remplazó a los titulares de la revolución del año 1959 y que aplica los principios de la Constitución de 1976 y de la Ley electoral de 1992. El proceso político fue institucionalizando un sistema para la organización popular del gobierno y la administración de los asuntos públicos. La Revolución Cubana sancionó la división de poderes legislativos (Asambleas), ejecutivos (Consejo de Estado) y judiciales (Tribunal Supremo Popular).
Sin estas particularidades de Fidel y de la Revolución, posiblemente, el proceso político iniciado hace décadas habría fracasado como ocurrió en buena parte de los regímenes comunistas europeos. Es el pueblo cubano quien derribó la dictadura de Batista y quién tomó la decisión de practicar dicho sistema político y difícilmente pueda ser evaluado fácilmente en torno de las críticas de los titulares de países europeos que aún tienen monarquías vitalicias (España), reelecciones indefinidas (Alemania) o de Estados que actúan en un “bipartidismo de formas” que responde más al poder económico que a la voluntad popular (EUA). Este sistema político que tiene aciertos y limitaciones, promotores y opositores, le otorgó estabilidad al régimen de gobierno en un contexto iberoamericano caracterizado por los frecuentes golpes de Estado, las ejecuciones masivas de dirigentes sociales, las crisis de gobernabilidad y los innumerables levantamientos populares seguidos de violentas represiones.   

Fidel Castro fue un dirigente antiimperialista y si bien entabló una alianza estratégica con la Unión Soviética, ello no impidió que el país desarrolle una línea de política internacional propia en diversos aspectos. Su ideología lo condujo a combatir la injerencia norteamericana y europea en su país y también en Iberoamérica, en África o en Asia.
Siendo un joven miembro de la Federación de Estudiantes Universitarios, viajó a la Argentina para contactarse con miembros de la Revolución Justicialista y conseguir apoyo para la creación de la antiimperialista Confederación Latinoamericana de Estudiantes. Con sostén financiero del peronismo, Castro estuvo en Colombia en el año 1948 en el contexto de la creación de la Organización de Estados Americanos. En la patria de Bolívar denunció la ocupación ilegal británica de las Islas Malvinas. Los vínculos entre el peronismo y Cuba se mantuvieron y en junio del año 1960 Juan Perón sostuvo proféticamente que ambas revoluciones antimperialistas luchaban “por idénticas causas” y “a nosotros nos llamaron fascistas en 1943, nazis en 1946 y comunistas en 1955, sin que fuéramos otra cosa que buenos argentinos deseosos de liberar a nuestro país (…) no escapa al menos advertido que el noventa por ciento de los pueblos latinoamericanos están con Cuba y con Fidel, no sólo porque tiene razón, sino también porque enfrenta valientemente a los eternos enemigos de sus pueblos.” En esta misma tesitura, en el año 1974 el gobierno de Héctor Cámpora suspendió el bloqueo comercial a la Isla.
Luego del triunfo de la Revolución en el año 1959, Cuba se tornó en un ámbito de reunión, de capacitación y de apoyo a las acciones de resistencia al imperialismo mundial. Fidel promovió activamente las acciones del Movimiento de Países No alineados y del Grupo de los 77. Desde mediados de los años sesenta el país recibió contingentes políticos de todos los continentes, ya que según palabras de John William Cooke emitidas desde la Habana, “esta es la Meca revolucionaria y todos vienen a beber en el manantial”.
Como parte de su lucha anticolonial, Fidel envió apoyo al África y soldados cubanos combatieron o capacitaron milicianos en Angola y en el Congo.  
Durante los años noventa Castro impulsó en soledad una prédica contraria al neoliberalismo, mientras que en paralelo Cuba exigió la democratización de la Organización de las Naciones Unidas.

Fidel fue un impulsor permanente de la unidad iberoamericana. Tal cual adelantamos, ya desde joven estuvo abocado a la consolidación de federaciones universitarias regionales. Durante los años sesenta Cuba apoyó a diversas organizaciones políticas del continente, muchas de ellas de carácter guerrillero. En los años setenta acompañó la asunción del gobierno de Salvador Allende y el ascenso del sandinismo en Nicaragua. Su intervención fue fundamental en la Revolución Bolivariana que comandó Hugo Chávez y Fidel contribuyó al ascenso de los nacionalismos boliviano y ecuatoriano y a la apertura de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de nuestra América (ALBA). La ALBA impulsó intercambios de profesionales y de recursos humanos y materiales que derivaron en programas de alfabetización, de atención de la salud o de intercambio científico.

Fidel Castro fue un humanista y trabajó por la emancipación social de los trabajadores y de sus familias. La tarea no fue fácil en un país pobre y dependiente que debió suplir su atraso económico y la inexistencia de grandes recursos naturales, con el desarrollo del capital humano y la ciencia. Ya desde su formación cristiana juvenil, el líder cubano desarrolló un profundo sentido social de la política que reforzó a partir de su conocimiento de la sufriente realidad del país. Los importantes avances cubanos en la lucha contra la mortalidad infantil, en la democratización de la educación, en el acceso masivo al deporte o a la salud, son reconocidos por sus admiradores y también por sus detractores. 
Es innegable que Fidel, como todos los líderes políticos, tuvo aciertos y cometió errores. En una etapa violenta del continente caracterizada por golpes de Estado y dictaduras, los cubanos impulsaron los métodos de la lucha armada y en la mayoría de los casos el saldo político para la región fue negativo. Si bien en una etapa Castro abogó por la formación de guerrillas, ello no impidió que en los últimos años La Habana sea el marco para la firma de los Tratados de Paz de Colombia.

Los norteamericanos intentaron matarlo en decenas de atentados dentro y fuera de Cuba y no pudieron amedrentar su voluntad. Le impusieron al país bloqueos económicos, prohibiciones políticas y agresiones comerciales de todo tipo, sin por ello conseguir que el pueblo abandone a su líder. Muchas veces barajaron los precios del azúcar o del níquel y los flujos del turismo fluctuaron y pese a eso, Fidel y su sueño siguieron firmes. La política cubana fue difamada mediáticamente por las grandes cadenas de noticias mundiales y pese a las oposiciones internas y externas que existen, el régimen siguió contando con el apoyo mayoritario su pueblo. Éste último y desde ahora en adelante, será el protagonista de decidir qué hacer del presente y del futuro de la Revolución. Fidel ya dejó su legado.