viernes, 16 de mayo de 2014

Números, relatos e intelectuales

por Hugo Presman

Una de las decisiones más erróneas y letales adoptadas por el gobierno fue la intervención de facto del INDEC y la adulteración de las estadísticas ocurridas en el 2007. No es que el INDEC anterior era un paraíso impoluto, como se lo quiere plantear ahora, pero era muchísimo menos desconfiable que la falsificación grosera de los números de los últimos 6 años. Las explicaciones soto voce que se dieron transitaban  por el camino que el maquillaje  implicaba un importante beneficio  para evitar voluminosos pagos de bonos ajustados por inflación. Pero lo que se ganaba por un lado se perdía por el otro porque eso afectaba en más el aumento del PBI  influyendo en el cálculo de la rentabilidad de los bonos ajustados por dicho incremento. Cuando el aumento superaba el 3,22%, los acreedores cobraban.  Al falsificar los índices de precios, se adulteraron las cifras del crecimiento del  PBI, de la cantidad de ciudadanos  afectados por la pobreza y la indigencia.  Las cifras con las mediciones mejoradas mediante cirugía plástica  llevaron a que la pobreza se redujera al 4,7% y la indigencia a 1,4% y en algunas provincias al absurdo de la desaparición estadística de la pobreza. Al modificarse la operatoria a partir del primer mes de este año y acercarse a la realidad, si se utiliza el mismo método hacia atrás, sincerándolas, las cifras que arrojaría producirían rectificaciones importantes. Eso es jurídicamente inconveniente porque daría lugar a una multiplicidad de juicios de aquellos tenedores de bonos que percibieron cifras menores a las actualizadas. El Centro de Estudios Económicos y Sociales Raúl Scalabrini Ortiz, favorable al gobierno, tomando las estadísticas provinciales, para el segundo semestre del 2013 reconoce una pobreza del 13,2% y una indigencia del 4%. Posiblemente las cifras reales estén varios puntos arriba que las mencionadas. Otros revolean cifras más basadas en deseos e intenciones que en realidades.

Resulta irritante que muchos de los que manifiestan su sorpresiva preocupación por la pobreza han sido propulsores y cómplices de políticas que la originaron o la acrecentaron. Como bien sostiene el escritor Mempo Giardinelli:  “Por eso fastidia tanto el penoso papel de políticos y periodistas “indignados” que jamás se ocuparon, ni se interesaron, de la pobreza, pero ahora se disfrazan de adoloridos profetas de la justicia social." Bajo la cobertura que le brinda las distorsiones estadísticas,  desde la oposición política y la ofensiva mediática que la articula, fueran minimizando y reduciendo a la nada muchos de los avances de esta década. Así, el PBI creció en forma sostenida, pero posiblemente un punto menos que lo informado; la pobreza y la indigencia se redujeron a la mitad o un poco más desde donde se partió; la desocupación se bajó a cifras impensables si tenemos memoria y recordamos  lo que se sostenía en el 2003 cuando se afirmaba, que en el mejor de los casos, se necesitarían dos o tres décadas para bajarla. Hubo recuperación industrial, notable actividad económica, un boom de consumo que atravesó las clases sociales, una baja de la relación deuda externa sobre el PBI, menor a lo anunciado, pero que sin lugar a dudas es de la más baja y con una mejora significativa en la composición y plazo de la misma. El balance es bueno, pero no extraordinario, como lo presenta el gobierno y mucho menos desastroso como lo presenta la oposición. Si el gobierno dice “La década ganada”, la oposición retruca “La década perdida”. Si el gobierno la ubica como la mejor de los últimos 200 años, periodistas militantes de grupos empresariales  la estigmatizan como “la década robada”.
  
Una década desaprovechada
Están los que pretenden ubicarse en el medio y entonces hablan de “la década desaprovechada”. El ensayista Juan José Hernández Arregui apuntaba hace muchos años a este  tipo de posicionamientos, cuando afirmó: “No es lo mismo el justo medio que mediar con lo justo”. Al gobierno de la primera década peronista se intentó minimizar en sus logros, con la afirmación que con el Banco Central repleto de oro era muy fácil gobernar, transformado ahora con el kirchnerismo en el trillado viento de cola, que significa el alto valor de las exportaciones primarias a lo largo de la mayor parte del período 2003-2014, fundamentalmente de la soja. Con relación de “la década desaprovechada”, a Perón se le imputó la promoción de la industria liviana, no habiendo afrontado o encarado  la industria pesada. Ahora se dice lo mismo haciendo el listado de lo que no se hizo o no se modificó, en función de algunas condiciones favorables. En ambos casos es cierto, pero no se puede invalidar lo que se hizo bien en función de lo que falta o no se hizo. Con esos parámetros, no hay proceso histórico que salga indemne y lo que resulta aún más grotesco es que muchos de los críticos viscerales y desequilibrados lo hacen desde su oposición a los avances concretados. Quedan muchas cosas que no se encararon, o se encararon tarde; errores de implementación e islas de corrupción; una matriz económica con pocas modificaciones sustanciales, junto con limitaciones  positivas al mercado; recuperación de la política y de la militancia; mejoría en la presencia del Estado, y recuperación por éste de empresas vitales por todos conocidas. Política latinoamericana con avances significativos en la unidad continental, a través de los gobiernos populistas surgidos en el siglo XXI; hitos históricos como el no al ALCA; la renegociación de la deuda externa que la inmensa mayoría de la población y de los políticos consideraba imposible; mejoría importante en la distribución del ingreso, y un avance notable en la incorporación de derechos individuales y en la política de derechos humanos. Suponer o afirmar que todo es un mero relato sin ninguna inserción en la realidad, sólo puede sostenerse desde el odio o el desequilibrio emocional. El economista Aldo Pignanelli, que fue Presidente del Banco Central de julio a diciembre del 2002  en el gobierno de Eduardo Duhalde se pasea por los medios dominantes, como otros, afirmando, sin ponerse colorado, que estamos peor que en el 2001 Se ha llegado al absurdo consumado por la periodista Silvia Mercado, quien para hablar del presente y demolerlo, considera que el Peronismo, el movimiento popular más longevo del Continente, es también un mero relato fabricado por Alejandro Apold. (Libro “El inventor del peronismo. Raúl Apold, el cerebro oculto que cambió la política argentina”).

El objetivo es transparente: si el Peronismo cuyos logros produjeron un clivaje en la historia argentina fue sólo una impostura y una mentira, el Kirchnerismo, cuyas transformaciones son menores, es claramente un simulacro. Pero las mentiras de este contra relato pueden ser desarticuladas a través de las fisuras de sus propios mentores. Así Carlos Pagni, un crítico visceral del gobierno, columnista estrella del diario La Nación, escribió el 31 de marzo del 2014: “…..desde 2003 los empleados privados vieron mejorados sus ingresos en un 51% por encima de la inflación.” El diario Clarín del jueves 10 de abril del 2014, página 18, bajo el título “Los directivos argentinos son los que menos ganan en dólares en la región”, afirma: “Al mismo tiempo el país tiene uno de los mejores salarios para operarios y técnicos” Eduardo Fidanza, de la consultora Poliarquía, columnista de los sábados del diario La Nación, crítico permanente del gobierno, escribió en ese diario el 19 de abril del 2014: “Es preciso recordar este hecho a la hora de evaluar un dato significativo que aportan los sondeos a 18 meses de las elecciones presidenciales. De acuerdo con la encuesta de Poliarquía, elaborada para LA NACION y publicada el domingo pasado, el 46% del electorado argentino adopta una posición relativamente conservadora de cara a las elecciones de 2015: desea que el próximo presidente cambie algunas políticas de las ejecutadas por el kirchnerismo, pero que mantenga vigentes otras. Si a eso se suma que otro 15% prefiere que se continúe con la mayoría de los lineamientos actuales, se observa que casi dos tercios de los electores se aferran a ciertos logros verificados en la pasada década.¿Cuáles son esos logros y a qué esfera pertenecen? Se trata, ante todo, de conquistas económicas: básicamente, trabajo, salario y consumo, impulsados por altos índices de crecimiento. Ese buen desempeño tiene dos puntos de comparación que operan en la memoria de los votantes: en primer lugar, contrasta dramáticamente con los valores registrados en la crisis de principio de siglo; en segundo lugar, arroja cifras muy superiores a las observadas en la segunda mitad de los 90. Datos aportados por el economista Jorge Lucangeli convalidan esta observación: el valor del salario actual, deflacionado por consultoras privadas, es 70% más alto que el vigente entre 1995 y 2000, y 90% mayor que en la crisis de 2002.Por su parte, la tasa de desempleo registra el mismo comportamiento: era de alrededor de 15% durante la segunda mitad de los 90, trepó a casi 19% durante la crisis y es hoy de apenas el 7%. Los logros económicos correlacionan claramente con la confianza del ciudadano consumidor que en 2015 elegirá presidente.”

Todos estos datos de críticos superlativos del gobierno que en un momento de sincericidio dicen lo que no puede negarse,  no alcanza a Joaquín Morales Solá que describe un escenario apocalíptico en La Nación del 23 de abril: “Una política fanática, una sociedad duramente dividida, una economía aislada y pequeña para su potencialidad, una devastada noción de la moral pública, un sentido autoritario del poder democrático. Esa es la herencia que está en juego”. Sintoniza el conductor televisivo de “Desde el llano” (extraño desconocimiento geográfico: llama llano al apoyo de las cúspides empresariales y mediáticas)  con el analista económico Ismael Bermúdez, que desde las páginas de Clarín y el programa ultra clarinista de Jorge Lanata, coincide con las posiciones petardistas del Partido Obrero. No es sorprendente: una vez más la izquierda y el poder económico se alinean del mismo lado. Claro que aquí la coincidencia está afianzada porque Bermúdez y Jorge Altamira son hermanos y bajo dos seudónimos refulge el escondido apellido Wermus.

Intelectuales opositores de ayer y hoy 
Para el ensayista y editor Alejandro Katz “el kirchnerismo es reaccionario” y eso le permite al autor del libro  “El simulacro”, ser niño mimado de todos los medios del establishment. Para el escritor y columnista de “La Nación” Jorge Fernández Díaz, “el kirchnerismo es la revolución de la lavandina, un ladriprogresismo”. Juan José Sebreli, el intelectual preferido del periodista Jorge Lanata, sostiene en su diario favorito “La Nación”: “Hoy la oligarquía es el kirchnerismo…… En el caso del kirchnerismo uno tiene que considerar que es una política autoritaria y una economía populista que nos ha llevado al empobrecimiento, la desigualdad y una corrupción como jamás se ha visto.” El historiador Luis Alberto Romero, habitual columnista de los dos principales diarios se pregunta desde Clarín del 9 de abril: “El kirchnerismo, ¿es populismo o cleptocracia?”, mientras que desde La Nación del 24 de marzo escribió bajo el título de “Derechos humanos: de la justicia a la venganza”: “En un nuevo aniversario del 24 de marzo de 1976, la democracia muestra sus promesas incumplidas cada vez que no garantiza la igualdad ante la ley y se violan garantías procesales de los acusados” refiriéndose a varios condenados por delitos de lesa humanidad. El licenciado en filosofía Ignacio Kovadloff, que trabaja para “La Nación”, la mesa de enlace agropecuaria y un conglomerado de corporaciones denominado “Foro de convergencia empresarial” con predominio de AEA, sostiene: “Difícilmente se hubiera llegado a esta convergencia empresarial sin el trasfondo económico, social y político de la Argentina actual. Pocas veces se acumularon tantos y tamaños desaciertos en una gestión de gobierno como para comprometer incluso los pocos logros alcanzados en estos últimos diez años. Vulnerado el valor de nuestra moneda; ensanchado el espectro de la pobreza; cercenada la libertad de comercio; arraigados el autoritarismo y la intolerancia al disidente; mermado el poder adquisitivo de los desposeídos; desvirtuada la credibilidad externa; errática, prepotente e inverosímil nuestra política exterior; minada la paz interior; quebrantada la educación nacional y condicionada hasta el límite del escándalo la autonomía de la Justicia, ¿qué cabe sino convocar a un esfuerzo general para reabrir el rumbo hacia la esperanza, rehabilitando el valor de la sensatez y el conocimiento?” Es el mismo que desde la vicepresidencia de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas se preocupa porque el juzgamiento de Vicente Massot, dueño del diario ultra reaccionario “La Nueva Provincia”, acusado de delitos de complicidad con la dictadura establishment militar, sea un atentado a la libertad de prensa. La presidencia de la Academia la desempeña Manuel Solanet, viceministro de la dictadura. El licenciado en filosofía Kovadloff se hace gárgaras de republicanismo en cada una de sus notas, pero convive y es asalariado de golpistas de frondosos prontuarios, sin que el pudor lo ataque.

Estos son algunos de los intelectuales opositores de hoy. El Peronismo tuvo la oposición de Ernesto Sábato que en 1956 publicó “La otra cara del peronismo”, que por vergüenza nunca volvió a reeditar. Otro intelectual y crítico furibundo fue Ezequiel Martínez Estrada, autor de “Radiografía de La Pampa” y “La cabeza de Goliath”. Caído el peronismo publicó “¿Qué es esto?” donde  puede leerse: “El peronismo es una orgía de sobremesa…Evita era una sublimación de lo torpe, ruin, abyecto, vengativo, ofídico… tenía no sólo la desvergüenza de la mujer pública en la cama, sino la intrepidez de la mujer pública en el escenario…En la relación, ella era el hombre y él, la mujer…. Perón abrió la puerta que daba al patio del corral y los hizo entrar. Después de saludarlos y palmeándolos en el hombro, los sentó a la mesa, de la que ocupaban él y la señora de la casa, las cabeceras. Quedamos espantados, porque no era para menos. Jamás habíamos presenciado una invasión de parientes pobres y sucios en la sala del comedor…..” Este tipo de relatos recogido, atravesando décadas, por el psicoanalista César Merea, quién en Clarín del 24 de abril del 2014, bajo el título “El populismo, o como mantener la ignorancia” sostiene que Ernesto Laclau “promovió, como un pase de magia…presentar un producto de derecha como una forma de progresismo de izquierda… El populismo crea “seguidores”, sumisos y acríticos…sancionando el carácter infantil de la masa… Para los líderes populistas, (“ los padres de la horda”) la ignorancia y la dependencia de los pueblos es necesaria para sostenerse en el poder…”

Números, relatos e intelectuales 
El gobierno mintió con las estadísticas, la realidad se filtró importunadamente y asomó con su rostro menos favorable llevándolo a un laberinto del cual sólo puede salir con un costo político tan enorme como previsible. La oposición salvaje coordinada por medios periodísticos que sólo son la expresión de intereses económicos concentrados, les perturba los aciertos y golpea sobre déficit y errores, recurriendo a prácticas deleznables, donde la mentira es la principal protagonista. Más allá de sus aciertos y errores, el Kirchnerismo es lo más cercano al Peronismo histórico con las diferencias de época, con menos transformación de la matriz económica, pero con una ampliación de derechos muy significativa. El periodismo favorable al gobierno suele omitir o considerar superficialmente los flancos desfavorables del oficialismo. Intelectuales que apoyan al gobierno suelen actuar como justificadores de sus acciones, omitiendo su aporte fundamental que es el pensamiento crítico y el ser generador de iniciativas. Los intelectuales de la oposición enarbolan mayoritariamente una superficialidad lamentable; un pensamiento manifiestamente rústico; una crispación cercana al odio que obnubila sus interpretaciones. Están lejos de la afirmación del filósofo Baruj Spinoza: “En política no hay que reír ni llorar, sólo comprender”. Parece que el escritor italiano Cesare Pavese hubiera pensado en ellos cuando escribió hace muchas décadas: “Hay momentos en la historia que los que saben escribir no tienen nada que decir y los que tienen algo que decir no saben escribir.”