jueves, 6 de diciembre de 2012

Una aproximación a la Filosofía Latinoamericana; El pensamiento de Kusch en perspectiva epistemológica

por Juan Manuel Pereira


“Todo lo que nos rodea es falso o irreal. Es falsa la historia que nos enseñaron. Falsas las perspectivas mundiales que nos presentan y las disyuntivas políticas que nos ofrecen. Irreales las libertades que los textos aseguran… volver a la realidad es un imperativo inexcusable. Para ello es preciso exigirse una virginidad mental a toda costa y una resolución inquebrantable de querer saber exactamente cómo somos.Raúl Scalabrini Ortiz

La cita que precede al texto debe comprenderse a modo de imperativo categórico, pues se erige en faro de la construcción de un pensamiento estratégico, distinto, propio. Scalabrini nos marca un camino a seguir, que no está exento de obstáculos políticos, históricos, metodológicos y gnoseológicos. El Pensamiento Nacional y Latinoamericano, luego de un largo camino comienza a transformarse, en Seminarios, en Cátedras y en Casas de Altos Estudios, en una opción académica. A pesar del significativo avance en un contexto de resurgimiento de gobiernos populares, continúa siendo hasta hoy un pensamiento minoritario que debe militarse constantemente para abrirse paso en una disputa trascendental para la Liberación Nacional. Las distintas cosmovisiones que conducen a la conformación de un pensamiento de índole propia, no han podido conciliar axiomas comunes que permitieran profundizar una discusión unificada al campo de las ideas. La heterogeneidad de las propuestas teóricas y metodológicas del pensamiento propio, deben darse un debate profundo y sistemático en la unificación de criterios comunes y lanzar una estrategia ofensiva sobre las elites académicas. “Todo lo que nos rodea es falso o irreal”, es un punto de partida, es una proclama a construir lo nuevo, a la capacidad de reinventarse, el Pensamiento Nacional no debe transformarse simplemente en un eficaz molde interpretativo porque lo estaríamos condenando a una simple construcción ideológica, debe coordinarse, profundizarse hasta el máximo límite, reconocer su propia frontera interna, sólo así será pensamiento estratégico popular con capacidad de ser Cosmovisión Hegemónica..

El campo de la Filosofía Social, aún debe ser abonado desde un eje interpretativo Nacional y Latinoamericano, discutir la condición humana sin ningún tipo de prejuicio previo a la experiencia real, es decir, virginidad mental entendida como la aceptación de que lo establecido en términos hegemónicos es ajeno a la realidad propia; no así, las teorías e ideas que las academias extranjeras producen, pues nacionalidad no se opone a intertextualidad; virginidad mental no significa arrancar de cero, significa asimilar el aporte externo, entendiendo a las variables internas como propias, como mecanismos que no deben ser eliminados sino plenamente aceptados en el natural desarrollo de la existencia. La Filosofía Social y la Cosmología tienen que despertar del letargo, de la licuación de su producción intelectual en el relato posmoderno y en el inútil criticismo sin esencia. Pensar, reinventar y actualizar un “nosotros”, no es tarea sencilla, implica un esfuerzo muchas veces desvalorizado frente al acontecer político. Somos el sujeto dominado en las relaciones sociales de poder y la praxis de la política nos invita a acotar nuestros marcos reflexivos a la contingencia y a la historia, pero la estrategia política nos exige construir caminos hacia la victoria, imperando la necesidad de resignificar el meollo cultural en el que estamos inmersos en nuestra condición de dominados. Se trata pues, de que axiomas fundantes de una cosmovisión se cristalicen en capacidad de disputa en todas las ramas del conocimiento, las ciencias, las artes y la técnica. Y en este sentido, el aporte de Rodolfo Kusch es invalorable, no sólo por su producción antropológica, sino más bien por encontrar una frontera interna en el Pensamiento Nacional y Latinoamericano. La condición humana se pone a prueba en todas sus dimensiones por una nueva variable, la geocultura americana que aporta una dimensión territorial del Ser y a partir de ello, se transforman radicalmente las concepciones sobre racionalidad, religiosidad, política y conocimiento. América, y más específicamente lo latinoamericano, se constituye en una frontera frente a las cosmovisiones que universaliza un Occidente que comprende y actúa sobre el mundo desde otra perspectiva ontológica.

“He aquí la fuente de todos los caos y verdades: la vida cotidiana: para saber estar nomás no se necesita explicación. Estamos otra vez frente a la polaridad de estar nomás y ser alguien. Y con estar que no sabemos qué es, pero es vivido profundamente por nosotros en Sudamérica.” Rodolfo Kusch

Abordar la complejidad del pensamiento kuscheano no es tarea fácil, las nuevas claves de conocimiento que aborda ponen en jaque toda concepción previa en materia de filosofía, si bien su pensamiento es tributario de la fenomenología, el cambio sustancial que plantea en la unidad de análisis conduce a un universo de nuevas reflexiones en cuanto al objeto de estudio, ni más ni menos que la condición humana. La búsqueda genuina de un sujeto americano, viene repleta de un sinfín de nuevos cuestionamientos al orden jerárquico que el conocimiento le da a la racionalidad positivista típicamente burguesa, que piensa al ser desde una ontología universal o, mejor dicho, imperial.

El “sujeto trascendental” burgués esbozado por Kant, se funda en el paradigma eurocéntrico de la Ilustración, en donde la dialéctica sujeto-objeto es mediada por una racionalidad universal, que ordena el plano fenoménico de la realidad cobrando sentido a partir de una entelequia superior inaccesible a la voluntad del hombre. El sujeto occidental-burgués se ve atrapado en una encrucijada ontológica, pues la afirmación de su propia voluntad libre y racional se encuentra atada a leyes superiores inaccesibles desde el sentido común y desde la cotidianeidad. Las cosmovisiones eurocéntricas, realizan esta operación epistemológica recurrentemente, y resuelven esta encrucijada vía el concepto de Ilustración, desde el marxismo en gran parte de sus vertientes, en donde la alienación del dominado se supera fundiendo los conceptos de “ciencia” y “conciencia”, como objeto externo a las masas en donde media una vanguardia intelectual, hasta el liberalismo clásico, en donde “la mano invisible” se transforma en rectora de la libre voluntad del sujeto. La trascendentalidad del sujeto occidental, se funda en su capacidad de enunciar proposiciones, lógicas, racionales y positivas para transformar legible una realidad plena misteriosamente vedada al hombre, quizás la Alegoría platónica de la caverna pueda ayudarnos a develar el origen de semejante propuesta del ser. Esta lógica de constituir el sujeto pasa de universalista a imperial cuando el pensamiento eurocéntrico fagocita a todo aquello que se encuentra por fuera de su frontera interna, cuando todo lo que no se rige por las leyes positivas del ser, debe ser aniquilado porque atrasa en los términos civilizatorios del desarrollo occidentalmente entendido.

La propuesta kuscheana nos obliga a romper con el corsé positivista, a dar por tierra a las leyes superiores que el sujeto no puede alcanzar pero que inevitablemente lo rigen en su devenir histórico. El ser americano, debe pensarse por fuera de la trascendentalidad ilustrada del Occidente imperial porque se constituye desde la inmanencia del estar, desde la tierra, desde lo cotidiano. En este sentido, el pensamiento situado geográficamente se erige en el principal axioma fundante del Pensamiento Nacional y Latinoamericano, el famoso “pensar lo propio.” El Pueblo como categoría subjetivante del ser americano, se reconoce como tal en la medida que su devenir y su sentido último están marcados por la cotidianeidad de la épica del relato en el cual se reconoce y genera identidad, y por su condición de marginalidad (sujeto subalterno).

Alberto Buela sostiene en su ensayo "Gunther Rodolfo Kusch": “El pueblo, todo pueblo, se manifiesta en dos niveles: Uno, el suelo que como límite inferior es el molde que tiene los símbolos de una cultura, que contempla dos aspectos a) como fundamento "no se puede caer más"  y b) como arraigo "el medio donde se echan raíces". Y dos, la cultura como horizonte simbólico. Kusch elige como acceso al pensamiento popular en América el área de la religiosidad popular por ser lo más arcaico, no en el sentido de lo más viejo, sino del arjé griego, como principio.” Esta manifestación territorializada del sujeto, tiene entre sus fundamentos una religiosidad arraigada en el suelo, como bien demuestra Kusch en América Profunda (1962) a partir de la cosmogonía Amauta, en donde la deidad reside en el río, en la montaña, en la selva, en el lago, en las lluvias, diferenciándose sustancialmente de la Filosofía clásica occidental, en donde Dios se transforma en una entelequia contemplativa desde un plano superior al de las manifestaciones materiales. La deidad Amauta, convive cotidianamente y hecha raíces en el mismo lugar que cualquier mortal.

Repensar la noción de cultura desde la territorialidad, parece ser el camino encontrado por el autor para generar un quiebre irremediable con el pensamiento occidental, fundando a su vez una frontera interna bien delimitada del pensamiento propio. La realidad como una totalización de la existencia no puede comprenderse, entonces, como un fenómeno racional cristalizado en conceptos científico-filosóficos, sino como manifestación inmanente en donde el predominio de las acciones se encuentra anclado en los elementos emocionales de la sabiduría popular. La plenitud de la realidad se halla cuando la producción de saberes está fundada en una existencia práctica comprometida con su entorno geográfico, incluyendo los elementos mágico-religiosos como parte constitutiva de la realidad. En este punto, los saberes populares deben retomarse para esbozar una racionalidad geocultural, que se contrapone a la racionalidad positiva en la medida que lo americano se manifiesta desde lo arcaico, lo mítico, lo lúdico, generando una barrera infranqueable entre la trascendentalidad pulcra de sujeto occidental y el hedor inmanente del sujeto americano.

“Y el hedor de América es todo lo que se da más allá de nuestra populosa y cómoda ciudad natal. Es el camión lleno de indios que debemos tomar para ir a cualquier parte del altiplano y lo es la segunda clase de algún tren y lo son las villas miserias, pobladas por correntinos, que circundan Buenos Aires. (…) Se trata de una aversión irremediable que crea marcadamente la diferencia entre una supuesta pulcritud de parte nuestra y de un hedor tácito de todo lo americano. Más aún, diríamos que el hedor entra como categoría en todos nuestros juicios sobre América, de tal modo que siempre vemos a América como un rostro sucio que debe ser lavado para afirmar nuestra convicción y nuestra seguridad.” Rodolfo Kusch

La barrera infranqueable entre hedor-pulcritud se presenta en forma de dicotomía ontológica en el sujeto americano, en donde el criollo en tanto creación genuina de América (en sus variables originarias, coloniales e inmigrantes) parte de esta barrera para constituir el juicio sobre la realidad que lo circunda. Esta tensión fundante de la estructura existencial americana, se produce en la medida en que la existencia se destemporaliza y se arraiga al suelo. El criollo convive con esta tensión que remite al “ser algo” occidental y burgués, y al “estar ahí” propio de los pueblos originarios y rurales, paradoja que el pensamiento dominante resuelve a través de la fagocitación y el aniquilamiento, que legitiman y construyen un relato que permiten justificar aberraciones como dos genocidios nacionales con 100 años de diferencia. Sin embargo, se manifiesta una conciliación entre la racionalidad positiva y la emocionalidad geocultural, a partir de la negación subjetiva de esa tensión y de una imperiosa voluntad de realizar América a partir de un sujeto territorializado y atemporal, en donde territorio significa lugar de implicancia y compromiso con el entorno y atemporalidad en tanto que, la ontología de lo americano no se encuentra en el orden cronológico étnico-poblacional; los elementos se funden atemporalmente y en forma permanente, sería una utopía reaccionaria querer retroceder a la visión precolombina, como reaccionaria es la posición de las oligarquías que imponen la visión de occidental como herramienta de dominación, el criollo en permanente mestizaje es el sustrato propio de lo americano y la cristalización de su Sujeto.

En La negación del pensamiento popular (1975), Kusch afirma que la negación de la tensión propia del criollo se realiza bajo un nuevo parámetro intelectual. En el pensamiento latinoamericano, la negación como categoría constructora del sentido último de las cosas funciona en otra escala gnoseológica, es decir, cuando el pensamiento occidental niega, lo hace a partir del aniquilamiento y la fagocitación, en la medida de que lo que se niega es la existencia del ente opuesto. El pensamiento latinoamericano, por otro lado, no niega el opuesto y su existencia sino más bien niega su vigencia, su sentido último en la acción que encarna. La fórmula del “estar-siendo” como negación de la vigencia del “mero estar” y el “ser algo”, se transforma en una conceptualización vital para no recaer en el esencialismo indigenista y el eurocentrismo que nunca podrán resolver su contradicción. El sujeto americano adquiere plenitud en la medida que se reconoce en constante constitución de su esencia.

La Filosofía latinoamericana, debe encontrar axiomas comunes entre las múltiples corrientes del Pensamiento Popular, ya que el pensamiento académico minoritario no puede tornarse estratégico y liberador, pensar desde los propios parámetros no simplemente es un esfuerzo intelectual y contemplativo, es un esfuerzo político e ideológic. Kusch desde su producción filosófica y antropológica nos sumerge en un mundo impensado y desconocido porque es un “maldito entre los malditos”, semejante construcción teórica, metodológica y científica no podrá ser estratégica en la medida que no la saquemos a la luz y podamos discutirla, con sus claros y oscuros, pero de ninguna forma podemos serle indiferentes.









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