viernes, 1 de junio de 2012

Scalabrini en el subsuelo de la patria

por Juan Godoy

Va a tener una fuerte impronta en el pensamiento de Scalabrini Ortíz la idea de la existencia de una Argentina soterrada, y la necesidad, para emprender el camino hacia la liberación de las ataduras que esta situación traía aparejada, del descubrimiento de los complejos mecanismos que determinaban la indefinición de la Nación. Podríamos considerar que Scalabrini viene a denunciar, y a poner de manifiesto lo que Jauretche llamara superestructura cultural que conllevaba la colonización pedagógica, y la consiguiente conformación de una intelligentzia. Esa misma superestructura, que cuando Scalabrini decidiera abandonar el camino ya tendido para el hombre de letras, y comenzara a desenterrar esa Argentina oculta (bajo pilas y pilas de libros, notas, balances, etc.), lo iba a enterrar y condenar al ostracismo de diarios, editores y demás engranajes de la Argentina semi-colonial agraria. Va a ser Don Arturo quien va a sostener que “llevamos al terreno económico y social lo que la revisión histórica iba descubriendo (…) Esta fue sustancialmente la obra de Raúl Scalabrini, cuyo talento de investigador y de escritor y cuya voluntad sacrificada de servir al país le costó la pérdida de todos los triunfos materiales que tenía a su disposición, pero lo premió con el título que ya nadie puede discutirle de descubridor de la realidad Argentina”.[i] Su biógrafo, Norberto Galasso lo incluirá en la nómina de los escritores malditos. Los escritores malditos son definidos como los que fueron condenados al silencio y al olvido por la superestructura cultural dirigida por las clases dominantes. Éstos no tienen un lugar en la academia, ni en diarios, revistas, editoriales, etc. en tanto escritores comprometidos con la cuestión nacional y cuestionadores del orden colonial, y de la superestructura misma (Galasso, Norberto. (1892). Raúl Scalabrini Ortíz y la lucha contra la dominación inglesa. Buenos Aires: Ediciones del Pensamiento Nacional)

Así aparece Scalabrini como “un espíritu andariego desvelado por el espíritu de la tierra, que anda ávido de los números para rastrear lo que pasa entre las materialidades de la muchedumbre innúmera” [ii].  De esta forma, podemos observar ya en ese hombre que está solo y que espera (1931), a Scalabrini recorriendo las noches porteñas, sus cafés, calles, buscando rasgos, características particulares de ese sujeto. Es un autor que no se liga a una observación superficial, no se detiene en la masa (cual como podríamos ver, por ejemplo, en el positivismo de Ramos Mejía), sino que va más allá. En esa Argentina del ’30, en que Discépolo canta “Yira, Yira”, “Cambalache”, “¿Qué sapa señor?”, etc. En esa Argentina que se mira en el espejo de Europa (que siempre nos devuelve una imagen desfigurada). Pero que ya se encuentra en algo… Y es en ese algo, en el cual Scalabrini explora, él buscará “esa veta rebelde y subterránea que el espíritu forma bajo los hechos (para lo cual se debe) inventar nuevos patrones de medición, despojar al criterio engañosos convencionalismos”. [iii] Hay ya algo diferente en esa década que José Luis Torres denominara infame, pues años antes en algunos cuentos de su primer libro: La Manga (1923), ya aparecía el tema de las multitudes, pero aquí Scalabrini todavía no examina el detalle, lo peculiar: “cuando era niño (…) no prestaba atención a la muchedumbre (…) Al presente pienso a menudo en esa muchedumbre triste, resignada”[iv], “Hombres y mujeres (…) son todos tan iguales entre sí, que es casi imposible individualizarlos. Parecen muñecos hechos con molde, limados y retocados para que sean idénticos” [v] Podemos considerar que Scalabrini en “el hombre que está solo…” busca la particularidad del hombre de Corrientes y Esmeralda, pero al pensar en éste considerando que “el que mire fisonomías o hábitos creerá estar en Europa, no el que observe pulsos o inspiraciones” [vi], implica a la cuestión nacional. Pues lo que le dará esas características de ese hombre que él busca, es la no ligazón a las concepciones europeas, pues Scalabrini bucea en nuestros sentimientos, desprendiéndose de la imitación y dependencia: “los espejismos se evaporan (…) una a una va desflecando las banderas conductoras, los grandes signos de la cultura europea” [vii]. Norberto Galasso, va a argumentar que “El hombre que está solo…” “se incorpora a la cultura nacional por su decidido rechazo de todo lo foráneo” [viii]. Aquí tenemos a un hombre que está en pleno proceso introspectivo, de reflexión  (la primera edición de “El hombre que está solo…” sale en noviembre y se agota al mes siguiente. Galasso, Norberto. (2008). Vida de Scalabrini Ortíz. Buenos Aires: Colihue), que devendrán tiempo después en miles ya no solos y habiendo terminado su larga espera. Así sostiene Horacio González “lo que brota del subsuelo del 45 era el mismo material que en el 31 se estaba amasando a la luz del día, como un aluvión y torbellino del paisaje” [ix].
Así Scalabrini desarrollará una inmensa tarea de investigación económica, pero también hay algo más en esas indagaciones que realizó (consideramos que Scalabrini es un pensador que no se queda en las superficialidades), no son meros números que se amontonan a medida que se pasan las hojas, no es la economía entendida como una ciencia exacta, sino la economía como una ciencia social, que permitirá descubrir esa patria que se halla en el subsuelo, nuestro autor dirá “fui a escarbar archivos, a desenterrar papeles, a exhumar y dar nueva vida a las voces extintas que están sepultados por incomprensión (…)”. [x] La economía entendida así como “un método de auscultación de los pueblos (…) En puridad, la economía se refiere exclusivamente a las cosas materiales de la vida (…) Pero la economía bien entendida es algo más. En sus síntesis laten, perfectamente presentes, las influencias más sutiles: las confluentes étnicas, las configuraciones geográficas, las variaciones climatéricas, las características psicológicas y hasta esa casi inasible pulsación que los pueblos tienen en su esperanza cuando menos.” [xi] Scalabrini va a llevar su planteo a lo más profundo de la superestructura que del país semi-colonial agrario, en tanto generadora de zonceras tanto históricas, políticas, económicas, nuestro autor argumentará que “todo lo que nos rodea es falso o irreal. Es falsa la historia que nos enseñaron. Falsas las creencias económicas con que nos imbuyeron. Falsas las perspectivas mundiales y las disyuntivas que nos ofrecen. Irreales las libertades que los textos aseguran (…)” [xii]  Pues lo que él viene a desenterrar es la realidad misma que se pretende ocultar, ya sea en falsas opciones (como la que profesaba o con el Eje, o con los Aliados, tan colonial una como la otra, desconociendo la posibilidad de una posición neutral), en luchas ajenas, bajo literaturas extranjerizantes, etc. Esa realidad de expoliación que se realizaba sobre el país día a día, y que el pueblo sufría en “carne propia” (el cual no perderá tiempo engañándose, consideramos que al estar menos penetrado por la superestructura colonial lleva una “ventaja” con respecto a las otras clases). Así  “la subconsciencia de la multitud sabe que lo esencialmente argentino es la tierra y el hombre que se apega a ella” [xiii]. Y con respecto a su tarea sostiene que “en nuestra pesquisa, dimos en descubrir lo que después debía aparecer como evidente para todos”. [xiv] Es Scalabrini quién va venir a develar los ocultos mecanismos de dominación colonial que se esconden en el trazado vías del ferrocarril, pues éstos: “fueron trazadas con un sentido ajeno a las conveniencias nacionales”. [xv] Una de las intencionalidades del libro es el acercamiento de la inteligencia a los problemas nacionales y su fidelidad hacia ellos. Los problemas argentinos aparecen como un ejemplo, como parte de los Latinoamericanos. Scalabrini apela al conocimiento de nuestras historias comunes para lograr la unidad del continente: “unir (…) es tarea americana y de legítima reivindicación, así como desunir por futilezas o por doctrinas extranjeras a la conveniencia americana es tarea del interés europeo y de sus cómplices. Para unir es preciso comprender. Para comprender hay que conocer” [xvi]. Él está pensando en la unidad latinoamericana. Dicho libro también aspira a “ser una de esas humildes piedras fundamentales que, hundidas en el silencio del subsuelo, soportan la gracia arquitectural de la futura estructuración argentina” [xvii]. Son ideas lanzadas en algún periódico (muchas veces de corta duración), en afiches, conferencias, charlas, discursos callejeros, etc. que se echan a rodar en la Argentina semi-colonial, Galasso sostiene que Scalabrini, argumentaba que “las ideas muchas veces se esfuman de la vista pero circulan subterráneamente”. [xviii] Y así todas esas ideas vertidas durante la década del ’30, y parte del `40 iban a hacer eclosión un día, Scalabrini dirá que “eran los hombres que están solos y esperan, que iniciaban sus tareas de reivindicación. El espíritu de la tierra estaba presente como nunca creí verlo” [xix]. A decir de Horacio González hay una “idea basada de un plano sumergido que irrumpe en una realidad superficial e indolente” [xx]. A pesar de todos los esfuerzos hechos por la superestructura cultural para que las ideas descolonizadoras de Scalabrini no se difundieran, el subsuelo de la patria ese día de octubre del ‘45 había decidido sublevarse.

Notas
[i] Jauretche, Arturo. (1976). Forja y la década infame. Con un apéndice de manifiestos, declaraciones y textos volantes. Buenos Aires: Peña Lillo, páginas 57-58.[ii] Aramendy, Cecilia y Bril, Nuria. (2010). Acerca del método de Scalabrini. En Periodismo, Historia y Política Argentina. Buenos Aires: Jefatura de Gabinete Ministros (Gobierno de la Provincia de Buenos Aires), página 106.

[iii] Scalabrini Ortíz, Raúl. (1983). El Hombre que está solo y espera. Buenos Aires: Plus Ultra, páginas 21-22.

[iv] Scalabrini Ortíz, Raúl. (2003). Los Humildes. En Scalabrini Ortíz, Raúl. (2003). La Manga. Buenos Aires: Librería Histórica, página 28.

[v] Scalabrini Ortíz, Raúl. (2003). El diario de Nicolás Bródel (Efecto Primaveral). En Scalabrini Ortíz, Raúl. (2003). La Manga. Buenos Aires: Librería Histórica, página 93.

[vi] Scalabrini Ortíz, Raúl. (1983). El Hombre que está solo y espera. Buenos Aires: Plus Ultra, página 29.

[vii] Scalabrini Ortíz, Raúl. (1983). El Hombre que está solo y espera. Buenos Aires: Plus Ultra, página 99.

[viii] Galasso, Norberto. (2008). Vida de Scalabrini Ortíz. Buenos Aires: Colihue, página 109.

[ix] González, Horacio. (1999). Restos Pampeanos. Ciencia, Ensayo y Política en la Cultura Argentina del Siglo XX. Buenos Aires: Colihue, página, página 336.

[x] Citado en Galasso, Norberto. (2008). Vida de Scalabrini Ortíz. Buenos Aires: Colihue. Originalmente en Scalabrini Ortíz, Raúl. Conferencia del 17/2/41.

[xi] Scalabrini Ortíz, Raúl. (2001). Política Británica en el Río de La Plata. Buenos Aires: Plus Ultra, Página 5.

[xii] Scalabrini Ortíz, Raúl. (2001). Política Británica en el Río de La Plata. Buenos Aires: Plus Ultra, Página 7.

[xiii] Scalabrini Ortíz, Raúl. (1983). El Hombre que está solo y espera. Buenos Aires: Plus Ultra, Página 87.

[xiv] Citado en Galasso, Norberto. (2008). Vida de Scalabrini Ortíz. Buenos Aires: Colihue. Originalmente en Scalabrini Ortíz, Raúl. Sexto Continente, noviembre de 1947.

[xv] Scalabrini Ortíz, Raúl. (2006). Historia de los ferrocarriles argentinos. Con un apéndice de la Ley Mitre. Buenos Aires: Lancelot, página 23.

[xvi] Scalabrini Ortíz, Raúl. (2006). Historia de los ferrocarriles argentinos. Con un apéndice de la Ley Mitre. Buenos Aires: Lancelot, página 15.

[xvii] Scalabrini Ortíz, Raúl. (2006). Historia de los ferrocarriles argentinos. Con un apéndice de la Ley Mitre. Buenos Aires: Lancelot, página 392.

[xviii] Galasso, Norberto. (2008). Vida de Scalabrini Ortíz. Buenos Aires: Colihue, página 233.

[xix] Scalabrini Ortíz, Raúl. (2009). Tierra sin nada, tierra de profetas. Devociones para el hombre argentino. Buenos Aires: Lancelot, 2009, página 30.

[xx] González, Horacio. (1999). Restos Pampeanos. Ciencia, Ensayo y Política en la Cultura Argentina del Siglo XX. Buenos Aires: Colihue, página 335.







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