miércoles, 20 de septiembre de 2017

Qué modernos son los modernos

 POR TEODORO BOOT

Por más que el manejo de las redes sociales y el dominio de las técnicas de manipulación puedan hacer creer que impera en el país una derecha “moderna” y endiablada, debemos convenir en que la modernización que impulsa el actual gobierno es, por llamarla de algún modo, rara, en tanto consiste en retroceder, según los casos, entre 20 y 150 años.
Parece ser que la diferencia con regímenes anteriores de similar orientación sería la “posverdad”.
¿Es así o lo moderno es el eufemismo por lo que siempre se conoció como mentira, falsedad o propaganda política? ¿No serían acaso un ejemplo de “posverdad” las Tablas de sangre que hace unos 170 años confeccionó Rivera Indarte, a pedido de la casa Lafont?
A penique por muerto, Rivera Indarte consiguió endilgar a Juan Manuel de Rosas 480 muertos –muchos de los cuales habían fallecido por causas naturales, y hasta culparlo de los asesinatos de los gobernadores Heredia y Villafañe, con los que era evidente que Rosas no había tenido nada que ver–, muertos por los que cobró 480 peniques. Es decir, dos libras. Fueron vanos sus intentos por aumentar la remuneración pretendiendo hacer culpable al gobernador bonaerense de los 22.560 muertos que, a su entender, habían dejado las guerras civiles desde 1829 en adelante. La Casa Fafont se negó a reconocer esa cantidad que, dicho sea de paso, la mayoría de los historiadores calculan en la mitad.
El trabajo de Rivera Indarte incluye un ensayo titulado “Es acción santa matar a Rosas”, a quien también acusa malversación de fondos públicos, defraudación fiscal, tener numerosas amantes, desentenderse de su esposa durante su agonía, insultar a su madre y, entre otras lindezas, sostener relaciones incestuosas con su hija Manuelita.
Aunque a veces resulte difícil creerlo, las Tablas de sangre de este antecesor de Alfredo Leuco fueron durante más de un siglo la fuente más utilizaba para condenar históricamente a Juan Manuel de Rosas y a su gobierno.
Exceptuando lo del incesto, esos mismos actos, así como la acusación de instaurar un sistema de corrupción generalizada o de mecer en sus rodillas a las noveles maestras normales antes de darles un nombramiento, el diario Crítica endilgaba a Hipólito Yrigoyen.
Las “posverdades” de Crítica, La Fronda y la casi totalidad de los medios de prensa, junto a los efectos de la crisis internacional de 1929 (unánimemente atribuidos a la supuesta corrupción de los radicales), fueron suficientes para que, a dos años de haber sido plebiscitado por una mayoría abrumadora de votos, Yrigoyen fuera desalojado del gobierno mediante un golpe planeado por los grandes propietarios rurales y las multinacionales petroleras, protagonizado por los cadetes del colegio militar y celebrado por miles de simpatizantes debidamente adoctrinados por los mass media de entonces.
Pero la posverdad, por lo menos las posverdades de antes, no pueden con la realidad y apenas tres años después, los restos del viejo líder radical fueron despedidos por una acongojada multitud que ocupó las calles y pasó su ataúd de mano en mano, llevándolo a pulso hasta el cementerio.
Comenzó entonces lo que hasta no hace mucho podía considerarse el antecedente más remoto del gobierno de Cambiemos. Si bien también aquel régimen casi inauguró el período con una desaparición forzada –la del joven Joaquín Penina, detenido en Rosario por el “delito” de distribuir propaganda opositora al gobierno– y se caracterizó por instaurar realmente ese sistema de corrupción sistemática y organizada que se atribuía al yrigoyenismo (ni en el hábito de endilgar a los demás las intenciones y crímenes propios son innovadores nuestros actuales modernos), no puede negarse a Raúl Prebisch y Federico Pinedo una solvencia técnica que los economistas del Pro no han conseguido demostrar, al menos hasta ahora ningún senador opositor ha sido asesinado por un guardaespaldas del ministro de Agricultura y Ganadería y todavía el gobierno no reinstauró el fraude, aunque no pierde las esperanzas. Y eso sí, siempre, desde un primer momento, desde que en 1930 la Corte Suprema “legalizó” los actos de los gobiernos de facto, ese, el actual y todos los regímenes reaccionarios contaron con la activa colaboración de un Poder Judicial que, en aquella oportunidad negó dos pedidos de hábeas corpus por Joaquín Penina, sacado de prisión y desaparecido tras ser fusilado por la policía en las barrancas del río Paraná.

A poco que uno escarba puede fácilmente ver que hay poco de novedoso en la casi exacta réplica de aquellos viejos crímenes.
¿Tiene, a esta altura, algún sentido recordar hasta qué punto la “posverdad” se ensañó con Juan Domingo Perón y su gobierno?. Se dijeron de ellos aún peores cosas que de Yrigoyen, y, además de proscribirlo y haber intentado asesinarlo en varias oportunidades, se lo acusó, procesó y condenó por asociación ilícita y traición a la patria.
Pero Perón no se conformaba con acunar en sus rodillas a las normalistas recién recibidas: se abocaba día y noche a escandalosos negociados, asesinaba a su cuñado, espiaba a las estudiantes de la UES en la quinta de Olivos, fotografiaba con una misteriosa cámara de rayos equis nada menos que a Gina Lollobrigida y trasegaba fluidos sexuales tanto con el campeón mundial de los semipesados, el enorme afroamericano Archie Moore, como con la no menos afroamericana, aunque más bella, Josephine Baker.
Durante décadas (y aún hoy, si se apura a algunos recalcitrantes) millones de personas dieron esas denuncias por ciertas.
¿Puede haber mayor posverdad que el “informe Prebisch” que, al mejor estilo Rivera Indarte, creó una crisis económica inexistente y justificó la apertura de las importaciones, el despido de una enorme cantidad de empleados públicos, la eliminación de subsidios, el aumento de las tarifas y la reducción de los salarios?
Millones de personas creyeron que –aun contradiciendo en forma flagrante el mucho más solvente informe sobre el estado de la economía argentina que pocos meses antes había elaborado para la Cepal– Raúl Prebisch decía la verdad.
La “posverdad” siempre dio para todo, desde un plan económico que en 1956 proponía regresar a 1933 hasta el “moderno” desarrollismo, a cuyo innovador impulso se comenzaron a reemplazar ferrocarriles por camiones y a vehículos impulsados a energía limpia renovable (tranvías, trolebuses) por los que funcionan en base a los perecederos y contaminantes derivados del petróleo.
La derecha siempre fue así de moderna en nuestro país.
Hay cientos de ejemplos de modernidades y posverdades en la historia –para algunos, muy reciente y para otros, remota–, desde el golpe de estado de 1976, cuya principal excusa fue –aunque cueste creerlo– la corrupción de funcionarios, políticos y sindicalistas, cuyo emblema, al estilo de las bolsas del señor López, era un cheque indebido y mal confeccionado de la Cruzada de la Solidaridad que presidía la viuda de Perón
Desde el desplazamiento de José Ber Gelbard –momento en que la distribución de ingresos registraba el más alto porcentaje para los asalariados de la historia argentina–, el gobierno de Isabel Perón, acosado por el poder económico y la violencia política, parecía haber perdido el rumbo, pero era ciertamente extraño que “la ciudadanía” reclamara la intervención militar a apenas seis meses de la fecha establecida para realizar las elecciones presidenciales.
Los grandes medios de prensa de alinearon con el poder económico que, un año antes, había elaborado, en las oficinas de José Alfredo Martínez de Hoz, un plan económico alternativo y, sorprendentemente, se había vuelto imperioso acabar con la corrupción gubernamental del modo más expeditivo: acabando directamente con el gobierno.
Era inútil explicar qué había detrás de esa urgencia. Para quien quisiera, sería posible saberlo muy pocos días después, pero durante años, hasta el previsible colapso del plan económico de 1981 y el mucho más previsible desenlace de la guerra de Malvinas, la “sociedad” se sintió más cómoda con la posverdad revelada que con la verdad de la milanesa.
Ésta la dio a conocer, a tan sólo quince días del golpe, el extraordinario periodista que fue Rodolfo Terragno en su revista Cuestionario. La revelación de los vínculos que unían al gabinete económico con las grandes empresas nacionales y trasnacionales en litigio con el Estado fue suficiente para que Terragno debiera curarse en salud y marchar al exilio.
Lo que sucedió después es conocido: exactamente lo que ocurrió durante la década del 90 y lo mismo que ocurrirá ahora, en base a la aquiescencia, la confusión o la indiferencia de un número significativo de personas adormecidas por la repetición incesante de “posverdades”.
Así de moderna es la moderna derecha argentina en su incesante apelación a los mismos argumentos, la reiteración de las mismas recetas y la obtención de los mismos previsibles resultados.
¿Qué hay de “moderno” en todo esto?
No el manejo de los medios, las campañas de difamación, la manipulación del sentimiento de inseguridad pública, la cooptación del poder judicial, la coacción policial, la autodeterminación de las fuerzas de seguridad, la censura de las opiniones diferentes, la represión de las manifestaciones opositoras. No hay nada de moderno en recursos tan remanidos, usados y abusados.
Modernos fueron en su momento –y aun lo serían, lo que da una idea del grado de atraso y anquilosamiento del debate público en nuestro país– el ministro de Hacienda de la Confederación Mariano Fragueiro, que promovía el control estatal del crédito, Alberto Magnasco y sus escuelas de oficios, o en 1875, Carlos Pellegrini, Vicente Fidel López, Rufino Varela, los hermanos José y Rafael Hernández, que alentaron la protección aduanera a las primeras industrias. Y hasta la Sociedad Rural, que por esa misma época impulsó la instalación de una fábrica de paños de 19 telares mecánicos accionados por una máquina de vapor y atendidos por sesenta operarios. A pesar de que muchos jóvenes jailaifes –como el mencionado Pellegrini– exhibían orgullosos sus trajes confeccionados con tejidos nacionales, privada de fomento y protección aduanera, la fábrica no pudo competir con los productos de importación.
La creación del mercado mundial de granos, el refinamiento de la ganadería, el desarrollo de la industria frigorífica, la presión política, comercial y financiera británica y la dependencia cultural de la clase dirigente hicieron que pronto la visión proteccionista inspirada en el ejemplo estadounidense pasara a ser recordada como una suerte de travesura juvenil de algunos aristócratas.
Y como para completar el círculo, tampoco los industriales brillaron por su perspicacia y en vez de entender que su principal escollo estaba en el crédito caro y una legislación delirante que gravaba la elaboración del hierro al tiempo que eximía de aranceles la importación de productos elaborados en base a él, vio su principal enemigo en una incipiente clase obrera que luchaba por los más elementales derechos laborales. Fue así como en 1881 el Club Industrial se sublevó contra el intendente de la Capital Federal, quien había decidido actualizar la ordenanza que prohibía el trabajo en fin de semana de obreros y jornaleros.
La huelga decretada tras el despido de tres operarios de una fábrica de cigarros, uno de los cuales era a su vez delegado ante la Sociedad Unión de Cigarreros, fue el toque de alarma. La clase dirigente, que había derrotado y casi exterminado a las tribus indígenas con la “Campaña del desierto”, tenía ahora un nuevo enemigo: los anarquistas, mayoritarios entre los activistas obreros.
Indios, anarquistas y derechos laborales, los mismos enemigos del orden y la civilización que señala la moderna derecha modelo 2015.

¿Qué se puede decir?

Que atrasan demasiado como para tomarlos en serio.

martes, 19 de septiembre de 2017

Se profundiza la dependencia latinoamericana de EE.UU.

Raúl Zibechi para Sputnik

Ocho de los nueve cables submarinos que unen América del Sur con Europa pasan por EEUU. Algo muy grave porque, además, la ciudad brasileña Fortaleza está más cerca de la península Ibérica que de Miami. El noveno es un cable obsoleto y saturado, de modo que el 99% del tráfico de Internet desde Sudamérica es controlado desde Washington.
 El dato fue proporcionado por la compañía española Eulalink cuando presentó el proyecto de cable submarino que comenzará a operar en 2018, uniendo Brasil con Sines (Portugal) y Madrid, sin pasar por Estados Unidos. El cable tendrá una gran capacidad, nada menos que 72 Tbps (terabits por segundo), siete veces más que la información que América Latina trasmite actualmente al resto del mundo.
 Se trata de un pequeño e insuficiente paso, toda vez que la región presenta un panorama absurdo: un correo electrónico entre Santiago de Chile y Buenos Aires (dos ciudades separadas por 1.400 kilómetros), recorre más de 15.000 kilómetros, primero por el océano Pacífico para llegar a la costa de California, luego atraviesa EEUU hasta Miami y finalmente se hunde en el Atlántico hasta llegar a la capital argentina. En paralelo, la Subsecretaría de Telecomunicaciones de Chile (Subtel) y la compañía Huawei de China, firmaron un acuerdo de pre-factibilidad técnica para el desarrollo de una conexión directa entre Asia y Chile a través de un cable de fibra óptica que unirá China con el país andino a través del Océano Pacífico.
 Son pequeños avances en dirección a la independencia en materia de comunicaciones. Hace apenas cinco años la UNASUR había decidido construir un anillo de fibra óptica para permitir la interconexión directa de los países de la región. El objetivo era superar la eterna dependencia económica, política y cultural. Un país como Brasil, que pretende ser una potencia global emergente, vive una grave dependencia en las comunicaciones: el 46% de su tráfico internacional de Internet viene de fuera del país, y de esa cantidad el 90% hace una "parada" (pitstop) en Estados Unidos.
 En cuanto a la región en su conjunto, el 80% del tráfico internacional de datos de América Latina pasa por Estados Unidos, el doble que Asia y cuatro veces el porcentaje de Europa. Esto hace que las comunicaciones sean más caras.
 El entonces ministro de Industria y Energía de Uruguay, Roberto Kreimerman, señaló luego de la cumbre de UNASUR en Asunción, en 2011, que hay varias razones por las cuales se tomó una decisión de construir el anillo sudamericano: "Los costos actuales son muy elevados ya que en el conjunto de la región lo que se paga a los propietarios de los cables submarinos y las conexiones con los países desarrollados suponen entre el 30 y el 50% del precio final".
 La otra razón de peso hace referencia a la soberanía nacional, algo que quedó en evidencia cuando las agencias estadounidenses controlaban las comunicaciones de la presidenta Dilma Rousseff, lo que provocó una crisis diplomática entre ambos países.
 El proyecto inicial de UNASUR pasaba por un relevamiento y mapeo de todas las redes existentes en cada uno de los países. Luego se establecieron tres etapas: la conexión de los puntos físicos ubicados en las fronteras, como Argentina, Paraguay, Venezuela Bolivia y Uruguay, y en la siguiente etapa las empresas estatales de comunicaciones, como Telebras de Brasil y Arsat de Argentina, y también las privadas, realizarían el tendido de sus redes. Estaba previsto que el anillo de fibra óptica tuviera una extensión de 10.000 kilómetros y fuera gestionado por las empresas estatales de cada país para que las comunicaciones sean más seguras y baratas. La conexión directa aumentaría la velocidad de conexión entre un 20 y un 30% y sus costos serían menores.

El proyecto implicaba la instalación de varios cables submarinos. Uno de ellos entre Brasil y Estados Unidos, que permite también la conexión con Colombia y Venezuela. Un segundo cable se proponía unir el continente directamente con Europa pasando por Cabo Verde, y un tercero unirá Fortaleza (norte de Brasil) con Angola (África) con una derivación hacia Argentina y Uruguay. La empresa encargada de la construcción de buena parte del anillo óptico era la estatal Eletrobrás y la financiación estaba a cargo del banco de desarrollo BNDES.
 Todo esto ha quedado paralizado con la crisis política y los cambios de gobiernos que afectan a los principales países de la región, en particular a Brasil, el país que propuso y diseñó los nuevos tendidos de cables de Internet.
 Ahora los pasos que se siguen no son ya de carácter regional sino bilateral, como el caso de Brasil con España y de Chile con China. El gobierno de Michelle Bachelet destacó la importancia que el proyectado puente de comunicación directa entre Asia y Latinoamérica tendrá de cara al desarrollo futuro de las telecomunicaciones en la zona. En 2015 la UNASUR y la Corporación Andina de Fomento llegaron a un acuerdo para construir una "Red de Conectividad Suramericana para la Integración" con una inversión de un millón y medio de dólares. El entonces secretario general de UNASUR, Ernesto Samper, recordó que la velocidad de internet en América del Sur es ocho veces más lenta que la de otros países del mundo, lo que supone una traba para el desarrollo.
 Samper también aseguró que la red de conectividad ampliará la seguridad y defensa de la región en el área cibernética. "No es un asunto sobre seguridad física, que afecte a las personas a través de un enfrentamiento armado, ni de cuánto se equipan militarmente los países para defenderse unos de otros; sino de otro tipo de defensa colectiva, como la ciberdefensa", dijo Samper.

Sin embargo, en los dos últimos años no hubo ningún avance consistente en esa dirección. Habrá que esperar que la región supere la crisis política y el viraje conservador, para que se retomen los proyectos que prometían ingresar en una era de independencia en las telecomunicaciones.

Homenaje a Philippe Muray

                                                                                                                    Alberto Buela (*)

Juzgado desde el punto de vista del pensamiento, Philippe Muray (1945-2006) fue un escritor y ensayista francés que, más allá de novelas, obras de teatro y otras yerbas, escribió dos libros liminares que valen la pena de ser leídos: el Imperio del Bien (1991) [1]y Festivus, Festivus (2005). Este último es una serie conversaciones de junio de 2001 a diciembre de 2004.
En el Imperio del Bien realiza como lo hicieran antes que él, Kart Lowith[2], Eric Voegelin[3] o nuestro Julio Meinvielle[4], la genealogía de la modernidad mostrando como el ocultismo, o mejor la gnosis, es la base irracional de Las Luces y la Ilustración.
Festivus, Festivus, se puede resumir así: “La ridiculización del mundo tal como va es una disciplina que está aun en pañales. Reírse de este universo lamentable, en el cual el caos se equilibra con el canibalismo y la criminalización, entre fiesta continua y la persecución, es la única manera hoy de ser rigurosamente realista”.
En Exorcismos espirituales se pregunta: “Quién es el enemigo: el mundo contemporáneo y su homegeneización totalitaria. Ningún entendimiento con él es posible”. Encontramos allí la crítica más profunda a la teoría del multiculturalismo. La matriz ideológica de lo contemporáneo en sí mismo es la indiferencia ontológica que se manifiesta en la abolición del conflicto entre el Mal y el Bien, entre identidad y diferencia, que termina con la absolutización de “lo Mismo”, exterminando a lo Otro. La ideología de “lo Mismo” termina anulando las diferencias esenciales entre hombre-animal, naturaleza –cultura, saber-ignorancia, masculino-femenino, orden natural-orden simbólico, sagrado-profano, niño-adulto, fuerza-violencia, ser-ente, nación-conglomerado, pueblo-gente.
El homo festivus termina festejando la fiesta en una frivolidad aterradora, borrando su fundamento teológico que es el culto, como lo mostraron Joseph Pieper y Otto Bollnow, entre otros.
En el fondo de este razonamiento se halla “un catolicismo de combate” como muy bien señala Paulin Césari, quien estudió su pensamiento en profundidad.[5]
Como afirmó el filósofo Jean Baudrillard en sus exequias: “Con Philippe Muray desparece uno de los raros, de los muy raros conjurados de esta resistencia subterránea y ofensiva al “Imperio del Bien”, a esa pacificación grotesca del mundo real, a todo aquello que procede de la hegemonía mundial”.


[1] En castellano tiene dos obras editadas por la editorial española El imperio del bien en 2013 y Querido Yihadistas en 2010. Además están los trabajos del joven Rodrigo Agulló o Adriano Erriguel o como quiera que se llame, pues no se sabe si es mejicano o gallego ni su verdadero nombre, pero que valen la pena leerlos.
[2] Löwith, Kart: El hombre en el centro de la historia, Ed. Herder, Madrid, 2009
[3] Voegelin, Eric: El asesinato de Dios y otros escritos políticos, Ed. Hydra, Bs.As. 2009
[4] Meinvielle, Julio: De la Cábala al progresismo, Ed. Epheta, Bs.As. 1994
[5] Césari, Paulin: Philippe Muray, penseur catolíque, Le Figaró Magazine, 16/1/2915 

Entrevista a Leonardo NARDINI

Leonardo Nardini asumió como intendente de Malvinas Argentinas tras vencer al histórico Jesús Cariglino. De origen peronista y del riñón de Alicia Kirchner, durante el último año formó parte del Grupo Fénix pero nunca ocultó su diálogo con Sergio Massa y Florencio Randazzo.


¿Cómo están para octubre?
Los intendentes logramos consolidar un grupo que trabajó primero en pos de lograr la unidad del peronismo, que no se dio, pero sí logramos conformar un grupo sólido, que hizo un gran cierre dentro de nuestro espacio. Buscamos generar confianza de cara a la construcción futura y entendemos que la mejor forma de ayudar es tratar de ganar en nuestra sección electoral.
 ¿Tienen chances?
Está difícil, va a ser una elección ajustada. En las PASO terminamos 60 mil votos abajo de Cambiemos. Hay mucho en juego: si 1País se cae tres puntos en la primera sección no estaría metiendo ningún legislador provincial. Y nosotros, si ganamos a Cambiemos aunque sea por un punto, podríamos meter cinco en lugar de tres.
 ¿Massa se equivocó en su planteo político? ¿Debería haber ensayado algo distinto?
Yo hablo con Sergio, nunca lo negué. Siempre trabajamos por unir el peronismo. No hablamos de Cristina como candidata a presidenta, sino de reconfigurar el espacio.
No sé si se equivocó. Creyó fielmente que era una elección de posicionamiento político. Pensó que la fórmula con Margarita Stolbizer le generaba una idea de transparencia política y de diversidad en lo que es el voto independiente. Pero la imagen positiva que tiene un dirigente no refleja la intención de voto.
 El comentario es que a ustedes los intendentes peronistas, los alejó el acuerdo que hizo con Stolbizer.
Yo hablo con Sergio, nunca lo negué, le tengo un gran cariño y respeto. Siempre trabajamos para unir al peronismo y lo vengo sosteniendo de manera consecuente desde el año pasado, por eso me han tildado de massista, de randazzista, de anticristinista. Nada de eso era cierto. Planteábamos la necesidad de generar diálogo con dirigentes que en algún momento formaron parte del 54 por ciento de 2011. Yo decía que teníamos que encontrar la forma. Ése es el camino: tratar de buscar la forma de reconfigurar el espacio. No hablamos de Cristina como candidata a presidenta, sino del peronismo como columna vertebral de un frente más amplio. Ser una opción superadora a lo que está hoy.
  
¿Massa debe estar incluido en esta etapa post-octubre?
Totalmente.
 ¿Puede estar adentro si no rompe con el GEN?
Pueden estar los que coincidan en la idea de dejar de lado el personalismo y entiendan que la unión de fuerzas es para ponerle un freno a las políticas que viene llevando adelante el Gobierno, que no están bien. Ellos perdieron volumen político. Por eso el problema es de la oposición, no de Cambiemos. El problema es no poder juntarnos, que no nos unan las similitudes y nos gane el vedetismo de la discusión de quién encabeza una lista a futuro. Eso se tendrá que dirimir en una interna a través de una discusión seria para ver quién es el que mejor representa los intereses del colectivo de la gente.

Un proceso que plantea una discusión con el rol de Cristina...
A futuro obviamente va a estar en discusión. Pero también como dijo Cristina, vamos a hacer todo lo posible para que el mejor o la mejor represente la oportunidad de que el peronismo como columna vertebral, vuelva a gobernar la Argentina y la Provincia.

¿Randazzo también debe estar incluido en este proceso?
Sí, también Randazzo. Y a nivel nacional voy más allá: Urtubey, De la Sota, Schiaretti, Verna. Un montón de gobernadores que integraron el FpV como herramienta electoral, que fueron parte del 54 por ciento de Cristina.
 Muchos dirigentes dicen como Pichetto: "Con Cristina, no". Hablan de la unidad del peronismo sin el sector de la ex Presidenta.
La Cámpora es un sector importante y tiene que ser parte del futuro. Hoy funcionan mucho mejor en la relación con los otros sectores y se logró un equilibrio. Antes les teníamos demasiado respeto.
Cristina en su última entrevista fue clara en ese sentido, al decir que si era un impedimento ella haría todo lo posible para que el peronismo esté unido y tenga a los mejores hombres de cara a 2019. En un momento le preguntaron si se autoexcluía y ella contestó que si era necesario lo haría. Lo dijo ella, no lo digo yo.
 Después de octubre, ¿quieren volver al PJ o Unidad Ciudadana puede ser un espacio con futuro?
Puede ser un espacio válido... Los frentes electorales son una herramienta que hace comulgar a un montón de partidos y espacios políticos. Lo mismo pasó con el FpV en el 2005 cuando el PJ fue por fuera. Mañana podría integrarlo o se puede configurar un frente distinto, con otro nombre.
 ¿Cómo queda La Cámpora después de esta elección?
Son compañeros que representan a un sector importante y tienen que ser parte. Un grupo de intendentes nos juntamos y nos denominaron el "Grupo Fénix". Fuimos parte de esa discusión: con Cristina, con La Cámpora y con un montón de otros sectores que son diferentes expresiones de lo que es el peronismo. Un concepto amplio, en la base de construcción de un espacio que represente a los trabajadores, a los más humildes.

A la organización de Máximo se la criticaba por falta de debate y algunas imposiciones políticas. ¿Cómo funciona hoy que comparten un espacio con ellos?
 Hoy funciona mucho mejor y se logró un equilibrio con los compañeros -más allá de diferencias de criterio- para poder trabajar en conjunto. Antes era diferente. Cuento algo personal: yo en el 2013 encabezaba la lista de concejales hasta las 5 de la tarde en el esquema de Unidos y Organizados y por una decisión, que obviamente no fue mía, no terminé siendo el candidato. Sin embargo, cuando me tocó ser intendente de Malvinas trabajé sabiendo que con los compañeros de La Cámpora también había que discutir. Hubo un ida y vuelta. Ahora podemos plantear cuestiones que antes cuando veíamos a compañeros de La Cámpora, que tenían cargos importantes, les teníamos demasiado "respeto". Hoy te das cuenta que son seres humanos como cualquiera, con los que se puede discutir y debatir.

¿Tiene algo que ver en el cambio que hayan perdido esos cargos?
No lo veo de esa forma, porque en el cierre de nuestra sección nosotros terminamos definiendo la lista de legisladores y tuvimos mucha injerencia en los cierres de los distritos. La verdad que fuimos muchas veces hombres de consulta de los compañeros que integran La Cámpora. La metodología -por lo menos hoy- es totalmente diferente a lo que pasaba antes. Hay que construir sin rencor, eso te da mucho más volumen. La diversidad también enriquece la construcción, más teniendo en cuenta para mí que generacionalmente -más allá de no pertenecer a una organización- somos pares.
El candidato a gobernador lo tenemos que elegir entre nosotros y tiene que ser el que más mida, el que pueda ganar. No estoy de acuerdo con una PASO, sino con un candidato único, en el que los intendentes vamos a tener un rol.
 ¿La candidatura a gobernador se debería dirimir en una primaria?
Yo creo que el candidato debe ser el mejor de nosotros, el que más mida. Hay que tener humildad y elegir al que mejor mida, el que más carisma tenga, más llegada a la gente. No propongo dirimirlo en una PASO a nivel provincial. Ese es el rol que vamos a tener los intendentes de cara a lo que viene. Diferente de lo que será la elección presidencial que obviamente puede haber más de un candidato presidencial, eso dará mucho más volumen. Pero en la Provincia yo creo que debe haber un candidato único y nosotros debemos ponernos a disposición para volver a gobernar. Y volver de una manera mejor, con ideas más frescas, innovadoras, con una política de acercamiento a la gente.
 ¿Le pueden ganar en el 2019 a Vidal?
Sí, si se logran unificar los criterios y las peleas de egos personales. En algún momento yo dije que había que echar las cartas sobre la mesa y quienes tuvieran intenciones de ser candidatos debían decirlo, con nombre y apellido. Yo no quiero ser candidato y, partiendo de esa base, voy a ayudar al que tenga la voluntad de serlo. La diferencia es que muchas veces nos juntamos entre compañeros y supuestamente nadie quiere nada, pero al final todos quieren todo. Eso termina empiojando la situación.
 ¿Quién le gustaría que sea el candidato?
El que más mida. El mejor candidato es el que gana. A mí en el 2015 me decían propios y ajenos que no tenía posibilidades de ganarle a Cariglino. Y de hecho yo decía que era el que más medía, el que había hecho un trabajo territorial en el distrito. Todos se sorprendieron con el resultado electoral de Malvinas. Yo sabía que íbamos a ganar y por cuánto. Tenía una estrategia, una lógica. Ese es el trabajo que hay que desarrollar para adelante.
 El "Tano" Menéndez es un nombre que suena como un candidato que le gustaría instalar a los ex integrantes del Fenix, mientras que también se menciona a Insaurralde.
Si el "Tano" tiene la voluntad de hacerlo va a encontrar el acompañamiento de todos nosotros. También tiene aspiraciones a nivel partidario. El mejor candidato es el que más mida. No podemos cometer el mismo error que se cometió en el 2015, cuando teníamos muchas opciones de precandidatos pero finalmente el que más medía no terminó siéndolo, por ese famoso baño de humildad. Al final terminaron disputándose dos candidatos que estaban poco instalado. Nos jugó en contra.
 ¿Quién tendría que haber sido el candidato?
Diego Bossio, era el que mejor imagen tenía y más conocimiento con la gente. Por razones que desconozco declinó su candidatura y después terminaron llevando dos precandidatos -Julián Domínguez y Aníbal Fernández- poco instalados en el electorado bonaerense. Yo como peronista elegí la fórmula Domínguez-Espinoza, por una cuestión de afinidad y sin tener nada contra Aníbal ni Sabbatella. Pero esa decisión terminó generando una ruptura en un frente político.
 ¿El fracaso en 2015 fue un error político de Cristina o también de Randazzo por no querer luego "bajar" a la Provincia?
De todos. Nuestro también, por no decir lo que había que decir en el momento justo. El que calla otorga. Hoy la situación es totalmente diferente. Opinamos y está bueno poder decir las cosas, discutirlas hacia adentro. Desconozco como era antes porque yo no era intendente, pero muchos decían que no se podía hablar. Y uno a veces por ser un dirigente de menor escala tampoco se animaba a plantear cuando veía por ejemplo hoy a mis compañeros del PJ atrás de una valla y no arriba del escenario.
 Con el diario del lunes, viendo cómo les fue en las PASO, ¿Cristina fue buena candidata o se tendría que haber insistido más en la renovación que era justamente el discurso que promovían ustedes?
Ninguno de los compañeros que se mencionaba como candidato se hizo cargo de la situación y se puso el saco. Por eso terminamos con Cristina, que era la que más votos generaba. Si nos poníamos de acuerdo antes, hasta ella lo hubiera aceptado.
Yo tenía ese discurso, pero no hubo ningún compañero que saliera a hacerse cargo de la situación. Si cualquiera de los compañeros hubiera salido a ponerse el saco de candidato, hasta ella lo hubiera aceptado.
 ¿A quiénes se refiere?
Magario, Insaurralde, Randazzo, cualquiera de ellos. Yo repetía una frase trillada y me miraban como si fuera un tonto: "De los laberintos se sale por arriba". La pelea de egos de dirigentes se resuelve charlando, tomando un café, sacando en limpio el objetivo principal que era lograr la unificación y ganar la elección. Cuando eso pasó ya estábamos sobre la hora, con Cristina como la figura que generaba la mayor cantidad de votos y con una cuestión de ego importante encima.
 Habla del ego de Cristina.
Del de todos. Porque si se hubieran sentado a charlar antes, se hubiera definido un candidato único. Si Randazzo se sentaba dos o tres semanas antes del cierre de listas, tal vez era el candidato de Unidad Ciudadana. Ahora las cartas ya están echadas, la elección ya pasó. Nos remitimos a este resultado en una elección en la que el peronismo va fraccionado y donde pasó a ser más que de tercios a cuartos, hasta dándole volumen a la izquierda y si volvemos a la duda inicial -sobre si Cristina era la mejor candidata- yo creo que se termina demostrando que sí, porque se ganó la elección.
 Pero si Cristina llega a perder contra Esteban Bullrich en octubre, ¿no sería una derrota muy fuerte?
Yo creo que si eso sucediera, se perdería contra la marca Cambiemos. Bullrich es el candidato virtual, el que va a ir al Senado, pero lejos de eso la campaña la encabezó la gobernadora, que en las últimas dos semanas antes de las PASO dijo que se iba a dedicar a la gestión pero se paseó por todos los canales habidos y por haber. Remontó la elección aprovechando su buena imagen y la empatía que tiene con el ciudadano bonaerense.
 ¿Cómo es la relación con la gobernadora?

Cordial. Tiene sus altibajos en la comunicación, pero siempre fue respetuosa. Hay algunas cuestiones en las que nos vemos relegados por no pertenecer a un mismo partido político, es natural. Sin embargo, hay cosas que se lograron por el trabajo conjunto, por ejemplo el Fondo de Infraestructura Municipal, que nació de una negociación, cuando muchos legisladores no querían aprobarle el presupuesto. Los intendentes hablamos con muchos legisladores porque queríamos que tuviera presupuesto. Muy distinto es el reparto -que fue cuestionado en su momento- discrecional de los adelantos del Tesoro Nacional. Hay intendentes de un color político que recibieron más que nosotros. Es parte de las reglas del juego, pero muchas veces lo discursivo de Cambiemos no es acompañado en las acciones.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Foro debate en Ciudad de Buenos AIres


Frente a la nueva corriente neoliberal: ¿Qué diría Cafiero?


Las ideas del caudillo peronista se resignifican en un escenario donde vuelven a primar los postulados neoliberales.

Por Rubén Telechea - Diario Página 12


Hace unos días reapareció con gran fuerza el nombre de Antonio Cafiero en la escena política con motivo de una serie de homenajes que se le hicieron al cumplirse treinta años de la elección que le dio el triunfo como gobernador de la provincia de Buenos Aires. Poseedor de una personalidad y trayectoria fuera de lo común, de entre tantos rasgos destacados de su vida (político, funcionario, demócrata, defensor de las instituciones, hombre de familia, simple militante –como le gustaba definirse– y hasta ¡actor!), hay uno también sumamente importante que suele permanecer relegado por el propio valor que revisten algunos de los anteriores, y es su faceta de economista.

En este breve texto se pretende resaltar la visión de Cafiero a partir de sus propios escritos acerca de las políticas pro-mercado o neoliberales como las que se aplican en la actualidad, las mismas que en los ‘90 se impusieron de manera arrolladora en buena parte del mundo. En Argentina se realizó (fiel al estilo de Menem) de manera casi brutal. Si bien Cafiero nunca negó los cambios que los tiempos demandaban, eso no modificó sus posturas filosóficas más profundas: “Nuestra concepción de la Justicia Social es ciertamente el disenso más grave que nos separa de los neoliberales....en la visión liberal clásica, el papel del Estado es supletorio. El mercado y la acción de los particulares va a asegurar el crecimiento y la justicia social.”
La tan mentada “teoría del derrame” lo llevó a practicar el juego de la ironía que tanto le agradaba: “La idea de que ‘primero’ es el crecimiento y ‘después’ vendrá espontáneamente y ‘por goteo’ la distribución, y que anticipar una distribución más equitativa de los ingresos interferiría en el funcionamiento de los mercados, lo que reduciría la eficacia productiva, en buen romance exige a los desposeídos que ejerzan varias virtudes: la fe en los pronósticos de los científicos, la esperanza en el resultado de las políticas y la paciencia durante un plazo no definido. No hay que creer en esto.”
Ya diez años antes había dicho: “Las grandes transformaciones se dan a partir del ‘75, donde la crisis petrolera y cierto agobio a propósito de la intervención del estado, produce la revolución antikeynesiana, la nueva derecha, la ola liberal, la reaganomics, la tatchernomics. El liberalismo se encuentra con sus teólogos, que le permiten salir de la inferioridad ética. Ahora, ¡hasta moralizan! Dicen que la ética del capitalismo es la única ética. Esto no se animaban a decirlo ni hace 20 años. Lógicamente todo esto fue traspolado a la Argentina, trasvasado directamente desde los grandes centros de poder”.
Tampoco escapan a su verba inquisidora las políticas económicas liberales aplicadas por la dictadura cívico-militar que gobernó de 1976 a 1983: “Con respecto al liberalismo, hay una cosa curiosa que no quiere ser admitida por quienes se llaman liberales: que en el país, en repetidas oportunidades de su historia económica, fue ejercido el liberalismo a fondo. Por ejemplo, el gobierno de la revolución militar liberó todos los precios y las tasas de interés; por cierto, no liberó los salarios, pero las tasas de interés y los precios relativos de los factores más importantes de la producción jugaron libremente en el mercado”. Como si lo estuviera diciendo en estos días.
Lo que Cafiero nunca podría aceptar es la idea de un peronismo surcado por ideas neoliberales: “El neoliberalismo, si bien minoritario como corriente política, trata de instalar –con el auspicio de los poderosos– una cultura hegemónica y se presenta como la única alternativa racional al progreso...Está tratando de imponer sus creencias, valores y paradigmas al peronismo: se afirma en las supuestas virtudes del Mercado Máximo y del Mercado Mínimo y se despreocupa de la autonomía nacional, la igualdad, la equidad y la solidaridad. Nos invita a iniciar la era del ‘postperonismo’ en la cual la ideología y el modelo neoliberal -asumidos e interpretados en clave peronista- serían la nueva versión del Justicialismo del siglo XXI”.

Mientras gobernaba Menem, explicó la situación originada por el colapso de la economía mexicana y los ajustes que, para hacer a frente a ello se efectuaron en nuestro país, donde evidenció su molestia por el rumbo tomado. Esta opinión reviste valor no sólo por el análisis que realizó sobre el ajuste que se estaba practicando en ese momento (1995), sino por los que sobrevendrían posteriormente, especialmente en el gobierno de De la Rúa y el que está tratando de llevar adelante Macri: “Estos son los riesgos de los ajustes indiscriminados. Aquí no parece haberse evaluado con detenimiento que existen actividades que, por su propia naturaleza, aseguran el funcionamiento de las demás. El ajuste no debe alcanzar a todos los sectores públicos de la misma manera...
El gasto público es un instrumento vital del Estado para la organización de la vida social sobre la base de los criterios de eficiencia y equidad. No sería deseable que las reducciones presupuestarias dispuestas en las medidas de ajuste sólo persigan la prolijidad de las cuentas públicas, o sea la eficacia en desmedro de la eficiencia....
Las funciones compensadora y reguladora del Estado de fin de siglo, orientadas hacia nuevos mecanismos de resguardo del bien común, están desalojando con trabajoso éxito el efímero auge del “Estado desertor” de cuño reaganiano, que ahora ensaya una póstuma restauración...
El Estado deberá hacer posible, a través de las inversiones en las capacidades humanas (educación y salud, pero también en el entrenamiento y aprendizaje en los mecanismos de participación democrática y en la toma de decisiones de la gente) el viejo sueño transformador de la democracia acerca de la igualdad de oportunidades.
El Estado deberá proteger, en consecuencia, los instrumentos con que cuenta para satisfacer de manera armónica las demandas sociales, equilibrando la puja de intereses contrapuestos, con especial cuidado de los postergados en el juego de la competencia y en la lucha de los mercados.”

Salud, Antonio. Sus ideas gozan de plena vigencia.


* Docente UNLZ, UNQ y UPE / rtelechea@gmail.com

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