domingo, 28 de mayo de 2017

LA PATRIA ES EL LOCRO


25 de mayo 2017
Ernesto Jauretche

 No parece, pero este 25 de mayo es crucial; puede llegar a ser histórico si la unidad que entusiasma al pueblo movilizado contagia a las dirigencias políticas.

 Mientras, tengámoslo presente, la Patria estará a todo lo largo y ancho del país en esas mesas de tablón y caballete de los modestos locales peronistas,  sobre la tierra mojada y bajo El Sol del 25. Allí comulgarán en la escudilla humeante del locro criollo, el pan que cruje y el vaso de vino, tendencias y  proyectos y, sobre todo, los sueños de nuestro pueblo.
 Cuchara en ristre los humildes de nuestros barrios, fábricas, escuelas y talleres discutirán sobre el camino a recorrer para ahuyentar de una vez y  para siempre a la jauría de malhechores ávidos de sangre obrera que nos gobierna.
 En esa hora crucial, saboreando el locro, nos estaremos juntando todos: será –en acto- la unidad teórica tan alardeada en los mentideros de la política profesional.

 LOS ACONTECIMIENTOS Y LOS PRESAGIOS
 La Provincia de Buenos Aires definió, a través de un decreto, cuándo serán las elecciones legislativas 2017. Como es costumbre nuestro Distrito, que concentra el 37% del padrón nacional, irá a las urnas en la misma fecha que para la elección de cargos nacionales.
 Las urgencias desvelan a dirigentes de todos los partidos.
 El 14 de junio vence el plazo para la presentación de alianzas electorales y el 24 para anotar los nombres de los candidatos. ¡Falta menos de un mes!

 Se elegirán, en total, 23 senadores provinciales, 46 diputados provinciales, 1.097 concejales y 401 consejeros escolares.
 Las PASO quedan previstas para el próximo 13 de agosto; las elecciones generales serán el 22 de octubre.
 Mientras, seremos espectadores de una danza de candidatos.
 Por CAMBIEMOS, hasta ahora, como Senador nacional proclamado por Macri, se proyecta Esteban Bullrich, actual ministro de Educación de la Nación -obvio aspirante al sacrificio-. A Diputado nacional aún no hay definición, pero Facundo Manes, neurólogo de origen radical autor de un libro titulado “El cerebro argentino”, corre en punta. Entre otros posibles candidatos juegan la ignota Gladys Gonzalez y Graciela Ocaña, ex ministra de Salud y actual legisladora de la Ciudad de Buenos Aires.

 En las cúpulas del FRENTE RENOVADOR, tal vez anunciando su declinación, las cosas aparecen más claras: Senador, Sergio Massa; Diputados, Margarita Stolbizer y tal vez Facundo Moyano y Felipe Solá.
 Más allá de las especulaciones meramente electoraleras, el espacio FPV- PJ encierra el histórico dilema: liberación o dependencia
 Cristina Kirchner es la única en los sondeos que retiene, como mínimo, la fidelidad de parte decisiva de los votantes del Frente para la Victoria. El único que lo duda es Marquitos Peña. Según todas las encuestas es indiscutible ganadora en cualquier escenario. Entonces, criticarla o rivalizar con ella equivale a enemistarse con el electorado kirchnerista cautivo.
 Como resultado de esta singular circunstancia, diversos pedazos de un peronismo libanizado arriesgan no muy imaginativas combinaciones, de puro cuño coyuntural. Por otro lado, la amenaza de un peligroso devenir no está ausente en el escenario preelectoral.

Cristina/Scioli
Cristina/Magario
Cristina/Randazzo

Las PASO, una elección primaria de todos contra todos. Y adiós todas las esperanzas.
  Por último, como escribió en esta misma página Antonio Muñiz, se perfila la lógica de “los partidos de orden, claramente manifestada por el Frente Renovador, pero también en sectores de la CGT y dirigentes que conviven dentro de las estructuras del PJ tradicional... La apuesta de estos sectores es ser, cuando la crisis genere la debacle del macrismo, el recambio ordenado y garantista de que los intereses de los grupos dominantes no serán tocados”.
 Dentro de este panorama electoral, que debería ser propicio, nadie en el espacio peronista se ha hecho cargo de abordar los tópicos fundamentales de la política: identidad, compromiso y utopía. El campo nacional y popular no consigue hacerse escuchar en la superestructura política.

 EL DEBATE QUE NOS ESTAMOS DEBIENDO
 Apuntamos aquí algunos tópicos centrales a tener en cuenta, sólo como piso de una reflexión que recién empieza.

1.- Es indiscutible que toda propuesta de unidad debe partir de considerar que el kirchnerismo, a partir de su arraigo histórico debido a la memoria de Néstor y de las cuantiosas adhesiones que despierta Cristina, es de todas las  vertientes actuales del peronismo la más –si no la única- estructurada y robusta.
2.- Ningún sector del peronismo, excepto en cierta medida el kirchnerismo -entendido como corriente de pensamiento en su más amplia apreciación, aún discutible-, está en condiciones de enarbolar un alegato siquiera rudimentario de un eje ideológico del movimiento.
 3.- La convocatoria al arranque de una reconstrucción orgánica de la unidad del peronismo carece de un sujeto político claro y de un núcleo duro ordenador con autoridad; no puede renunciar a Cristina, aunque no se comparta el carácter político del séquito que ella ha elegido.
 4.- Los debates se darán en el seno de la militancia, en todos los niveles y escenarios, durante el fragor y la emoción de la batalla, bajo las luces vacilantes de ideas en pleno proceso de elaboración; no se descarta su aporte, pero no es en cenáculos intelectuales, academias ni sectas
iluminadas donde el pueblo encontrará sus nuevos cuadros de conducción.
No cabe duda que el poderío peronista no estuvo nunca, no está ni estará en las estructuras jurídico-legales del sistema político demo-liberal argentino; está en el territorio, en las organizaciones sociales, en las comisiones internas sindicales, en los lugares de encuentro y militancia de las mujeres, la juventud y los estudiantes: EL MOVIMIENTO. De todo ello, con
acuerdos y desacuerdos incluidos, ni se habla. Esto es, no se está considerando lo principal que demanda la construcción partidaria.
 Nadie reclama unanimidad; sí es imprescindible un diálogo profundo para debatir una caracterización del presente y una abierta y leal predisposición a la crítica de la pasada experiencia.
 No se debatieron los objetivos estratégicos ni las tácticas a seguir por parte del peronismo unido, no se definieron contenidos de un programa para llevar adelante desde los cargos conquistados, no se establecieron compromisos de lealtad partidaria, no se habla de sanciones a quienes
 traicionen la voluntad de sus electores.

 UN PÁRAMO DE IDEAS
 Un páramo de ideas, sí, pero la única verdad es la realidad. Alguien dijo  que un político es aquel capaz de operar a un enfermo con un hueso afilado a la luz de una vela. ¿Qué tenía el coronel Perón en 1943? ¿Con qué empezó Néstor Kirchner en 2003?

 Daniel Scioli sufre en estos momentos una violenta ofensiva mediática por sus desprolijidades en el terreno privado. Quizás esté a tiempo de recomponer su figura pública; lo que no se puede asegurar es que también sea capaz de recomponerse como candidato.
 Verónica Magario tiene que remontar desde La Matanza una fuerte campaña para hacerse conocer en el resto de la provincia. Tiene destacados méritos, entre los que no es menor el de ser una figura joven, nueva y, para más, mujer.
 Depende de la capacidad negociadora y la lealtad de Fernando Espinosa.
 En este momento el mayor enigma lo representa una posible presentación de Florencio Randazzo, que acumula apoyos que lo hacen sospechoso de querer competir, incluso, con Cristina.
 Viene acumulando poder o, al menos, aliados destacados. Hay tres intendentes que juegan con el exministro del Interior: Juanchi Zabaleta (Hurlingham), Gabriel Katopodis (San Martín) y Eduardo “Bali” Bucca (Bolívar). Y cuenta con el aporte de Alberto Fernández, fugado del massismo, y de Héctor Daer, triunviro de la CGT.
 También tiene enemigos jurados: un representante de la Cámpora, diputado nacional, lo calificó como “el candidato de Clarín”.
  En el medio, están a la espera de la decisión de Cristina los que se denominan Grupo Esmeralda como Martín Insaurralde (Lomas de Zamora), Fernando Gray (Esteban Echeverría), Mariano Cascallares (Almirante Brown) y Juan Pablo de Jesús (partido de la Costa).
  Otro intendente de importante distrito del conurbano, hoy alineado con Ranzazzo, espera la decisión de la ex presidente. "Si ella es candidata, yo y varios intendentes más tenemos definido acompañarla. Pero si Cristina no está, todo se pone en discusión y la negociación cambia".
  La mayoría de los candidatos piensa que la ex mandataria no será candidata.
 Que pone mucho en juego para una elección de medio término y que una posible derrota le quitaría el poder de convocatoria que aún conserva y que guardará para 2019.
  Con o sin Cristina a la cabeza de las listas, la perspectiva de la unidad del peronismo o su dispersión se librará en acuerdos y desacuerdos en estos temas. Pero ni el triunfo ni la derrota electoral modificarán el rumbo del movimiento nacional y popular sin una profunda introspección de las direcciones políticas de toda laya.

viernes, 26 de mayo de 2017

José María Velasco Ibarra en el recuerdo de Buenos Aires

Resumen de una entrevista a Eugenio Raúl Zaffaroni



- Usted aparece en una novela histórica sobre Velasco Ibarra: El perpetuo exiliado, de Raúl Vallejo. ¿La ha leído?
Sí, la leí por Velasco y, cuando llegaba al final, me descubrí como personaje, aunque de refilón y como licencia literaria. Es una sensación rara, por cierto.
  
- Salvador Ferla
Velasco admiraba por su valor al publicar su libro sobre los fusilamientos de 1956. Un personaje interesantísimo. Tenía una librería y escribía mientras la atendía. Gran persona, un intelectual autodidacta, revisionista de nuestra historia. 

- La humildad de Velasco
¿En Bulnes y Santa Fe?
 Velasco era muy pobre. Cuando se fue de la Argentina me dejó un poder que transferí, porque en ese momento era juez, y no hubo sucesión, porque sencillamente no había bienes. Vivía de su pensión de expresidente, incluso rechazó el aumento que dispuso el régimen militar que lo había derrocado. 

- ¿Y qué opinaba de la dictadura argentina?
Velasco no tenía simpatía por Isabel Perón, por cierto. Eran los tiempos de López Rega, la prensa se ensañó inventando historias de corrupción. A Velasco le irritaba todo lo que sonase a corrupción, pero no por eso tuvo simpatía por la dictadura y menos aún a medida que se iba haciendo manifiesta la violencia asesina de ese régimen. A veces, en privado, y muy por lo bajo, decía que los ‘subversivos’ estaban salvando la dignidad de los argentinos, aunque, como sabemos, no era un hombre de violencia. 

- Vasconcelos 
Una vez me contó que siendo estudiante, asistió a una conferencia en Quito del mexicano José Vasconcelos. Y luego, con unos compañeros, fueron a entrevistar en su hotel a Vasconcelos, que los recibió en mangas de camisa y con el chaleco desabotonado. Eso a Velasco le cayó muy mal, el personaje se le derrumbó. Extraño, pero revelador: ese no era el Vasconcelos de la conferencia, el que hablaba del «hombre cósmico». Y Velasco temía dejar de ser el de la tribuna. Era tímido, sí, aunque los ecuatorianos no lo crean.

¿Velasco enseñó en Buenos Aires?
No, enseñó en la Universidad Nacional de La Plata, pero eso fue en los tempranos cincuenta. Creo que fue la única entrevista que tuvo con Perón, que lo recibió y lo recomendó a las autoridades de la universidad. Le encargaron las clases de historia del derecho político o constitucional argentino. Contaba que se puso a estudiar y leyó la historia de Mitre y no entendía nada. Y hasta pensó en renunciar, cuando alguien le aconsejó que leyese a Saldías, y allí comenzó a comprender nuestra historia nacional. Siempre le gustó nuestra historia, y las conversaciones con Ferla en la mesa eran una delicia.

¿Cree que Velasco era un intelectual?
No era un académico ni había dedicado su vida a eso, pero necesitaba leer, meditar, sobre todo filosofía, historia y política, y poner sus ideas en orden, lo que hacía por escrito. Sus obras muestran eso y también los autores que frecuentaba. En los últimos años estaba impresionado con el pensamiento de Pierre Teilhard de Chardin. Era un hombre informado y actualizado. Poco después de conocerlo publiqué en la revista de la Universidad Nacional del Litoral un comentario sobre su libro Caos político en el mundo contemporáneo, que le gustó al punto que lo cita en la solapa de Servidumbre y liberación, publicado en Buenos Aires en 1965. Las reflexiones de su fiel secretario y sobrino, Jaime Acosta, en la presentación de los escritos póstumos, Filosofía negativa y mística creadora, no presentan a un improvisado, sino a un pensador. Si la vida hubiese llevado a Velasco a una existencia académica y no política, hubiese brillado, no lo dudo.

- Muchos critican a Velasco por sus errores y por ser un populista. ¿Qué opina?
No puedo responder como ecuatoriano, sino como latinoamericano. Quien fue presidente cinco veces debió cometer errores. Si no, sería un ser sobrehumano. La magnitud de esos errores compete a los ecuatorianos y al juicio histórico. Y sí, fue un populista, no tengo dudas, pero eso no es ningún demérito, sino todo lo contrario. Hace unos meses, el papa dijo en El País de España que no entendía cuando los europeos denigraban al populismo, hasta que se dio cuenta de que hablaban de diferentes cosas. En Europa, populista es la traducción usual de völkisch, que significa algo así como populacherismo, la técnica con la que un político se monta sobre los peores prejuicios de una sociedad y los profundiza al máximo para ganar elecciones. En eso, Hitler fue un maestro, aunque no el único. Pero en Latinoamérica no es lo mismo, y eso lo ratifican historiadores europeos como Hobsbawm. Los populismos latinoamericanos fueron movimientos populares de defensa de soberanía frente al colonialismo y a nuestras oligarquías vernáculas proconsulares de intereses foráneos. Fueron policlasistas, porque no podían ser de otro modo: como siempre fueron movimientos independentistas, fueron personalistas porque la síntesis de ciertos intereses por necesidad la tenía que tener un líder. Fueron ideológicamente contradictorios, es cierto, algunos incluso autoritarios, es verdad, pero, no lo olvide, ampliaron las bases de nuestra ciudadanía real. Sin los populismos, sin los Velasco Ibarra o Perón o Vargas o Yrigoyen o Lázaro Cárdenas o Haya de la Torre, estaríamos en los tiempos de las repúblicas oligárquicas y, no sé si sabríamos leer y escribir o, incluso, si estaríamos vivos. Todos los defectos de nuestros populismos, incluso el eventual autoritarismo de algunos, palidecen frente a los crímenes de dictaduras asesinas y genocidas, cometidos precisamente para detener y desbaratar a los populismos. ¿Qué violencia populista se compara lejanísimamente al bombardeo a la Plaza de Mayo, al fusilamiento de 1956, a derogar una Constitución por bando militar, a hacer desaparecer a treinta mil personas? En nuestra región, populismo es el antónimo de antipopular, es soberanía frente a dominación. No hay por qué negar los defectos que todos tuvieron, pero no por eso olvidar que estamos aquí gracias a ellos y que sus enemigos ‘serios’ fueron los peores asesinos de nuestra historia.

- ¿Cómo fueron los últimos años de Velasco en Argentina?
Estaba viviendo en Alemania cuando leí en el diario la caída del quinto velasquismo. Seis meses después volví a Buenos Aires y retomé los rituales de almuerzos y cenas. Su vida transcurría tranquila, aunque la Argentina no estaba nada tranquila en esos años. Velasco y Corina vuelven en 1972: estaba Lanusse, luego se convocan las elecciones de 1973 que gana Cámpora, vuelve Perón, el tiroteo y los muertos en Ezeiza, a las semanas la renuncia de Cámpora, interinato de Lastiri, Perón presidente, la ruptura con Montoneros, la muerte de Perón, el gobierno de Isabel y el golpe genocida de 1976. Fueron años pesados y sangrientos, ojalá que nuestro pueblo no vuelva a pasar por eso jamás.

¿Velasco admiraba a Perón?
Era algo ambivalente. Admiraba al peronismo, a la reivindicación de los trabajadores, al pueblo peronista, a Eva Perón, Evita, pero no a Perón. Creo que eran dos modelos de caudillo muy diferentes, no solo de pueblos, sino quizás incluso de época. Alguien escribió una biografía de Velasco definiéndolo como un caudillo «romántico», tenía algo de nuestro Hipólito Yrigoyen, prefería orientarse por «principios infinitos», si aceptamos el sentido que Abbagnano da a la expresión «romántico». Perón era diferente, era un líder de posguerra, mucho más pragmático. No carecía de principios, pero se orientaba más por la coyuntura, un verdadero estratega. Eran simplemente diferentes y no podían simpatizar mucho entre ellos. Pero Velasco tenía una profunda admiración por el pueblo peronista, casi diría que envidiaba a Perón, que era lo que alguna vez me sugirió Salvador Ferla tomando un café en una esquina después de un almuerzo en casa de Velasco: «¡Cómo puede haber envidia incluso entre los grandes!», se asombraba Ferla, con su sonrisa un poco tristona pero bonachona.
Obviamente, cuando comenzaron a circular las invenciones de fabulosos negociados en el gobierno de Isabel, que es la táctica de siempre de los gorilas golpistas, que convierten lo desprolijo en corrupto, mostrándose como los ‘impolutos’ para hacerse del poder e instalar una corrupción sistémica que deja hipotecada la nación, allí Velasco se puso peor frente a todo lo que rodeaba a Isabel. Sin embargo, hubo un episodio curioso. Un sábado al mediodía había venido a visitarlo el Dr. Araujo Hidalgo, antiguo colaborador de Velasco, y en cierto momento le dijo que en era él quien tenía la culpa de Isabel, lo que lo sorprendió muchísimo. Araujo explicó que una vez una señora se metió en el despacho de Velasco y le dijo que necesitaba un pasaje a Panamá, porque quería estar con el General Perón para darle su apoyo y fuerza. Velasco se sorprendió y al fin le indicó a Araujo que buscase algún pasaje de cortesía y se lo diese, y así fue como la señora partió para Panamá. Según Araujo, esa señora era Isabel, lo que es posible, aunque no coincide con otras versiones de nuestros historiadores.

¿Hay algo más de importancia que recuerde de Velasco?
Vale la pena recordar la última noche de Velasco en Buenos Aires, su último atardecer en el departamento de Bulnes. Estaba sentado en el recibidor, en su sillón de siempre, con un gesto de agotamiento totalmente extraño en él. En sillas estábamos unos seis amigos del grupo. Caía lentamente esa tarde de verano porteño, la casa estaba tan deprimida como todos, en plena tarea de embalaje de cosas, y de pronto nos mira y dice: «Aquí dejo a mis verdaderos amigos», y acto seguido nos fue mirando a cada uno de nosotros y diciendo con detalles todas las pequeñas atenciones que habíamos tenido para él, recordando esas pequeñas cosas que uno puede tener para un amigo, insignificantes para nosotros, que las hacemos y olvidamos por obvias. Una perfecta y completa contabilidad de atenciones casi banales. Allí caí en cuenta de la tremenda soledad del líder, que registraba con precisión estadística en su memoria todos los gestos de afecto de quienes no teníamos ningún interés en obtener nada, de quienes solo procedíamos por afecto. Soledad profunda de un conductor, impresionante en quien llenó cuatro décadas de la historia de su país y en cinco ocasiones ejerció la presidencia. Cuando veía al Velasco Ibarra gigante en el balcón estatuario, o cuando lo encontraba en esa esquina de Quito, en un busto con los otros tres grandes de su historia nacional, sentía culpa ante el temor de que se perdiesen estos recuerdos —banales pero que enriquecen el mito— del Velasco Ibarra exiliado en la Argentina.


Carta completa enviada por el Papa Francisco a la dirigente de la Tupac Amaru

Sra. Milagro Sala:

Le agradezco la carta que me ha enviado. Sé que el momento por el que está pasando no es fácil. Me he informado de algunas cosas y comprendo su dolor y su sufrimiento. Quiero asegurarle que la acompaño con mi oración y los deseos de que todo se resuelva bien y pronto.

Le aseguro mi oración y mi cercanía y por favor le pido que no se olvide de rezar por mi.

Que Jesús lo bendiga y la Virgen Santa la cuida,
Cordialmente,

Francisco

Instrucciones para inescrupulosos

Por Ernesto Villanueva *

La expresión “calumniad, calumniad, que algo quedará”, erróneamente atribuida a Goebbels y citada profusamente casi hasta el cansancio, está fuertemente enraizada en la tradición cultural de Occidente. Su primera aparición se estampa las Obras morales, de Plutarco, quien le atribuye al hijo del rey de Macedonia la siguiente sentencia: “Ordenaba a sus secuaces que sembraran confiadamente la calumnia, que mordieran con ella, diciéndoles que cuando la gente hubiera curado su llaga, siempre quedaría la cicatriz”. La idea reaparece en el siglo XVII casi con valor de refrán en De la dignidad y el desarrollo de la ciencia, de Roger Bacon, cuando al referirse a la calumnia asevera que: “Como suele decirse de la calumnia: calumnien con audacia, siempre algo queda”. Transcurrido un siglo, en las Epístolas de Rousseau reaparece la idea aún con mayor mordacidad: “Por más grosera que sea una mentira, señores, no teman, no dejen de calumniar. Aún después de que el acusado la haya desmentido, ya se habrá hecho la llaga, y aunque sanase, siempre quedará la cicatriz”. La historia del devenir de la frase continuó su curso hasta el día de hoy. No obstante, como mi especialidad no es la filología sino la gestión universitaria, me remitiré a señalar la alarmante terquedad con la que determinados personajes de la partidocracia de mi país, sin ruborizarse y de modo sistemático, la han transformado en instrumento de campaña política.
Y escribo “alarmante” por el hecho de que, asimilada a la banalización del apelativo “corrupción”, noción cuyo alcance forma parte de la lucha por el poder económico y social, lanzado a diestra y siniestra sobre nombres propios, instituciones y fuerzas políticas a las que se sanciona con la ignominia y el descrédito gratuito, resulta ser la substancia misma que sostiene el armazón de una lógica denuncialista que utiliza al Poder Judicial para lograr cobertura mediática gratuita. Con fines absolutamente partidistas, se hacen denuncias, se echa mano de funcionarios judiciales, muchas veces ellos mismos denunciados por aquellos difamadores seriales, y, entonces, un poder público estatal financiado por el esfuerzo mancomunado de la comunidad termina siendo obligado a trabajar gratuitamente en pro de candidatos que se llenan la boca de palabras como república o democracia cuando en realidad no buscan otra cosa que unos cuantos votos ingenuos.

Estos políticos inescrupulosos buscan un Poder Judicial partidizado como atajo privilegiado para escalar en encuestas y mediciones electorales sin tener que tocar de buenas a primeras las puertas del capital transnacional, los monopolios mediáticos o, lisa y llanamente, el crimen organizado que subvenciona locales partidarios, mensajes de campaña, aparición en medios de comunicación y todo el andamiaje de la construcción de la imagen de los bufones del neoliberalismo. Un descomunal negocio para quienes se costean “gratuitamente” sus operaciones políticas, una gran estafa para el pueblo de a pie al que el Poder Judicial le cuesta caro y le da poco.

Si Rousseau reviviera en este rincón del mundo, escribiría su pasaje en tono más cínico frente a tremenda inmoralidad que envilece los asuntos políticos mientras las desigualdades sociales crecen, se reanuda la destrucción del patrimonio público y la subordinación nacional a los poderes financieros mundiales.


* Rector de la Universidad Nacional Arturo Jauretche.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Juan Perón y el lugar de los trabajadores (en el movimiento nacional)

Por Juan Godoy*

“Es alrededor de los sindicatos donde se centra la lucha nacional. Una lucha de todo el pueblo contra el coloniaje”. (Juan José Hernández Arrregui)

"Cada trabajador debe pensar que su futuro depende de lo que él haga y resuelva. Cuando los millones de obreros del país piensen así, se organicen y se unan, no habrá poder en la tierra que pueda hacer que sean engañados, defraudados y estafados en su voluntad". (Juan  Perón)

            Juan Domingo Perón llevó a cabo una Revolución Nacional que quedó inconclusa con el golpe de estado del 55, fue retomada con la vuelta del líder popular brevemente porque a la muerte de Perón y al derrocamiento del gobierno constitucional le sucedió la profundización del 55 con el terrorismo de estado genocida, y el establecimiento de las bases de un “nuevo modelo” dependiente: el neoliberalismo . Esa Revolución Nacional se cristalizó en la nacionalización de la estructura económica que desde mediados de siglo XIX se encontraba en manos británicas teniendo como destino el triste papel de un país dependiente. Esa condición semi-colonial fue la que el peronismo vino a destruir, para que “el dinero se haga argentino”, seamos independientes, soberanos y logremos instaurar la justicia social. Como sabemos, esa dependencia encuentra un actor interno que es la oligarquía. Sobre ella el peronismo avanzó significativamente pero no logró destruirla definitivamente, y ésta ensangrentó el país con tal que eso no sucediera, dejando inconclusa la Revolución Nacional que más ha avanzado en nuestra historia.
            Teniendo en cuenta este marco, el peronismo se enfrentó abiertamente contra el imperialismo británico, deteniendo el saqueo imperialista sobre nuestro país; el norteamericano, obturando y retrasando su ingreso a nuestro país, e imposibilitando el “cambio de collar”, asimismo no se recostó en la Unión Soviética en el mundo bipolar, y por último se enfrentó a la oligarquía. Tamaños enemigos tuvo el peronismo, y sobre ellos logró edificar durante 10 años una Patria Libre, Justa y Soberana. Otorgándole a los trabajadores uno de los mejores niveles de vida, sino el mejor, al menos del Continente Latinoamericano., y dejando al país cerca del desarrollo de la industria pesada. La estructura sobre la cual hoy se monta el país en gran medida es la heredada, a pesar que mayormente (con la excepción del modelo kirchnerista que volvió –aunque más tenuemente claro-, a un proyecto ligado a la industria y la generación de trabajo), los gobiernos posteriores se encargaron de destruirla, la del peronismo. Muchos se preguntan cómo Perón pudo tener tantos logros en tan poco tiempo, y con enemigos tan poderosos. La concepción y la práctica de Perón con respecto a la clase trabajadora nos da una clave de interpretación. Al mismo tiempo nos habla acerca del lugar de los trabajadores en el proyecto nacional durante el peronismo, nos sirve en términos comparativos con la experiencia de los últimos años, y como “brújula” en el camino de reconstrucción del movimiento nacional ante la embestida oligárquico-imperialista. Por último, recorre el texto el interrogante acerca del sector social que tiene preeminencia en el movimiento nacional, principalmente pensando si son los sectores medios, la “burguesía nacional”, o los trabajadores (organizados).
Para adentrarnos en el tema, observamos que muchos (aun dentro del movimiento nacional), se quejan les molesta y/o piensan que los trabajadores organizados no deben participar en política, al respecto Perón sostuvo en 1973 que “todos han venido sosteniendo que las organizaciones sindicales no deben intervenir en política. Es decir que, mientras las organizaciones políticas intervienen en el proceso sindical, los sindicatos no han de intervenir en el proceso político. Dado que la organización sindical se realiza para convertirse normalmente en un factor de poder, aquella premisa es totalmente falsa”, y por eso “cuando los obreros hayan renunciado a  intervenir en los destinos del país  esa será una determinación suicida  para  su propia clase y para sus propias organizaciones”.
            Entendiendo entonces la necesidad de la participación política de los trabajadores organizados, y siguiendo la enseñanza de Hernández que decía: “se ha de recordar para hacer bien el trabajo que el fuego, pa calentar debe ir siempre por abajo”, Perón se lanzó a darle poder real a los trabajadores. El camino para lograr el objetivo comienza desde el “viejo” departamento, ahora Secretaría, de Trabajo y Previsión Social (y en menor medida desde el Ministerio de Guerra y la Vice-Presidencia), en el periodo 1943-45.
            El entonces Coronel ya comienza a realizar esfuerzos por la unificación de la CGT. Piensa en la necesidad de la existencia de una sola central obrera, para fortalecer el poder de los trabajadores organizados. En este sentido expresó más tarde, en el 74 que “el justicialismo siempre se sustentó en el criterio de la indivisibilidad de la clase obrera organizada. Se requiere, en consecuencia, una sola central obrera”. Así, siendo Secretario de Trabajo y Previsión, en el año 1945 se unifica la CGT. Es que Perón piensa que “Si los trabajadores se dividen pierden todo su poder. Esto lo vemos en  muchas organizaciones (…) es como si no hubiera ninguna”.
Antes de ser Presidente también otorga nuevos derechos como indemnizaciones, vacaciones paga, el estatuto del peón rural, los tribunales de trabajo, licencias, prevención de accidentes de trabajo, capacitación técnica, etc. Asimismo, entre los años 1936 a 1940 los sindicatos habían firmado solo 46 convenios colectivos de trabajo, y tan solo entre los años 1944 y 1945 rubricaron más de de 700. Cómo venía transformando la Argentina que cuando el subsuelo de la Patria se subleve el 17 de octubre, Perón insta a los trabajadores, hasta hacer poco perseguidos, desde los balcones de la Casa de Gobierno: “ha llegado ahora el momento del consejo. Trabajadores: únanse; sean hoy más hermanos que nunca. Sobre la hermandad de los que trabajan ha de levantarse en esta hermosa tierra la unidad de todos los argentinos”.
Jauretche había dicho que el caudillo era el sindicato del gaucho, es decir, era la representación directa de los intereses de éstos. Muchos años antes Alberdi, en sus años mayores, había dicho algo similar, claro que en otros términos. Probablemente podemos ubicar allí el origen de la representación directa. El 2 de Octubre del 45 se dicta la Ley de Asociaciones Profesionales. Los sindicatos son declarados entidades de bien público. Los trabajadores obtienen así el reconocimiento de sus derechos, se les da apoyo legal y cuentan con el estado como respaldo. A partir de ahora, los sindicatos (con personería o sin ella), no pueden ser intervenidos por el Estado. En este sentido, Perón en un discurso de 1950 dice que “el justicialismo comienza por convertir el sindicato, de una organización al margen de la ley, en una institución pública (…) le da estado legal a la existencia del sindicalismo”. Es que el tres veces Presidente de nuestro país consideraba que “cuando el  obrero ha estado en el .mundo sin organizarse ha sido  juguete de las circunstancias y ha sufrido la mayoría de las injusticias sociales. La  justicia social no se discute, se conquista, y se conquista sobre  la base de  la organización y, si  es preciso de  la lucha”.
Más tarde dicha ley incorporó el sindicato único por rama de industria, ya no por oficio, dándole un poder mucho más importante a los mismos. Un caso emblemático para observar el fortalecimiento que trae es el de la construcción que de 14 sindicatos distintos (pintores, albañiles, yeseros, carpinteros, colocadores de vidrios, colocadores de cerámicos, etc.), se unifica en un solo sindicato de la Construcción[2]. En 1947 dicta los derechos del trabajador, dos años más tarde incorporados a la Constitución reformada. Vale resaltar en relación a los derechos el rol otorgado al sindicalismo por Perón, quien piensa que “es el sindicato el que hace que se cumplan los derechos del trabajador que figuran en la Constitución (…) El Estado lo hace en grande para todos, el sindicato en pequeño para sus asociados”. Derechos que la comisión argentina presentó en su ponencia en la reunión de la OIT de 1948 realizada en California, sorprendiendo a los demás países americanos y europeos quienes sostuvieron que los alcances y aspiraciones eran mayores que los de la OIT misma.
Con las medidas a favor de los trabajadores y las entidades sindicales, éstas se convierten en verdaderas potencias financieras con capacidad para construir hoteles, hospitales, sitios de descanso, etc. En este punto es central la acción de Perón, observemos su concepción en un discurso de agosto del 50 donde expresa, para los que se escandalizan aún hoy que los sindicatos manejen dinero, construyan hoteles y/o manejen obras sociales, que “el gobierno va a dar a los sindicatos obreros todo el dinero que necesiten para construirse y organizarse: tener locales, sus mutualidades y sus escuelas (…) Busco que podamos organizar el movimiento sindical argentino con organizaciones poderosas y ricas. El gobierno está dispuesto a dar a las cooperativas obreras la oportunidad para que hagan negocios que les permitan ganar mucho dinero, en lugar de dárselos, como se hacía antes, a entidades capitalistas”.
La CGT reunificada con el paso de los años va a incrementar fuertemente su poder con una masiva sindicalización de los trabajadores, de esta forma, si en 1943 tenía 400 mil trabajadores en pocos años el número de afiliados asciende a 2 millones 750 mil[3]. Se establecen asimismo los delegados de fábrica, una creación muy importante en el esquema de poder de los trabajadores. Se preocupa Perón también por que se organicen escuelas sindicales para los jóvenes dirigentes a lo largo y ancho del país, y como veíamos anteriormente participen de la política: “¿por qué razón van a renunciar las organizaciones a tener sus representantes en los tres poderes del Estado que son realmente los que gobiernan, dirigen y conducen la Nación? ¿O es que los obreros no tienen derecho a ser partícipes de esa conducción, que si la hacen los demás ellos tendrán muy poco que agradecerles?”.
De esta forma, además del fortalecimiento de las entidades gremiales y la Central Obrera, comienza a hacer efectiva la participación en política otorgándole un rol central (la “columna vertebral”), en el movimiento nacional. Así, en el gobierno peronista, además del conocido 33% de las bancas (porcentaje que en algunos momentos fue mayor), reservada al movimiento obrero,[4] que pintó el parlamento con los “colores del pueblo”, algo parecido quizás a lo que se puede ver hoy en la Bolivia de Evo Morales, tuvo otras medidas que le otorgaron un alto grado de poder y decisión a los trabajadores. Los trabajadores aparecen como quienes generan la riqueza, y como el sector social desde donde parten las soluciones a los problemas nacionales, por eso en el 74 Perón afirma que “en la comunidad a que aspiramos, la organización de los trabajadores es una condición imprescindible para la solución auténtica de los problemas argentinos”. Es que “las grandes líneas de coincidencia únicamente pueden nacer del pueblo (…) Necesitamos, pues, crear la fuerza requerida para sustentar una política nacional”.
La participación obrera en el gobierno es enorme, veamos algunas de las funciones y lugares destinados al mundo del trabajo. Ángel Borlenghi (del sindicato de Comercio), aparece como Ministro del Interior. Freire (del sindicato del Vidrio), como Ministro de Trabajo. Bramuglia (abogado de la Unión Ferroviaria –por entonces el gremio más grande del país-), como Ministro de Relaciones Exteriores. Juan Unamuno (del sindicato bancario), como Presidente del Banco Hipotecario Nacional. José Gago (también del sindicato Bancario), como Intendente de Buenos Aires.
Asimismo, el Secretario General de la CGT participaba de las reuniones de Gabinete. En todos los ministerios existía una comisión con representantes de la CGT, a quien se debía consular sobre las acciones y medidas a tomar. También había directores obreros en diferentes organismos estatales como por ejemplo la Caja de Jubilaciones, y en las empresas nacionalizadas (recordemos que Perón nacionaliza una amplia franja de la economía, y crea la DINIE). Todos los días a las 6 de la mañana el Secretario General de la CGT se reunía con el Presidente Perón. La Casa de Gobierno, los ministerios o los gobiernos provinciales tenían las puertas abiertas para los sindicatos. También participaba de todas las audiencias del Presidente con los ministros.
Una de las cuestiones que irritó mucho a los sectores patronales (aparece reiteradamente por ejemplo en el famoso Congreso de la Productividad), fue el poder de las comisiones internas en las fábricas. Al mismo tiempo, cualquier conflicto laboral era resuelto con la CGT como interlocutor. Asimismo, la Comisión Económica del Ministerio de Hacienda estaba presidida (entre los años 1946-1953), por el Secretario General de la CGT, cargo ocupado por entonces por Espejo. En ese ámbito se discutían los convenios colectivos de trabajo, y se fijaban las pautas salariales.
Si hay un cuerpo elitista en nuestro país es el de embajadores. Allí también hizo lo suyo la Revolución Nacional peronista, poniendo agregados obreros en las Embajadas, de los cuales varios fueron posteriormente nombrados Embajadores. Es el primer país del mundo que hace participar a los obreros en la representación exterior. Perón argumenta en 1946 que “ya funciona un curso de capacitación preparando a los agregados obreros que irán en representación de la República (…) De esta manera llegaremos no solamente a los círculos sociales más o menos amables sino a los centro de trabajadores del mundo”. Los dirigentes deben cursan en los mismos sindicatos cursos de economía, historia argentina, geografía, historia latinoamericana, historia del movimiento obrero, etc.  Otros sitios reservados para la oligarquía son ocupados por “los olvidados” de ayer, y puestos ahora en la primera plana de la política oficial desde el plano simbólico, hasta las medidas concretas, como Mar del Plata, o el Teatro Colón.
Para finalizar, Perón siempre pensó y llevó a cabo su accionar político en términos de la Patria Grande. De esta forma, la cuestión sindical también la piensa en eso términos, de ahí que en 1952 ponga en marcha el proyecto de la Agrupación de Trabajadores Latinoamericanos Sindicalistas (ATLAS), cuya primera secretaría recae en José Espejo de la CGT (los agregados obreros en las embajadas  habían cumplido un rol fundamental en este armado). La experiencia del ATLAS queda herida de muerte con el derrocamiento de peronismo en el 55, y termina desapareciendo. Es en la integración de la Gran Patria con que San Martín soñó, se encuentra una clave de la revolución nacional-latinoamericana, por esto sostiene Perón que “nosotros tenemos que ir hacia organizaciones gremiales continentales. Es decir que, si los políticos se unen, los gremialistas también deben unirse. Si algún día  integramos el Continente Latinoamericano, la base de esa integración ha de ser la de los  pueblos. No  se  construyen  pirámides empezando por la cúspide, sino que es  menester   hacerlo comenzando por  la base,  y  la base,  para mí,  son  las  organizaciones  sindicales”.


* Sociólogo, UBA.



[1] Para el siguiente artículo fueron utilizados como bibliografía trabajos de Juan Domingo Perón, Claudio Díaz, Norberto Galasso, Jorge Abelardo Ramos, Carlos Piñeiro Iñíguez, Enrique Silberstein, Daniel Parcero, Hiroshi Matsushita, Claudio Panella, Alfredo López, Juan José Hernández Arregui, Arturo Jauretche, entre otros.
[2] El sindicato por rama de industria tiene un antecedente importante en el año 1936 cuando una Comisión Intersindical que era presidida por Ángel Borlenghi (de origen socialista, más tarde Ministro del Interior de Perón), logra la sindicalización por rama de industria y no por oficio.
[3] La UOCRA es emblemática, ya que pasa en poco tiempo de 1500 a 210  mil afiliados.
[4] En el tercer gobierno es el 25% por la incorporación de la “rama juvenil”.

Actualidad de Arturo Jauretche